SANDINO ANTE EL COLOSO:
Reportaje con Emigdio Maraboto.
(Veracruz, Méx. Agosto de 1929)


EN PLENA LUCHA LAS BATALLAS MAS IMPORTANTES
ENTRE INVASORES Y PATRIOTAS


De mayo a julio, Sandino, en las Segovias, en plena serranía, se entregó a la tarea de reclutar gente para continuar la lucha que se había iniciado francamente ya, porque el invasor había declarado que procedería a desarmar a todos los nicaragüenses en su patria. De toda la América hispana, a excepción de El Perú, acudieron jóvenes y viejos, más los primeros, a formar en el ejército de la libertad.
En esa operación se hallaba, cuando el capitán Hatfield, del Ejército norteamericano, que estaba de guarnición en Ocotal, le notificó a Sandino que en un plazo de 48 horas, que comenzaba a contarse desde el día 14 de julio, debería hacer entrega de todas sus armas y pertrechos, porque de lo contrario, sería batido.
Lo ocurrido después, lo cuenta Sandino y copiamos textualmente el relato que al que esto escribe, hizo el guerrillero durante su estancia en Veracruz.

"SESENTA CONTRA SEISCIENTOS Y GANAN LOS PRIMEROS"

"Dos días antes recibí una comunicación del capitán Hatfield, que estaba en Ocotal, en que me daba un plazo de 48 horas para ir a rendirme y entregar las armas.
"-Está bien, iremos a entregar las armas; pero han de quitárnoslas muertos. Y los sesenta hombres de su ejército se alistaron para ser puntuales a la cita que les daba Hatfield. Pero antes, y para demostrar que el invasor era incapaz de dar garantías, Sandino hizo convocar a los campesinos de los poblados vecinos, a quienes invitó a saquear Ocotal. Proposición recibida con entusiasmo; y el día 16 ochocientos hombres estaban listos para el asalto de Ocotal. Allí había cuatrocientos piratas (así llama Sandino a los yankees), y doscientos renegados (los nicaragüenses que sirven a los norteamericanos).
Ante aquel número, dice Sandino, si bien sólo éramos sesenta los combatientes, el enemigo se replegó. Y nosotros avanzamos. Quince horas combatimos. Llevamos ocho ametralladoras que sembraron la muerte en las filas enemigas. Tomamos Ocotal, lo destrozamos. Los campesinos saquearon y desvastaron. Los enemigos acabaron por refugiarse en una manzana de la ciudad y allí les tuvimos copados. Ocupamos las alturas y les dominamos. Hubiéramos pegado fuego a toda la ciudad así como dinamitamos los cuarteles y casas de los conservadores en Ocotal; pero había mucha gente inocente que hubiera sufrido las consecuencias. Entonces nos retiramos, pero llevábamos botín de guerra y la soberbia del triunfo.

"LA PRIMERA DERROTO DE LOS SANDINISTAS"

"Fue en San Fernando, once días después, cuando nos alcanzó un escuadrón enemigo. Por poco me matan. Hubimos de huir en desbandada. Entonces los campesinos que habían entrado a Ocotal, fueron hostilizados y, para salvarse, una vez que les arrasaron sus bienes, acudieron a engrosar nuestras filas. Tres meses después, éramos ochocientos hombres".
"Siguió la lucha enconada y hubo alternativas. Vencimos y nos vencieron; pero al enemigo le hacía falta conocer nuestra táctica. Además, nuestro espionaje es superior. Así fuimos adquiriendo armas y parque norteamericano, porque les capturábamos gente y botín. Lástima que sean tan grandes los piratas, porque sus uniformes no les sirven a nuestra gente, comenta el general".

"LA VICTORIA MAS GRANDE DE LOS YANKEES
Y LA TOMA DE TELPANECA POR LOS LIBERTADORES"


Después del combate de San Fernando, que dejamos copiado tal como lo relató el guerrillero a "El Dictamen", y en que los invasores le infligieron la primera derrota, siguió el combate de Las Flores, en el que los sandinistas fueron derrotados porque hubieron de abandonar sus posiciones y perdieron más de sesenta hombres, que es el número más grande de víctimas que en todo el período de lucha registra el ejército libertador como habidos en una sola acción.
Las Flores es una posición que rodea los caminos que conducen al Chipote, en donde se hallaba el cuartel general de Sandino y a cuyo lugar se había reconcentrado con bastante elementos en un período de calma que siguió a la escaramuza de San Fernando.
Los yankees combatieron entonces a su manera. Atacaron con táctica y la escuela militar se impuso sobre la táctica primitiva de los sandinistas. Estos pretendieron defender la posición atrincherándose y el invasor les atacó por los flancos. Pero, además, los aviadores hicieron una parte muy principal y los defensores de Las Flores se retiraron en desorden, perdiendo más de sesenta hombres entre muertos y heridos.
Pero Sandino es un hombre que no desmaya, y tomó la revancha. Sandino, además, tiene intuición militar y a falta de preparación técnica, es un soldado por naturaleza. Comprendió que la táctica americana era superior a la suya mientras aceptase el combate, pero que si fuese él quien ofreciera el ataque, alcanzaría más éxito. Y entonces, avisado por su magnífico servicio de espionaje integrado por individuos que militan bajo las órdenes de los renegados nicaragüenses, se enteró que el invasor distribuía su gente en dirección al Chipote. Las sierras y caminos estaban ocupados militarmente. La poderosa máquina de guerra del imperialismo avanzaba sobre el Chipote. En ese entonces la fuerza americana que había en Nicaragua era de cuarenta mil marinos.
Pues bien, Sandino entonces dio la batalla en la ciudad. Mientras los soldados del tío Sam iban en su busca, Sandino con sus hombres les retaguardió y el 19 de septiembre, diez días más tarde de la derrota en Las Flores, atacó durante la noche la ciudad de Telpaneca, que tiene doce mil habitantes. El ataque tuvo el más franco éxito, porque los libertadores ocuparon la ciudad con excepción de la línea atrincherada de los americanos. Estos tenían una serie de trincheras rodeadas de alambres de púas y además una extensa red de zanjas comunicadas entre sí, que les permitían circular por gran parte de la ciudad sin exponerse al peligro.
Pero Sandino pudo colocar su gente por lugares poco atrincherados y ocupó la ciudad tomando las alturas, en donde emplazó sus ametralladoras y barrió a cuanto gringo asomó la cabeza sobre las zanjas, de manera que mientras los invasores permanecían a cubierto en las zanjas, el populacho incitado por Sandino, se entregaba al saqueo.
Toda la noche duró esta situación, hasta el día siguiente en la mañana, que los aviadores comenzaron a situar sus bombas sobre las alturas ocupadas por Sandino y los suyos, que se retiraron por los bosques, ordenadamente.
Después de otro período de escaramuzas y combates ligeros, la lucha en los campos de Nicaragua ofreció la gigantesca epopeya del Chipote y las batallas de las Cruces. El relato de estas luchas está vivo en las narraciones que hizo el general Sandino, al autor, y que también ofrecemos textualmente a continuación.

"LAS BATALLAS DE LAS CRUCES"

"Llegó el mes de noviembre de 1927. Los sandinistas estaban en El Chipote. Fuertes núcleos de yankees y renegados fueron destacados para combatirles, pero Sandino puso emboscadas, avisado oportunamente del avance norteamericano. Y en un lugar en que convergen varios caminos que conducen al Chipote, llamado Las Cruces, dio el primer combate de una serie de cinco librados en esa región, de noviembre a enero. Así nos lo cuenta: Nos emboscamos y atrincheramos en lugares convenientes y allí colocamos nuestras ametralladoras. Llegó el enemigo y abrimos el fuego. Fue una carnicería espantosa. Los piratas caían como hojas de árboles. Y nosotros, bien protegidos, invisibles, apenas si teníamos alguna baja. Y luego del primer encuentro, les tendimos emboscadas a las columnas que iban a reforzarlos. En "Trincheras", lugar así llamado por los españoles cuando la conquista, en Varillal, donde se peleó cruelmente; en Plan Grande; tres veces más en las Cruces, en donde duró el último combate cuatro días hasta que nos reconcentramos a El Chipote. Seiscientos hombres perdió el enemigo. Nosotros apenas unos treinta. Allí capturamos, peleando, una bandera norteamericana. Es la que trae consigo Sandino para obsequiarla a sus amigos de México. También allí murió el capitán Livingston, jefe de la columna de ataque, a quien se quitaron órdenes del día, documentos y mapas. El jefe pirata fue muerto de un balazo de pistola por el mayor Fernando Maradiaga.
"En las Cruces murió también el capitán pirata Bruce. Este joven oficial del ejército norteamericano, el 25 de diciembre envió un cable a su madre a Estados Unidos, anunciándole la proximidad del fin de la campaña, porque creía que para el primero de enero estaría concluida la vida de Sandino. El primero de enero de 1928 le habremos cortado la cabeza al bandido Sandino, decía el mensaje. Bien, refiere sencillamente Sandino, justamente el primero de enero de 1928, Bruce tenía la cabeza sumida en el estómago, muerto en combate en las Cruces. Sus binóculos de campaña, yo los uso. Y Sandino nos los muestra. Son magníficos, reglamentarios del ejército norteamericano, con su estuche, con una pequeña brújula. Y nos muestra luego la bandera de las barras y las estrellas arrugada, enlodada, despedazada por las balas. Y nos enseña documentos del ejército norteamericano: órdenes del día, "santo y seña", claves, planos, programas de marcha y ataque capturados a los jefes muertos en esos combates.

"DIEZ Y SEIS DÍAS DE SITIO EN EL CHIPOTE"

" Después de estas batallas, las más cruentas de las que se han librado en la lucha en Nicaragua, nos concentramos a El Chipote, que era el objetivo de los piratas. Pero la posición era difícil. Nos fueron cercando para evitar que nos aprovisionáramos. Y el cerco se estrechaba cada vez más. No nos faltaban armas ni parque, porque en los últimos encuentros habíamos quitado al enemigo enormes cantidades de cartuchos y de armas espléndidas, nuevas y flamantes.
"Durante diez y seis días que estuvimos sitiados, diariamente tuvimos la visita de las escuadrillas aéreas de los piratas. A las seis de la mañana aparecía la primera escuadrilla de cuatro aparatos que se dedicaban a bombardear. Por supuesto, nosotros les dábamos también y muchos pájaros fueron heridos de muerte. Después de cuatro horas de bombardeo, nueva escuadrilla sustituía a la primera y continuaba el fuego; hasta que, pasadas cuatro horas, volvía otra. Y así sucesivamente, sin parar, hasta que llegaba la noche.
Pocos daños personales nos hacía el bombardeo, porque estábamos bien protegidos, pero perdimos como doscientas cabezas de ganado de la caballada de nuestro ejército y ganado vacuno para alimentarnos. La situación iba siendo grave porque la mortandad de animales había hecho la estancia allí insoportable por la descomposición de los cadáveres. Los zopilotes tupieron el espacio por varios días y si bien nos hicieron un servicio porque llegaban a impedir la vista a los aviadores, que muchas veces confundíamos con los zopilotes, nuestra vida iba haciéndose más difícil por esas circunstancias, y resolvimos retirarnos.

"UNA ESTRATAGEMA GENIAL"

"Comenzamos a construir peleles de zacate, que vestimos con sombreros de los que usábamos nosotros y con ellos cubrimos los lugares más visibles de El Chipote. Entre tanto, en la noche salimos del lugar. Dos días más estuvieron los aviadores bombardeando aquel poblado, que ya había sido arrasado y en que nadie quedaba, hasta que se dieron cuenta de que no había enemigo. Cuando llegaron y trataron de perseguirnos, ya íbamos lejos".
"Les faltaba mucho que aprender de nuestros sistemas".
"Y la lucha ha seguido, ruda, cada vez más intensa, pero el dinero norteamericano compra y se interpone entre nosotros y el mundo exterior; y se ha hecho el silencio sobre nuestra lucha. Por eso es que desde que Turcios renunció, poco se ha dicho de lo que pasa en Nicaragua. Y allí seguiremos hasta que tengamos la libertad o caigamos en la lucha".

EL SAQUEO EN LA MINA LA LUZ

Al evacuar El Chipote, Sandino se dirigió al Departamento de Jinotega y San Rafael del Norte y la persecución de los yankees se hizo más enconada. Hubo momentos en que el guerrillero se vio envuelto en peligros pavorosos. Pero con esa intuición que le ha guiado siempre, halló en todo tiempo la salvación a esos peligros. Fueron de dos clases, el del enemigo y la traición entre algún ambicioso.
Era una madrugada que llegó Sandino a una choza en un claro del bosque que le servía de abrigo. Iba rendido de la fatiga de una jornada de la noche y vestía un traje blanco de montar. Apenas había entrado a la casa a descansar, cuando los aviadores americanos iniciaron un raid bombardeando el lugar. Cubierto con una capa negra Sandino se ocultó entre los matorrales vecinos y allí permanecía esquivando el ataque mientras por otros lados sus soldados ametrallaban los aviones, cuando apercibió muy cerca de él al general José Santos Sequeira, Jefe de su Estado Mayor, que pistola en mano le apuntaba. Sandino, malicioso, empuñó rápido su revólver y exigió a Sequeira que se colocara en otro lugar. Repitió la orden y pistola en mano hizo cumplirla. Más tarde, Sequeira quedó convicto de traición, abandonó las filas desertándose, y fue capturado y ejecutado para ejemplo de los demás, algunas semanas después.
Pero entre tanto, Sandino había sido localizado y pronto se vio rodeado de enemigos por todos lados, verdaderamente envuelto. La cargada era enorme. No menos de diez mil hombres perseguían como cazadores a Sandino, en un círculo que cada vez se estrechaba más.
Entre vericuetos y senderos ignorados, pudo al fin salir para caer en otro círculo más amplio de yankees que estaban muy decididos a llevarse la cabeza del "bandido". Ante tal situación, Sandino hubo de marchar al pueblo más cercano. Fue una táctica salvadora, porque mientras el enemigo le buscaba en la sierra, él y su gente lograron abrirse paso y reconcentrarse en el mineral de La Luz.
Esa mina es de americanos, pertenece una parte de ella al ex-Secretario de Estado Knox. Sandino llegó allí y ordenó el saqueo general. La Mina fue totalmente destruida y volada con dinamita y el poblado saqueado. Sandino expidió recibos por todo lo que allí se destruyó y saqueó, principalmente unas bien surtidas tiendas de chinos, que se ocuparon de saquearse a sí mismos para perder lo menos. Pero el saqueo no fue, como no ha sido nunca, hecho por los soldados, sino por el pueblo.
Por cincuenta mil dólares fueron los recibos que a cargo del Tesoro de los Estados Unidos expidió Sandino en el Mineral de la Luz. Sin contar con las pérdidas al mineral, pero Sandino trata de demostrar que los yankees no son capaces de dar garantías en Nicaragua y en cuanto a la cuenta le tiene sin cuidado. Los yankees nos cobran varios millones, está bien, dice el guerrillero, ellos nos deben a nosotros por su estancia en la patria, por las vidas que ha costado su invasión y otros perjuicios, un billón. De allí descontaremos a la hora de hacer cuentas.

EL SAPITO Y LA ESTAQUITA

Sandino relata una anécdota que, se atribuye al general Juan Vicente Gómez, dictador de Venezuela. "Un su compadre, enemigo suyo, fue a verle a Palacio aun cuando se hallaba advertido de no hacerlo. Juan Vicente, después de charlar con su compadre, le contó el siguiente cuento. "Oiga, compadre, aquí está una estaquita y aquí un sapito. Si el sapito salta sobre la estaquita y se clava en ella, quien tiene la culpa?
-El sapito, compadre, respondió el visitante. A la salida de Palacio fue aprehendido y encarcelado por varios años. Juan Vicente era la estaca y el compadre el sapito, que tuvo la osadía de brincar y se clavó.
Pues bien, en Nicaragua el sapito son los yankees, nosotros la estaquita. Ellos se están clavando más y más cada día. La culpa es de ellos.
Sandino mantiene en su ejército la más completa disciplina. Un coronel, muy estimado suyo, Antonio Galeano, valiente y leal, fue encomendado para hacerse cargo de la Jefatura de una Plaza. Cometió algunos abusos, porque se embriagó y violó a una doncella. Fue ejecutado sumariamente. Nosotros respetamos las mujeres y todas las propiedades, dice Sandino. Los ladrones son los yankees.
A mediados de febrero de 1928 en Managua, el obispo de ese lugar bendijo las armas de los yankees que salían en batallón flamantísimo a combatir y acabar con el bandido Sandino. El. primer acto de aquellos piratas armados y benditos, al salir de Managua, fue saquear la iglesia del pueblo de Yalí de donde se llevaron objetos valiosos y un incensario de oro. Siguieron su marcha hasta llegar al Bramadero. Allí cayeron más de 800 piratas. Sandino relata el episodio así:
"Fue el 27 de febrero. Ya nosotros conocíamos la táctica yankee. Le dimos por su juego. Emplazamos gran cantidad de ametralladoras en lugares estratégicos y esperamos. La brigada completa se colocó en el sitio deseado. En un momento dado, relata el guerrillero con fulgor extraordinario en sus ojos, nuestras máquinas de guerra trepidaron y funcionaron admirablemente hasta fundirse al calor. Los yankees, ¡pobrecitos!, caían como chapulines. Fue la matanza más grande que he visto en mi vida. Desesperados, disparaban al azar, locos, trepaban a los árboles para caer perforados por los balines de las ametralladoras; se lanzaban al ataque de donde partían los fuegos y no lograban llegar. Iban a pecho descubierto y ofrecían un blanco admirable a nuestras balas. Sus benditas armas no les sirvieron para nada. Huyeron en dispersión. El triunfo de nosotros fue enorme. El campo, un cañaveral inmenso, resecado por los vientos de invierno, cobijaba cientos de heridos y muertos. Por los cuatro costados se prendió fuego a las hojas secas. Era preciso acabar con aquella alimaña. Las llamas se alzaron pronto avivadas por el aire. El olor a carne quemada se esparció en el espacio." La libertad prendía la antorcha humana que alumbrará al mundo.

HUMANIZANDO LA GUERRA

Pero Sandino fue generoso. Era crueldad inaudita quemar vivos a los heridos imposibilitados de moverse. Cierto que eran los violadores de las mujeres nicaragüenses, los invasores, los ladrones de objetos sagrados en los templos, pero eran hombres. Son mis hermanos, dijo el guerrillero. Y el héroe agigantó su talla. Mandó apagar los fuegos en el cañaveral y recoger los heridos.
Antes de retirarse del "Bramadero", Sandino recogió un botín de guerra magnífico: cinco rifles automáticos, una ametralladora Lewis y una Colt, gran número de pistolas Thompson y cartuchos en cantidad enorme. Además recogió el incensario de oro robado en la iglesia de Yalí, que fue entregado a los vecinos más caracterizados de Bramadero, para ser devuelto a su lugar de origen.
Todo el año 1928 se ha combatido en Nicaragua. Todavía en abril de este año la lucha seguía encarnizada. Sandino ha tenido que salir de Nicaragua por razones que más adelante se dan a conocer, pero continúa en pie el general Francisco Estrada. No es exacto que el general Manuel María Girón haya sido el jefe. Este general fue capturado y muerto cuando todavía Sandino se hallaba en Nicaragua.
La lucha ha sido intensísima, pero ahora los americanos conocen la táctica de Sandino y éste la de sus enemigos. Por eso los combates son más raros. Ocurre el mismo fenómeno que durante la guerra Europea, cuando a los períodos de intensa lucha iniciales siguió la lucha sorda, como pudiéramos llamar a la lucha de trincheras. Pocos hechos notables han ocurrido de entonces a esta parte.

EL PANTEÓN DE LOS AVIADORES

Sandino pierde (?) a sus prisioneros. Es una necesidad de la guerra. Por otra parte hace lo mismo que harían con él si cayese prisionero. Pero a los aviadores que han caído bajo las balas de los libertadores les tiene un panteón especial y en cajitas de hojalata y madera conserva sus restos mortales, para entregarlos alguna vez a sus familiares. Igual hace con los restos de los jefes de alta graduación que han sido muertos. Las cajas tienen un rótulo con el nombre del muerto a que pertenecen. Siempre se les identifica por los papeles que llevan en las bolsas.
Cuando llegue el momento, contaba Sandino al que esto escribe, yo entregaré a los familiares de los americanos muertos en Nicaragua los restos de sus deudos. Yo sé que en Estados Unidos se cuidan mucho de conservar los restos de sus muertos.
Tengo allí, entre otros, los restos de un sargento de aviación hijo de un lechero de Brooklyn, que al morir su hijo dirigió una carta abierta a Coolidge, en términos muy enérgicos. Ese padre perdió otro hijo en la guerra Europea, ahora a éste en Nicaragua; pero mientras da por bien muerto al primero, no se consuela de haber perdido al segundo, luchando por la causa de los banqueros. A ese padre le devolveré los restos de su hijo, declara Sandino con absoluta sinceridad.