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| ENTREVISTA EL
DICTAMEN, VERACRUZ, MÉXICO (Octubre (?) de 1929) El éxito de nuestro ejército consiste en nuestro servicio de espionaje, espléndido, que tenemos. El enemigo no realiza una maniobra sin que nosotros no la conozcamos inmediatamente. De ahí esas emboscadas, en las que los yankees han perdido tantos hombres, aparte de los que hayan muerto por las enfermedades de ese clima, y porque nuestras balas y machetes les han costado diez mil hombres. Froylán Turcios no ha dispuesto de un solo centavo correspondiente al Ejército de Nicaragua. Es cierto que nos habíamos distanciado, y que ya no tiene nuestra representación en América, pero de su honradez no podemos hablar nada y le seguimos estimando. A Froylán le admiraba ya, por sus artículos periodísticos. Cuando, en el período más intenso de nuestra lucha necesitábamos una comunicación con los pueblos de América, entonces vimos un artículo de Froylán, por el que nos dimos cuenta de que simpatizaba con nuestra causa; de allí resultó nuestro Representante. El distanciamiento más bien fue buscado por él. El pretexto fue que nosotros buscábamos UNA PERSONA PARA LA LUCHA PRESIDENCIAL POR EL PARTIDO LIBERAL. El Dr. Pedro José Zepeda, que se encuentra en esta capital (México) debió haber recibido una documentación que le enviamos por medio de Domingo Mairena Hernández; pero éste se embriagó en Honduras y vendió esos documentos. Ahora es Oficial Mayor de Gobernación en Managua (Nic.) Froylán Turcios tenía copia de esos documentos, y aprovechó la oportunidad para dirigirse a nosotros proponiéndonos que depusiéramos nuestra actitud. Luego vino un pliego de proposiciones que debía presentamos Adolfo Díaz. Froylán se adhirió a él, y proponía que depusiéramos las armas en Costa Rica, y que reconociendo la Jefatura, éste nos amnistiara. Proposiciones indecorosas, porque Moncada es un bandido y no podemos reconocerlo, y mello" amnistiarnos con él. De allí vino un resfrío, y Froylán que sabía la importancia que tenía para servirnos como mediador entre la América y el Ejército, nos pidió que le dijéramos cómo aceptaríamos su renuncia, y se la aceptamos. Nos hacían falta, no armas, ni dinero, ni cartuchos, sino el apoyo moral, la simpatía que hemos tenido siempre de todos los pueblos de América. Nos agobiaba el silencio, el aislamiento. LA DESESPERACIÓN DE PERMANECER IGNORADOS. Nos hacía falta que el mundo conociera que aún estábamos en la lucha; por eso salí de Nicaragua. La renuncia de Froylán Turcios provocó ese aislamiento. Tenemos agentes, pero desgraciadamente muchos de ellos han sido egoístas, y otros, francamente, traidores; algunos sólo inactivos. Cuando Turcios era nuestro representante en Honduras, estábamos en comunicación con el mundo. Es decir, el mundo sabía de nosotros. Estábamos en contacto con nuestros hermanos de América. Pero faltó Turcios y quedamos aislados. La lucha ha seguido en Nicaragua, tan intensa como antes, pero el dinero norteamericano nos ha hecho el silencio. Algunos de nuestros agentes reciben notas e informes de nosotros, para darlos a conocer, y egoístamente los guardan, los conservan inéditos, para aprovecharlos posteriormente, haciendo libros, utilizando la nobleza y simpatía de nuestra causa en provecho personal. Cuando faltó Turcios, pensamos en Machado como nuestro Representante en México, en donde tenemos cifradas nuestras mayores esperanzas, y le propusimos nuestra representación. Ni siquiera nos ha contestado aceptándonos. Tenía el encargo de hacer un folleto para dar a conocer algo que hacemos en Nicaragua, y me pidió un recibo por mil dólares para pagarlo; luego de nueve meses nos informó que no tenía el dinero y que el recibo había sido pedido para solicitar el dinero. Total: el folleto no se hizo. Nuestra causa ha ido debilitándose en el exterior por la falta de esa comunicación, por la falta de ese intercambio espiritual que nos anima en la lucha. El dinero norteamericano, por otra parte, compra gentes e interpone influencias para restringir nuestras noticias en el exterior; y ese aislamiento nos aniquila. Ahora ya he encontrado el Representante General. Es el Dr. Pedro José Zepeda. En él tengo la más absoluta confianza y él hará la obra que necesitamos. Entonces, tranquilo por lo que a esto respecta, volveremos a la lucha. Por supuesto que la lucha no ha cesado. Yo estoy en la brecha aun fuera de Nicaragua. En todo momento estoy expuesto, y al salir de Nicaragua lo hice en una corona de ametralladoras en número de 24; y aquí como en cualquier lugar puede alcanzarme la mano de nuestros enemigos. Este viaje mío y de mis ayudantes lo pago yo con mi propio dinero. Yo he invertido dinero en Nicaragua, en la lucha que seguimos y ESTE VIAJE ES PAGADO CON EL FRUTO DE MIS ECONOMÍAS. Esta lucha está completamente desligada con todo interés económico, y por el dinero se siente el más profundo desprecio en los campamentos de nuestro Ejército. |