A LA SEÑORA LIDIA DE BARAHONA
(15 de marzo de 1933)


Mi distinguida señora:
Hasta hoy me permito el placer de contestar su carta fechada el 10 de febrero del año en curso.
Créame, señora, que su marido para mí es un hermano en el ideal, y que jamás podría ser indiferente a su suerte; pero con pena le manifiesto que nuestro Gobierno no es todavía autónomo, porque existe la intervención política y económica que no podrá desaparecer mientras los gobiernos pertenezcan a partidos determinados. Sin embargo, pienso que por conveniencia del mismo Gobierno, se darán las órdenes para la repatriación de nuestro dinámico doctor Barahona.
Soy independiente del Gobierno y la paz se firmó para evitar el regreso de la intervención armada que apenas estaba detrás de la puerta, esperando regresar antes de un año, porque se imaginaron que continuaríamos la guerra entre nosotros mismos; eso es todo, mi apreciable señora. Ese es el secreto por el cual no salgo del Norte, para estar pendiente de todos los momentos que se presente la oportunidad de restaurar también nuestra independencia política y económica. Pronto verá la luz un manifiesto que hemos lanzado al mundo.
Supongo que habrá observado que los componentes de la parte militar del país, que operaron aliados con los invasores, continúan siendo nuestros enemigos.
Estas cosas me tienen triste, como lo está también su marido; pero confiamos en que la Justicia nos dará inspiraciones para lograr la efectiva independencia de Nicaragua.
Muy sinceramente le ruego mandarle la presente a nuestro doctor Barahona, y, por medio de estas mismas letras, va para él mi abrazo fraternal y para Ud., mi señora, mis respetos.

Patria y Libertad,
A. C. Sandino.