CARTA
AL PRESIDENTE HIPÓLITO
YRIGOYEN, DE LA ARGENTINA
(20 de marzo de 1929)
Me cabe la honra de poner en su conocimiento, en nombre del Ejército
Defensor de la Soberanía Nacional y en el mío propio,
que nuestro Ejército tendrá el honor de proponer a los
gobiernos latinos de América y a los Estados Unidos la celebración
de una conferencia en Buenos Aires entre los representantes de toda
América y yo como representante del Ejército Autonomista.
Con este propósito, me dirijo con esta misma fecha a los gobiernos
de México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Costa Rica, Panamá,
Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Brasil, Bolivia, Paraguay,
Uruguay, Chile, Cuba, República Dominicana, Puerto Rico y los
Estados Unidos. Nicaragua irá representada, como dije, por mí
y por separado irán los representantes del que reconocen como
gobierno de nuestra república los gobiernos de América,
en el caso de que acepte la invitación.
Esa conferencia tendrá como objeto la exposición del proyecto
original de nuestro Ejército, que si se ve realizado afianzará
la soberanía y la independencia indohispana y la amistad de nuestra
América racial con los Estados Unidos sobre bases de equidad.
Planeamos un proyecto sobre el derecho que tienen a externar su opinión
los pueblos indohispanos, sobre la libertad y la independencia de nuestras
repúblicas, hoy intervenidas casi todas ellas, unas militarmente
y otras desde el punto de vista económico, por los Estados Unidos
de Norte América, y así como sobre los bellos privilegios
naturales con que Dios ha dado a estos países y que vienen siendo
la causa para el dominio que se ejerce o se pretende ejercer.
Dicho proyecto expondrá también lo relativo a la construcción
del canal interoceánico de Nicaragua. En el destino de nuestros
pueblos está dicho que la humilde y ultrajada Nicaragua será
la autorizada para llamarnos a la unificación con un abrazo fraternal.
Ella ha sido la sacrificada y gustosa dejará romper sus entrañas
si con ello se consigue la libertad y la independencia absolutas de
nuestros pueblos latinos de la América continental y antillana.
El proyecto está concebido en una forma tal que Nicaragua no
venderá su derecho sobre el canal que se trata de abrir en su
territorio. El canal de Nicaragua debe ser abierto por reclamarlo así
la civilización actual; pero esa apertura no puede resolverla
sólo Nicaragua con los Estados Unidos, porque una obra de tal
naturaleza es de alta trascendencia para los habitantes de todo el globo
terrestre. Para efectuarse tal obra necesita ser consultada toda nuestra
América latina continental y antillana, ya que nuestra América
racial progresa cada día en las industrias y en el comercio.
No podemos negar a noventa millones de latinoamericanos el derecho de
opinión que les asiste en lo relativo a las condiciones en que
debe ser construido el canal de Nicaragua. Ya se cometió un primer
error con nuestra América indo-hispana al no haberla consultado
para la apertura del canal de Panamá; pero todavía podemos
evitar un error más con el canal de Nicaragua.
En la conferencia a que invitamos a todos los gobiernos de América
se tratará si conviene o no que solamente con capital norteamericano
sea abierto el canal de Nicaragua. En el caso de que en la conferencia
se apruebe conceder ese privilegio a los Estados Unidos, éstos
deberán a cambio de ese privilegio firmar el compromiso solemne
ante los representantes de las veintiuna repúblicas americanas
de que cesará toda intervención norteamericana en nuestras
repúblicas, comprometiéndose igualmente los Estados Unidos
a no fomentar revoluciones contra los gobiernos de la América
Latina, que no quieran convertirse en sirvientes en manos de los Estados
Unidos de Norte América.
Con compromisos de tal naturaleza, evitaremos el contagio del servilismo
en nuestros gobiernos y quedaremos independientes. Si nosotros permitiéramos
que los Estados Unidos de Norte América abrieran nuestro canal
de Nicaragua, sin ningún compromiso de parte de ellos de respetar
la soberanía y la independencia de nuestros pueblos, haríamos
un mal aun a los mismos Estados Unidos. Con el canal de Nicaragua ellos
se sentirán más fuertes que el mismo Dios y desafiarían
a todo el mundo, lo que traería como consecuencia la destrucción
de la gran nación de la América del Norte.
Señor presidente: me será honroso que su gobierno se sirva
aceptar la invitación que hoy le hace nuestro Ejército,
de nombrar sus representantes a la conferencia que proponemos y a la
vez honre con su contestación en cuanto a lo que resuelva sobre
la verificación de la reunión en esa ciudad capital, comunicándolo
por cable a su representante en Honduras, para que él lo comunique
al correo especial de nuestro Ejército, que irá oportunamente
a informarse de lo que su gobierno haya resuelto. Si tuviéramos
el honor de que su gobierno asistiera a dicha conferencia,, así
como que sea celebrada en esa república hermana, nuestro Ejército
le ruega aceptar al mismo tiempo su delegación para que se designe
fijar a los gobiernos de América la fecha en que se verificará
la reunión, participándolo también a sus representantes
en Honduras, de manera que en la fecha fijada por usted yo llegaré
a esa ciudad capital.
A mi llegada a Tegucigalpa tendré el honor de ponerme bajo la
bandera argentina y bajo su garantía continuaré hasta
que se verifique la conferencia. Una vez presentado el proyecto de nuestro
Ejército, saldré de esa república hermana acompañado
solamente de mis ayudantes, para dirigirme, si fuera todavía
necesario, al mismo campo de lucha en que hoy me encuentro. Me es honroso
suscribirme de usted y del pueblo argentino, su afectísimo y
seguro servidor,
Patria y Libertad
Augusto C. Sandino.
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