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| AL PRESIDENTE
DE MÉXICO, EMILIO PORTES GIL (4 de diciembre de 1929) Mérida, Yucatán, México, Diciembre 4 de 1929 Excelentísimo señor Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Licenciado Emilio Portes Gil, México, D. F. Señor Presidente: No obstante de comprender los grandes problemas de México que a diario tiene Ud. que resolver, me permito invitarle en nombre de la libertad de Nicaragua, a que se sirva manifestarme categóricamente sus determinaciones relativas a la conducta que el Gobierno de México debe adoptar en las actuales circunstancias en que el espíritu del pueblo nicaragüense confía, para el sostenimiento de su Soberanía Nacional, en el patriotismo de la propia persona de Ud. llago a un lado la modestia para manifestarle con todo mi Corazón de patriota, que es este su humilde servidor el que más embebido está del sentimiento patriótico de mi pueblo que desde hace cuatro años lucha con denuedo; contra los asesinos piratas norteamericanos, contra los traficantes de nuestro Honor Nacional y contra la indiferencia y casi complicidad de los gobernantes de nuestra América Latina, con la única honrosa excepción de los gobiernos mexicanos. Nuestra salida de Las Segovias para venir a México ha sido de vida o muerte para la causa del sostenimiento de la soberanía Nacional de Nicaragua. Nosotros gozamos de la suficiente facultad de observación y ella nos sirvió para que antes que nos movilizáramos de Las Segovias nos imagináramos que nuestro viaje a México sería atacado por un diluvio de calumnias que, careciendo de fundamento por su misma naturaleza de calumnias tendrían que ser destruidas con la inmediata reanudación de nuestra lucha armada de Nicaragua. Por otra parte, estuvimos en lo cierto al prever que con mi salida de Las Segovias, los asesinos yanquis tendrían que debilitar en gran parte sus hordas de forajidos con que han estado asolando a mi querida Patria. Ahora bien. Hasta en estos momentos, señor Presidente, no he visto ni en lo más mínimo el principio para que las aspiraciones que me impulsaron a venir a México puedan ser llenadas. Me encuentro muy pensativo desde que he comprendido que se me niega disimuladamente una entrevista con Ud. No desconozco las consecuencias que le sobrevendrían de los Estados Unidos de Norte América a México con motivo de mi entrevista con Ud., pero tampoco desconozco hasta dónde México ha sabido y sabrá mantenerse ante las insolentes pretensiones de los Estados Unidos de Norte América, principalmente en el cumplimiento de un deber, como es el que México tiene de no permitir que la piratería yanqui colonice Centro América. Es natural pensar que el hombre que por alguna circunstancia haya tenido la oportunidad de manejar una situación, principalmente por años, no pueda sentirse satisfecho de que después de llegar a un lugar en solicitud de un apoyo, se le aleje de los centros de movimientos en espera de algo que ni siquiera ha tenido la ocasión de exponer con detenimiento. Ese hombre soy yo, y aun cuando mi solicitud estuviera sujeta a los planes del Gobierno de México, no se debiera permitir que nosotros fuéramos ajenos a ésos planes, porque con ello se haría un desprecio y una duda dé nuestras facultades mentales. Hay, pues, motivos suficientes para que yo esté no solamente pensativo sino que preocupado, supuesto que no deberán de existir planes de ninguna clase respecto a mí, desde luego que ni siquiera se me ha permitido el honor de entrevistarme con usted. Tengo una duda, y es la de que el mensajero que empleamos para el intercambio de comunicaciones con usted, Capitán José de Paredes, haya cometido otras faltas además de las que hasta última hora he conocido, como son las expresadas en unas cartas que dejó olvidadas en Tegucigalpa, Honduras, C.A., el referido capitán de Paredes y que recientemente fueron publicadas en la Prensa de aquella Capital. Las cartas están dirigidas: Una a la madre del mismo capitán de Paredes; otra al general José María Tapia; otra al Dr. Pedro José Zepeda y otra a mí. Las cartas en cuestión fueron escritas y dejadas en Tegucigalpa por el capitán de Paredes cuando todavía no llegaba a nuestros campamentos de regreso de la comisión que a nuestro nombre vino a desempeñar ante usted. Las repetidas cartas están escritas con una imaginación fantástica y carecen de toda veracidad. El propio capitán de Paredes me dirigió desde Tegucigalpa, con fecha 30 de noviembre último, un telegrama que textualmente dice: -Papá hágame responsable malhabidos papeles es culpa mis veintidós años- apenadísimo- JOSÉ DE PAREDES. La fantasía del capitán de Paredes me ha dado lugar en estos momentos a creer que a las instrucciones verbales que le di u él en Las Segovias para que las expusiera a Ud. le haya cambiado el sentido con la idea de que Ud. aceptara nuestra solicitud y que seguramente conmigo habrá hecho otro tanto, al extremo de que si así es, como lo quiero imaginar últimamente, siento profunda (pena) por cuantas molestias le pudiéramos haber ocasionado a usted en estos álgidos momentos por que atraviesa la política mexicana. En cualquier caso, señor Presidente, aunque mi viaje hubiera sido hijo de una mala interpretación, eso nos comprobará que el triunfo de nuestra Causa es evidente, por lo mismo que le expongo en párrafos anteriores, o sea que con mi salida de Las Segovias los asesinos piratas yanquis han disminuido en Nicaragua sus recuas de bandidos. (No acostumbro hacerme ilusiones en ningún caso, de ahí que siempre espero que los hechos me den la base para operar. "Hechos, no palabras", es muy excelente lema para quienes sólo confiamos en la acción). Con esta carta, Señor Presidente, me propongo quedar completamente identificado ante usted y confío en que después de haberla leído me habrá interpretado y usted será el mejor reconocedor de si mi viaje ha sido o no hijo de una mala interpretación, como le expongo en el párrafo anterior. En el caso de que sea confirmado por usted lo que dejo expresado arriba, no habría ya motivo para que yo insista en mi propósito de entrevistarme con usted, a excepción de que patrióticamente tenga Ud. algo que ofrecernos. Si con esta carta queda resuelto nuestro asunto, quiero agradecerle en nombre de la sangre derramada en México en 1847 y 1914, de la derramada en Nicaragua desde 1909 hasta el presente y de la derramada en los otros pueblos de la América Latina por la piratería yanki, se sirva no ponerme obstáculo a mí ni a los hombres que me acompañan, para verificar nuestro regreso a Las Segovias. En nada disminuirá esto, nuestra gratitud por los servicios que Ud. se dignó prestarnos y mucho menos disminuirá esto nuestro reconocimiento del alto patriotismo del pueblo Mexicano. Le encarezco, señor Presidente, su pronta contestación para efectuar nuestro viaje antes que la calumnia continúe ensanchándose más en nuestra pobre humanidad. Con las muestras de nuestra distinguida consideración y seguro respeto, nos suscribimos de Ud., atento Seguro Servidor. "PATRIA Y LIBERTAD" (f.) A. C. Sandino Calle 87 No. 492 |