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DOCTOR PEDRO JOSÉ ZEPEDA Enero 25 de 1930 Mérida, Yucatán, México. Dr. Pedro José Zepeda. Representante General del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua. 3a. de Balderas No 24 México, D. F. Muy Sr. Nuestro y distinguido amigo: Nos permitimos dirigir a Ud. la presente con la intención de romper ante usted con los presentimientos y dudas que nos ha presentado los acontecimientos relacionados con nuestra Acción Defensora de la Soberanía Nacional de Nicaragua, desde nuestra entrada a territorio mexicano, adelantándonos a expresarle que la primera manifestación de duda se nos presentó en El Suchiate, México, y fue esa duda el motivo para que me internara nuevamente en territorio guatemalteco, regresando después a mexicano, cuando recibimos algunas excusas. En Veracruz le expuse a Ud. el 25% de nuestros propósitos en la lucha que sostenemos en Nicaragua, contra la piratería yanqui, habiéndome reservado el 75% para cuando hubiéramos tenido la oportunidad de la entrevista con nuestro amigo y Ud. Llegamos al puerto del Progreso, Yucatán, México, y se procuró hacer la confusión en nuestra llegada con el objeto que ya nos podemos imaginar. Ya que en Mérida, Yucatán, México, no encontramos con quién entendemos, y no es necesario decir que nos sorprendió tal cosa, porque esperábamos que a nuestra llegada a esta ciudad ya habría en ella alguna instrucción al respecto. Nos dirigimos en varios mensajes a Ud. en esa ciudad capital. Usó Ud. bastante prudencia al no contestarnos y nosotros nos vimos obligados a sufrir un sitio económico en el "Gran Hotel" de esta ciudad, al grado que cuando el administrador del mismo iba a pasarnos la cuenta, nos vimos forzados a declarar nuestra dificultad a una señora artista de nombre Ignacia Veratiguí, y esta señora tuvo la bondad de facilitarnos algunos dineros con los cuales se canceló la cuenta del hotel. Por aquellos mismos días se presentó ante nosotros el Sr. Manuel M. Arriaga, representante del Ejecutivo Federal ante la Cooperativa Henequenera de Yucatán, y dicho señor nos manifestó que él tenía instrucciones del Sr. Presidente de la República, Licenciado Emilio Portes Gil, de entregarnos la suma de mil pesos moneda nacional cada mes. Nos causaron gran sorpresa la palabras que oímos del señor Arriaga y aprovechando los dos mil pesos moneda nacional, que se sirvió entregarnos, nos dispusimos a salir de esta región con rumbo al puertecito denominado El Cuyo, de este mismo Estado de Yucatán y del cual puerto nos proponíamos abandonar el territorio mexicano con los medios que se nos presentaran. Cuando esto sucedía, nos llegó un telegrama del Gral. José León Díaz, miembro de nuestro Ejército, en el que nos participaba que las fuerzas a su mando, que lo eran a la vez del general Francisco Estrada, habían abandonado las montañas de Las Segovias, llegando a Tegucigalpa, Honduras, C. A., el 2 de agosto de 1929. Las fuerzas nuestras que hoy están en Tegucigalpa, Honduras, C. A., lo hacían obedeciendo instrucciones nuestras, las cuales instrucciones les había quedado por escrito, y en ellas les indicábamos que un mes después de nuestra salida de Las Segovias, entregaran ellos el armamento al general Pedro Altamirano, licenciándose parte de los miembros de nuestro ejército y que 30, entre jefes y oficiales, se dirigieran para esta República. Hicimos esto en la confianza de los ofrecimientos verbales que nos había hecho el Sr. Presidente de esta República, Licenciado Emilio Portes Gil, por el conducto del Capitán José de Paredes. En apego a esa misma confianza, había yo adelantado a mi secretario, ciudadano coronel Agustín Farabundo Martí y al mismo capitán de Paredes, le manifestamos que aceptábamos el empréstito de $10,000.00 DOLLARS, cantidad que creíamos suficiente para que pudieran llegar los 30 jefes y oficiales de nuestro Ejército, que dejamos arriba dicho, y también para ayudar en algo a los miembros de nuestro Ejército, quienes se quedaron esperando nuestro regreso para la continuación de nuestra lucha sostenedora de la Soberanía Nacional de Nicaragua, contra la piratería yanqui. No se nos proporcionó toda la cantidad aceptada y apenas se nos prestaron $5,000.00 DOLLARS, y esto dio motivo a grandes trastornos para la llegada de nuestros compañeros a esta Ciudad, habiendo llegado los últimos tres, ayer 10 del presente mes. El telegrama del general José León Díaz, participándonos su llegada con otros miembros de nuestro ejército, el 2 de agosto de 1929 a Tegucigalpa, Honduras; C. A., él silencio de Ud. y las instrucciones que había para entregarnos la suma de dos mil pesos moneda nacional mensuales, y por otra parte, diciendo los enemigos que nos habíamos vendido a los piratas yankees, produjeron una verdadera revolución en mi cerebro, pero por fin tomé determinación. Dirigí un telegrama al general José León Díaz, manifestándole que él y los demás compañeros permanecieran en Tegucigalpa, Honduras, C. A.; hasta nueva disposición. También me dirigí en carta extensa al señor Presidente Portes Gil, adjuntándole copia de esa carta a Ud. con la presente, como de la última que al Sr. Presidente Portes Gil le he dirigido; igualmente me .dirigí a Ud. en carta de instrucciones. Una de las noches, ya encontrándonos acostados en la casa de alojamiento del puerto "El Cuyo", Yucatán, llegó un mensajero portando un telegrama de Ud. En dicho telegrama Ud. nos pedía una entrevista y después de nuestra acostumbrada meditación, me hice la reflexión de que era mejor aceptar la entrevista con Ud. en vez de que nos marcháramos hacia Nicaragua, Supuesto que algo bueno debería usted traernos y que estábamos obligados a escoger del mal el menos. Regresamos de El Cuyo a Tizimín, Yucatán, en donde tuvimos el gusto de entrevistarnos con Ud. Siempre estuve pendiente de que Ud. en aquella entrevista nos manifestara la determinación del señor Presidente Licenciado Emilio Portes Gil y en todo el intercambio de frases entre Ud. y yo no encontré casi nada sólido y le oí decir que había dejado todo listo en Espita, Yucatán, para que fuéramos a ver una finca. Fue así como me manifestó usted la idea que había de que nuestros compañeros y yo permaneciéramos en una propiedad en forma provisional para mientras el señor Presidente E. Portes Gil le era posible resolver el asunto, o sea la cooperación que este Gobierno pudiera prestar en la lucha que sostenemos con la piratería yanquee en Nicaragua. De la conversación con Ud., deduje que este Gobierno estaba imposibilitado para resolver el asunto dicho antes que se verificaran en noviembre de 1929, las Elecciones Presidenciales de esta República. Sentí muy pesado el ofrecimiento y procuré ser condescendiente con Ud., y con nuestro amigo el señor Presidente Portes. Para ser condescendientes tomamos en cuenta que muchas veces no basta tener las cosas para ofrecerlas, sino que también hay que salvar algunas responsabilidades. Tuve también en cuenta que el capitán de Paredes me había dicho en Las Segovias que Ud., le expresó a él cuando vino a la comisión a esta República, de que Ud. creía que antes del mes de noviembre de 1929 nosotros habríamos podido reanudar nuestras actividades en Las Segovias. Yo me las di de prudente con Ud. y me parecía que todo lo que me expresaba en la entrevista era alrededor de lo que Ud. dijo al capitán de Paredes en cuanto a nuestro pronto regreso a la lucha. Llegamos con Ud. a Espita, Yucatán, fuimos atendidos por la familia del señor Alfonso Peniche, en casa de este mismo Señor. Fue por medio de la familia mencionada que nos dimos cuenta pocos momentos después de nuestra llegada, que era el señor Peniche el interesado en vender una hacienda "Santa Cruz", la cual, seguramente Ud., nos iba a proponer. Fui con usted a la finca Santa Cruz, y todo aquello me dio olor a fatalidad, corno se lo dije después en una de nuestras tantas cartas. Un corresponsal del Diario de Yucatán, residente en Espita, Yucatán, llegó a entrevistarnos y comprendí que era fuerza decirle algo; le manifesté que en efecto, obedeciendo a planes de nuestro ejército, nos dedicaríamos a trabajos agrícolas para mientras reanudábamos, nuestra acción armada en Nicaragua, contra la piratería yanquee. Con aquellas palabras sacrificaba mi propia intención, pero era fuerza nacerlo así para conseguir el fin que nos proponíamos que era la reanudación de la lucha, sobre una base internacional sólida y por tanto segura en beneficios para nuestros pueblos indohispanos. El mismo día de nuestra visita a la finca Santa Cruz, nos marchamos con Ud., para esta Ciudad y volvimos a permanecer cerca de un mes en el mismo hotel. Por suerte de nuestra Causa tardaron en llegar nuestros compañeros y estando nosotros sin un centavo nos vimos obligados a pedir alojamiento al líder obrerista de este Estado, don Anacleto Solís. Este mismo compañero Solís nos estuvo dando la alimentación fiada por un mes, y en su casa nos hemos reunido todos los miembros de nuestro ejército venidos de Las Segovias. El cumplimiento de la orden que tenía el señor Manuel M. Arriaga fue reanudado dos meses después de nuestro regreso de Tizimín, Yucatán, y desde entonces se nos ha entregado puntualmente los dos mil pesos moneda nacional; con esa suma nos hemos provisto de ropa, alimentación, los aquí reunidos en las mismas montañas segovianas, todo por la falta de formalidad de las personas llamadas a remediarlo. ¿Qué ocurrió? ¿Para qué tantos disimulos? ¿Seremos efectivamente víctimas de una traición? No lo sabemos y creemos que ni usted mismo lo sabe, pero ha estado y está en la obligación de saberlo. Esta no deberá Ud. considerarla como un reclamo directo a Ud., sino como una provisión necesaria. Me permito manifestarle, doctor Zepeda, que hoy a las cinco p.m. hemos levantado una sesión extraordinaria celebrada por todos los jefes y oficiales de nuestro ejército aquí presentes y se acordó en dicha sesión, manifestar a Ud. lo siguiente: PRIMERO: Que continúe Ud. siendo el Representante de Nuestro Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua, por gozar Ud. de la absoluta confianza del mismo ejército. SEGUNDO: Que le quedan a Ud. reiteradas las facultades que nuestro ejército le había conferido para representarlo en las gestiones hechas al Gobierno Mexicano. TERCERO: Participarle que nuestro ejército no se solidariza con la política internacional que el señor Presidente Electo de esta República, ingeniero Pascual Ortiz Rubio desarrollará al asumir la Presidencia de este país, según sus últimas declaraciones a la prensa, ya que se le ha visto a este señor coquetear con el Gobierno yanquee, enemigo común de nuestros pueblos indohispanos; se considera indigna la actitud del Ingeniero Ortiz Rubio. CUARTO: Que sospecha nuestro Ejército que al asumir la Presidencia de esta República Ortiz Rubio, reconocerá a Moncada y que tal reconocimiento sería una bofetada para la bandera de nuestro Ejército. QUINTO: Manifestar a Ud. en su carácter de Representante General de Nuestro Ejército y de Ciudadano Nicaragüense que ha estado y está en la obligación de comprender esa política. SEXTO: Que no teniendo nuestro ejército en esta República ningún medio de obtener recursos para regresarnos a las montañas segovianas, después de convencerse de la en estos momentos supuesta traición, ordenar a Ud. que en nombre de nuestro ejército haga las gestiones necesarias con personas o instituciones simpatizadoras de nuestra Causa y que lo sean indohispanos, la cantidad de diez mil pesos mexicanos para regresarnos todos los aquí presentes a Las Segovias, único lugar que nos corresponde como a hombres libres y de honor. SÉPTIMO: Que si al recibir usted la presente nota por disgusto que la misma le ocasiona tomase Ud. la determinación de presentar su renuncia del cargo que le ha conferido, que no se le acepte dicha renuncia mientras exista uno de los miembros de nuestro ejército en territorio mexicano y que maquiavélicamente se le haya hecho llegar aquí. OCTAVO: Arrojar al Gobierno mexicano la responsabilidad de las consecuencias que hayan sobrevenido a nuestro ejército desde el primero de junio de 1929 hasta el día en que tenga lugar el reingreso del suscrito Jefe Supremo del Ejército Defensor dé la Soberanía Nacional de Nicaragua, a los campamentos de Las Segovias. NOVENO: Rendir a Ud., las más expresivas gracias por la atención que preste en lo sucesivo a nuestro ejército, en su carácter de Representante General del mismo y de ciudadano nicaragüense honrado. Con muestras de nuestra mayor consideración y en espera de su importante contestación, quedamos de Ud., fraternalmente. ![]() PATRIA Y LIBERTAD A. C.SANDINO |