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| A SUS LUGARTENIENTES (2 de mayo de 1933) Como ustedes tienen presente, el general Estrada y el coronel Rivera andaban en Managua con comisión especial que se les encomendó, con el fin de conseguir de manera que los 100 hombres armados que tenemos en el Río fueran dignos de la mayor confianza de parte del Gobierno. No obstante los muchos enemigos que todavía tenemos alrededor del Gobierno, sin embargo, el Dr. Sacasa dio muy buena acogida a nuestra Comisión y convino en que los pagos que son mil ciento y pico de pesos mensuales para los cien hombres sean pagados con toda oportunidad cada mes, y que proporcionarán cien uniformes para que cada uno de los cien hombres viva con los 10.50 mensuales... y los Jefes con 20 pesos. Naturalmente que si se pagara cocina por cada uno de nuestros muchachos, los tales 10 pesos no alcanzarían para sostener también familia. El coronel Rivera que fue comisionado para tratar la cuestión de establecer trabajos de cortes de madera, chicle y hule, mediante un empréstito de cien mil córdobas, que el Gobierno nos prestará para pagarlos dentro de tres años, fracasó en su comisión, porque nadie compra ni madera, ni chicle, ni hule en el extranjero. Sin embargo, el Gobierno nos ha proporcionado una cantidad de provisiones, machetes y otros implementos, para que establezcamos un comisariato, y que nuestros cien hombres comprarán con los diez pesos mensuales su alimentación, lo mismo que los otros, quienes se dedicaron al cultivo de cereales y lavar oro. Asimismo ustedes saben que teníamos establecida nuestra Fuerza de Emergencia en Santa Cruz, en El Garrobo, en Bocay y en Sang, por la esperanza de establecer los antedichos trabajos. Pues bien: no obstante los ofrecimientos de lealtad y sinceridad mutua entre nosotros y el Gobierno, hay gentes que le inyectan desconfianza de nosotros al doctor Sacasa, y por eso el mencionado doctor me decía que establecerán un destacamento de guardias con un radio en Santa Cruz, y que nuestra primera escuadra estuviera en Wiwilí. Por mi parte, y creo que merecerá su aprobación, he dispuesto dirigirme al Gobierno, rindiéndole las gracias por la atención que prestó a nuestra Comisión, diciéndole que vamos a reunir a nuestros cien hombres de emergencia en sólo Wiwilí, y que nos den la estación de radio, con todo y su telegrafista, para que no tenga él necesidad de poner el tal destacamento en Santa Cruz, porque eso, comprendemos que sería de malos resultados para nuestra gente civil de esa zona. Estas son mis disposiciones por durante estos días que yo permaneceré en San Rafael del Norte, esperando dar la feliz bienvenida a mi hijo. Durante ese tiempo no es difícil que haga un viajecito a Managua, para poner más sólidas las cosas en provecho de la generalidad. En cualquier caso yo les escribiré dándoles cualquier clase de noticias, y si las circunstancias lo exigen estaré rápidamente entre vosotros. Lo que en esta carta se me escape en decirles, el general Estrada, coronel Rivera y mi hermano Sócrates les acabarán de aclarar. También quedan entendidos que en toda la región del río Coco y sus afluentes habrá las más estrictas garantías, y que el general Pedro Altamirano queda nombrado mi representante general en Bocay y toda aquella región; por lo mismo toda orden de solicitud que llegue del general al comisariato o a la Fuerza de emergencia, deberá ser rápidamente acogida y despachada como si fuera a mí mismo. Ya el general Estrada tiene instrucciones concluyentes y un libro de organización, para que cada uno que vaya llegando al campamento principal de Wiwilí, irá reconociéndolos. Estas cosas, como dejo dicho para mientras regreso, e igualmente quedan con la obligación de comunicarse con el mayor Rafael N. Altamirano y todas las gentes del Chipote, indicándoles lo que dejo ordenado para mientras regreso. Recibid mi abrazo fraternal. Quinta Guadalupe, Patria y Libertad, A. C. Sandino. |