ANÉCDOTAS SEGOVIANAS
(4 de marzo de 1929)

El día amaneció brillante. Las montañas parecen más azules que otras veces con los rayos del sol que las bañan. El calendario marca 15 de enero de 1929. Mi reloj señala las 9 y 20 de la mañana. Los aviones están localizando las lomas áridas de El Pedregal.
-"Dígale a los jefes de la comisión que está para salir, que permanezcan allí por un momento en observación de los aviones que se oyen, pues no debemos dejarnos descubrir" -fue mi orden a uno de mis ayudantes.
El Pedregal está a dos kilómetros al Norte de mi campamento.
Gran bombardeo y ametrallamiento han hecho hoy los aviones.
-"Son cuatro los aviones que han llegado por tres veces en este día a esos sitios" -dijo uno de los muchachos.
-"Yo alcancé a contar cincuenta y cuatro detonaciones de bombas y cuarenta ráfagas de ametralladoras. Después fui a bañar su mula y se me enredó la cuenta" -dijo otro.
-"General, son las tres de la tarde; ya salió la comisión cumpliendo su nueva orden. Si usted ordena, yo puedo ir a ver que fue lo que estuvo tirando tanto hoy esa flotilla de aviones" -me manifestó mi ayudante Alejandro.
-"Ándele, pues, observe y me lo participa" -contesté.
-"Ya vine, mi general. Esos yankees malditos no tienen rival en sus ridículos".
"¿Qué descubrió?" -le pregunté.
-"Pues nada, señor. Ellos vieron una yegua tordilla caratosa, que por vieja y manca ha sido abandonada. Todo el cerrito está covado por las bombas y las balas que arrojaron los aviones y ni siquiera tocaron al animal los infelices. Yo la llevé para el otro lado porque la yerba está negra de tanto humo y puede ser malo para ella".
Parece increíble que por cada un paso que los piratas dan en Las Segovias dejen oportunidad para ridiculizarlos y exhibirlos ante el mundo civilizado como soldados incompetentes y ostentadores de prestigios que no tienen.
Tengo informes que se me dan con mucha insistencia que los soldados de Norte América son buenos para hacer simulacros el 4 de julio, aniversario de su independencia, o en otras fiestas de exhibiciones.
Puede ser que ellos hagan eso en su afán de aterrorizar con ruidos a los pueblos de menos recursos.
Dicen que ponen en la cabeza de un hombre una naranja y que desde una distancia regular disparan. Que perforan la naranja y no tocan al hombre.
La serenidad que ellos demuestran en los casos mencionados, se les hace difícil retenerla en Las Segovias.
Aquí no tengo yo hombres con naranjas en la cabeza.
Muchos son ya los miles de piratas yankees sepultados en nuestras vírgenes montañas.
En otros tiempos, cuando matábamos un yankee en nuestro país, lo cobraban pesado en oro; pero hoy son millares los que matamos y en vez de cobrarlos los esconden.
Cuartel general El Chipotón, Nicaragua, C. A., marzo 4 de 1929 y Año Décimo Séptimo de la lucha antiimperialista en Nicaragua.

Patria y Libertad
A. C. Sandino.