A GUSTAVO ALEMÁN BOLAÑOS
(8 de octubre de 1929)
Mérida, Yucatán

Con motivo de la llegada a Mérida, anteayer, del aguilucho de la Casa Blanca, Lindbergh, consideramos oportuno publicar en la prensa local la dedicatoria a usted de la máquina de escribir que me acompañó en la primera campaña.
Téngase presente que cuando la captura de esa máquina, se efectuaba la pantomima panamericanista de La Habana, y poco antes fue el llamado viaje de "buena voluntad". Y hermosa cuanto oportuna coincidencia: el mismo día que aterrizó Lindbergh en Managua, los aviones blindados de Norteamérica volaban día y noche desesperadamente, llevando piratas muertos y heridos de Quilalí a Managua. El mismo "enviado de buena voluntad" es testigo de mi afirmación, pues él, Lindbergh, ayudó a bajar de los aviones aquellos muertos y heridos. Por eso seguramente el aviador no mencionó a Nicaragua en los relatos de su gira. Muy bien.


A GUSTAVO ALEMÁN BOLAÑOS
(19 de octubre de 1929)
Mérida, Yucatán

Nada hay de cierto en lo de que se me trata como prisionero. Esas son versiones que hacen correr los yanquis y quienes les ayudan en la tarea. Tengo libertad de acción en todo sentido, y puede usted estar seguro de que no habrá ninguna dificultad para nuestra salida cuando el momento se presente. Estoy en comunicación segura con muchos de nuestros conciudadanos en Las Segovias, en el Río Coco, etc. Leí los duplicados de las cartas a que se refiere; las considero importantísimas. Me dirigiré a quienes usted me indica, a efectos de que nuestro contacto con ellos evite la dispersión de energías.


A GUSTAVO ALEMÁN BOLAÑOS
(28 de octubre de 1929)
Mérida, Yucatán

Al decirme usted que lo que falta es solamente acción y que entiende que ya tengo tomadas todas mis medidas, está usted en lo cierto, y aprovecho esa oportunidad para manifestarle que en estos mismos momentos damos los primeros pasos en nuestra nueva acción, siendo principio de ella el viaje que haré a México, por lo que, cuando se entere de que dejo Mérida para dirigirme a la capital, dé por un hecho que nuestra acción principia a desarrollarse. Me anticipo a declararle lo anterior, a fin de que esté usted prevenido de las versiones y tergiversaciones que de mi viaje pueda hacer la prensa. Como es natural, lo único que no puedo precisar es la fecha ni el lugar por donde regresaré a Nicaragua. He leído la entrevista que dio el señor Turcios, quien parece que trata de ocultar su error; pero publicando la correspondencia cruzada con él, le obligaré a que confiese la verdad. Lejos de haber sido el señor Turcios nuestro director intelectual y doctrinario, más bien, con fecha 10 de julio de 1928, en forma amistosa le llamamos la atención con motivo del avisito permanente que publicaba en su revista Ariel, poniéndose en papel de terruñista, muy lamentable por cierto, en la disputa de límites entre Honduras y Guatemala. Por cierto Turcios retiró inmediatamente el malhadado avisito. Respecto al encanallecido Robleto, recibirá una formal vapuleada en un trabajo que voy a publicar. Es Hernán Robleto el único nicaragüense que cobró sueldo en la guerra constitucionalista que encabezaba Sacasa el tonto y el traidor Moncada. Obran en mi poder documentos comprobatorios de que en realidad no se trata sino de un vividor y un abyecto.
(GAB, p. 87.)

A GUSTAVO ALEMÁN BOLAÑOS
(Octubre (?) de 1929)
Mérida, Yucatán

Mando por este mismo correo a doña Leonor v. de Girón Ruano, los documentos y notas que el general me enviaba desde sus campamentos, para que los conserve como un recuerdo. En esas notas está expresada la posición de nuestro ejército en la lecha de la farsa eleccionaria del 4 de noviembre de 1928. Es bueno que se publique eso, para dar una idea de la alta conciencia que poseía nuestro inolvidable general Girón Ruano, y para que el pueblo guatemalteco estime la memoria de aquel buen hijo de Latinoamérica, la figura honrosa del ejército de Guatemala, en los modernos tiempos.