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| CONVERSACIÓN
CON DON SOFONÍAS SALVATIERRA (16 de febrero de 1934) Mi misión como guerrero ha terminado el 2 de febrero del año pasado, es decir, hace tiempo. Mi puesto está ahora en la agricultura y el trabajo, sirviendo en otra forma a mi patria. A este respecto, en este mes serán remitidos a la costa Atlántica, para su expendio, los productos cosechados por las cooperativas establecidas a mi iniciativa. A Managua enviaré en este mes la primera remesa de oro, recogido en los lavaderos del río Coco. En la Costa será vendido también el tabaco cosechado. Me están rodeando; desde hace como un mes la Guardia está tomando posiciones en torno de Wiwilí. ¿Qué es esto? El Presidente me está engañando. (-No -le objetó Salvatierra- el Presidente es leal). Pues entonces sus subalternos hacen lo que quieren. Los guardias dicen que me van a destruir. Destruir...Destruir...Como si no supiéramos lo que tenemos que hacer. Destruir a hombres que viven trabajando y enseñándole al país cómo debe trabajar, ellos que son una carga para el Tesoro público, oficialitos improvisados, que no tienen más vida que comer y beber. El general Somoza piensa destruirme. ¿Y qué vale el general Somoza? Vale por el empleo. Yo puedo quedar desarmado, pero con un grito que lance, ahí no más tengo la gente, porque en mí sí creen. Yo no quiero la guerra; pero cómo va a ser posible que no pueda esta gente vivir en paz en su propia tierra. La guardia los está matando, todos los días los mata. La prueba de que quiero paz es que voy al llamado del doctor Sacasa. Si a esos hombres no se les garantiza la vida, yo no sé cómo podría aconsejarles que se desarmen; tampoco creo que haya en el mundo quien pueda decirme que debo hacer eso. En ese caso, mejor me iría del país, y que esos hombres hagan los que ellos crean mejor. Muchos me invitan a la revolución, y yo digo que el que quiera guerra, que la haga; la paz es necesaria al país, y no seré yo quien la altere. Oigo hablar aquí de gente sin trabajo. Me río de eso, cuando allá está la riqueza en las manos; hay que irse a aquellas montañas a recogerla. Yo no tengo que ver en que haya Guardia o no, ni en las personas que la dirijan; yo mismo, como ciudadano que soy, estoy obligado a pagar los impuestos para mantener el Ejército o la Guardia, o como se llame; lo que quiero únicamente es que nos den las garantías constitucionales y que se constitucionalice la Guardia. |