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| AL DOCTOR HUMBERTO
BARAHONA (27 de mayo de 1933) Sr. Dr. Humberto Barahona San Salvador o Costa Rica. Apreciable hermano en la Patria: El 17 del corriente, en momentos que salía para Managua recibí su carta abierta, fechada en San Salvador el 15 de abril ppdo.; asimismo copias de sus cartas al Dr. Manuel Pérez Alonso, don Sofonías Salvatierra y el señor Calderón Ramírez. Ahora bien: el 18 en la madrugada salimos de esta población rumbo a Managua, sin leer sus mencionados escritos; llegamos a la una de la noche y en aquella ciudad hablé con varios hermanos de lucha, quienes me refirieron algo de su hoja suelta; manifesté que está en mi poder sin leerla, pero que me ocuparía de ella en la primera oportunidad y que al ser cierto que me hacía víctima de un injusto ataque, mi venganza sería no contestarle ni una sola palabra. En estos momentos concluyo de leer sus escritos y no encuentro nada injurioso, sino que una crítica festinada de su parte, para mí, por cierto injusta, por lo mismo de no estar Ud. al tanto de los innumerables motivos que reclamaron la Paz de Nicaragua. Sin exigir nada de nadie y quedando siempre independiente del Gobierno, como lo hemos expresado en nuestro reciente Manifiesto, el que supongo habrá leído y por él estará informado de las preliminares de la paz, la prensa de aquellos días publicó nuestra contestación a don Sofonías Salvatierra, indicándole que el Dr. Sacasa no debería perder la oportunidad de un entendimiento con nosotros, porque así lo exigía la salud de Nicaragua. Como teósofo que es usted, tiene la obligación de saber que todo ser humano tiene una misión que llenar... Y, el Dr. Sacasa, en esta vez está cumpliendo la suya... desde el momento que pactó con nosotros contra la voluntad del Departamento de Estado, que tuvo la ilusión de vernos destruidos entre nosotros mismos mediante los ofrecimientos bélicos, barcos y dinero para combatir del primero de enero en adelante, al Gobierno que surgiera en Nicaragua. Por otra parte, Ud. sabe que esos días el Congreso de Nicaragua trataba de aceptar un empréstito de dos millones de dólares, para que el Gobierno combatiera nuestro Ejército. Medite Ud. sobre este peligro que nos amenazaba, y que como de mi parte no fue aceptado, todavía existe la amenaza, porque esa es la política destructora que los Estados Unidos de Norte América ha usado con nosotros. Por esa razón no me extrañará el pronóstico de usted, cuando dice la caída del Dr. Sacasa. No he renunciado a los derechos de ciudadano y mi programa está en pie y no liquidado como piensa usted. Sin embargo, no es sólo mío el deber de sacrificio por la Patria, y usted está en la oportunidad de poner en práctica un consejo de dejarse matar. Yo moriré pero en lucha abierta, buscando la coronación de nuestros ideales, pero no me suicidaré por obstinación... Quiero agradecer a Ud. más reposo y mayores observaciones en el desarrollo de los acontecimientos de Nicaragua; como teósofo tiene la obligación de conocer los consejos de Soroastro, hijo de Sarabatista, fundador de la Teosofía. Por otra parte mientras Ud. huye llamarse comunista, yo lo declaro al Universo entero, con toda la fuerza de mi ser, que soy comunista racionalista. Ruégole aceptar en unión de su apreciable familia el abrazo fraternal de este su hermano en la patria. Patria y Libertad, A. C. Sandino |