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CESADO, NO CESARÁN. NUESTROS DISPAROS (Febrero (?) de 1930) En las llanuras y montañas segovianas no han cesado, no cesarán nuestros disparos de protesta y alerta, contra las hordas de forajidos. En los extensos campos de Las Segovias se encuentran, entre otras, dos imponentes alturas. El Saraguazca y El Yucapuca, cerros que fueron nuestros centros de operaciones cuando la guerra contra Chamorro y Díaz, en 1927. Con nuevos planes nuestro ejército, ocupó el 18 del presente mes, dejando estratégicamente en diferentes partes columnas que sumaban más de seiscientos hombres, suficientemente equipados. En la madrugada del 19, los oficiales de guardia me informaron que en las alturas de Chirinagua y las de la Peña de la CRUZ, se veían luces sospechosas que descolgaban sobre los bajos de El Saraguazca, como tratando de acercarse a nuestras primeras avanzadas. Se ordenó hacer tres disparos de mortero, que era la consigna inmediata para todos los retenes que cubrían El Saraguazca. En las primeras horas del día 19 principió el combate por el lado de los bajos de San Marcos. A las doce del día, el enemigo había sido derrotado en todos los flancos, y muerto en el primer asalto el yanqui que dirigía a los atacantes. Casi sin intervalos el enemigo reanudó su fuego hasta las seis de la tarde, en que fue completamente aniquilado por nuestros enardecidos soldados. Una flotilla de seis aeroplanos tomó parte en la contienda, y se nos bombardeó y ametralló furiosamente. Pero el contraataque fue también furioso y el enemigo sufrió muchas bajas y deserciones. De nuestra parte tuvimos que lamentar la muerte del capitán Encarnación Lumbí. El soldado Roque Matey, de Telpaneca, resultó herido, y ya cuando cesaba el bombardeo aéreo, a eso de las cuatro de la tarde, cayó una bomba en el lugar en que me encontraba, alcanzándome ligeramente uno de los charneles en la pierna izquierda. Ninguna importancia he dado a la herida, ni he dejado de disponer los asuntos relativos a nuestro ejército, pues ni siquiera me impide montar a caballo. Nuestras fuerzas están estratégicamente tendidas en todas Las Segovias. También tenemos fuerzas en los departamentos de León y Chinandega. Es Moncada el hombre más funesto y peligroso que actualmente tiene encima nuestro pueblo, y engañando a la gente habla de obras públicas, de prosperidad y de grandezas, falsas y ridículas. Aunque todo ello fuera cierto, serían confites en los infiernos lo que diera Moncada desde su presidencia sometida al yanqui. El dinero de las aduanas y de los otros impuestos que soporta el pueblo, es para pagar una guardia formada por malos nicaragüenses, bajo la dirección de una numerosa como inepta oficialidad yanqui. Las líneas férreas y carreteras que atolondradamente hace construir Moncada, es con ridículas miras estratégicas. Todo lo que hace Moncada tiene olor a tristeza, a fatalidad y a muerte. El, Díaz y Chamorro, forman la trinidad maldita de miserables vendepatria. Pero antes de mucho tiempo habrán sido barridos junto con sus secuaces, por nuestro ejército, con una escoba formada de bayonetas.1 Tal vez parezca un sarcasmo lo que voy a decirle, pero es así. Que nuestro ejército es el primero del mundo en abnegación para el sacrificio, en disciplina y en desinterés por todo interés material, porque consciente de sus actos, lleva y mantiene un ideal, tanto en lo que hace a Nicaragua como en lo que se refiere a la fraternidad de los hombres. No existe entre nosotros pedantería militar alguna, ni hay ambiciosos de mala fe, y por eso no hay traidores en las filas de este ejército emancipador. Hago estas explicaciones, mi querido hermano, porque hemos sabido que plumas rastreras tratan de ponernos en entredicho, llamándonos "bandoleros". Los verdaderos y legítimos bandoleros están en las cavernas de la Casa Blanca de Washington, desde donde dirigen el saqueo y el asesinato de nuestra América española.2 1 (Gustavo Alemán Bolaños, pp. 100,I; comunicado.) 2 (GAB, p. 101; carta al autor.) |