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| I. - CARLETON
BEALS CON SANDINO EN EL CORAZÓN DE LA MONTAÑA (Febrero de 1928) San José, C. R., marzo 4; Sandino nació el 19 de mayo de 1893 en el pueblo de Niquinohomo. Es bajo, de unos cinco pies de estatura. Cuando lo vi estaba vestido con un uniforme café obscuro. En su cuello, anudado, llevaba un pañuelo de seda negro y rojo y en la cabeza un sombrero tejano de anchas alas, echado sobre la frente. Ocasionalmente, mientras conversábamos, se echaba el sombrero para atrás, y arrastraba la silla hacia mí. Su cabello es negro, su frente amplia. Su cara forma una línea recta desde las sienes hasta la mandíbula. Su mandíbula forma ángulo agudo con el resto de su cara. Sus cejas arqueadas por encima de los ojos negros, sin pupilas visibles. Sus ojos tienen una extraña movilidad. Carece de vicios, tiene un sentido inequívoco de la justicia y compadece a los soldados humildes. Uno de sus dichos más comunes es: "Tantas batallas nos han hecho duro el corazón, pero han fortalecido nuestro espíritu." Es indiscutible la primera parte del epigrama, porque todos los soldados y oficiales con quienes hablé están inspirados por una franca afección y una ciega lealtad. Sandino les ha contagiado con su odio mortal a los invasores. "La muerte no es más que un momento de disgusto y no vale la pena tomarlo seriamente", repite a cada rato a sus sol dados. O bien: "El que teme a la muerte se muere más pronto". Hay algo de religioso en la ideología de este hombre. Muy a menudo Dios figura en sus frases. "Dios es el que dispone de nuestras vidas" o bien "Ganaremos, Dios mediante" o "Dios y las montañas son aliados nuestros." Sus soldados repiten muy a menudo todos estos dichos. En nuestra entrevista, Sandino habló de algunas batallas libradas cerca de El Chipote. Sostuvo que habían muerto ahí alrededor de 400 marinos. Esto, desde luego, es una exageración. El general Feland insistía en que sólo habían muerto 17, pero yo estoy convencido, después de hablar con muchos oficiales de marina, de que las bajas de los americanos están entre 40 y 60. Después de referir en qué forma habían sido bajados algunos aeroplanos, Sandino me presentó sus demandas en la lucha presente. Primero: evacuación del territorio de Nicaragua por los marinos; segundo, el nombramiento de un presidente civil, que sea imparcial para los partidos y que sea escogido por los representantes de todos ellos; tercero, elecciones vigiladas por Latinoamérica. El día en que se cumplan estas condiciones -declara Sandino- cesaré inmediatamente en las hostilidades y desbandaré mis fuerzas. Por lo demás estoy resuelto a no aceptar ningún puesto en el gobierno ya sea o no de elección popular. Tampoco aceptaré pensiones o sueldos, lo juro. No aceptaré regalos de nadie, ni hoy ni mañana, ni pasado mañana, ni nunca. Se levantó y anduvo paseando por la sala, mientras repetía estas palabras. Con vehemencia: Nunca, nunca aceptaré un puesto público. Sé ganarme la vida, modestamente para mí y para mi mujer. Mi oficio es mecánico, y si es necesario volveré a él. No volveré a tomar las armas contra los liberales ni contra los conservadores, ni tampoco en luchas civiles. Sólo en caso de invasión por el extranjero. Hemos tenido que pelear porque los demás líderes nos traicionaron, se vendieron al enemigo o doblaron el cuello por cobardía. Estamos peleando en nuestra propia patria por nuestros derechos, que son inalienables. ¿Qué derechos tienen las tropas extranjeras de llamarnos bandidos y de decir que nosotros somos los agresores? Estamos en nuestra casa. No nos resolveremos a vivir cobardemente en paz mientras haya un gobierno puesto por las naciones extranjeras. ¿Se llama esto patriotismo, o no? Cuando el invasor sea vencido como tiene que serlo, mis hombres se contentarán con sus pedazos de tierra, con sus herramientas, con sus mulas y sus familias. MANAGUA, 20 de febrero San Rafael del Norte es una pequeña ciudad de casas de adobe, cubiertas con tejas, situada en el flanco derecho del camino de Yalí, departamento de Nueva Segovia. Se encuentra en una cañada angosta por en medio de la cual pasa un riachuelo que baja por la montaña. Al otro lado de la vertiente, cruzando la alta cumbre de la montaña de Yucapuca y un pequeño valle populoso, está Jinotega, capital del departamento. Hacia el Sur se hallan los departamentos de Estelí y León. Toda esta región es propicia para la guerra de guerrillas y de origen liberal. No se necesita más que un pequeño éxito de Sandino para que encienda toda en rebelión. Aquí y allá, aisladas en medio de este vasto territorio, andan las partidas de Sandino y más allá hacia la frontera de Honduras, cerca de Chinandega, la guardia local no hace un mes que huyó, uniéndose a Sandino. De ese modo, San Rafael es un punto de partida, ya sea para el oeste, que es donde estamos o hacia el sur, en donde se halla. Jinotega, Matagalpa y el disputado Muy Muy, en donde las fuerzas combinadas de Díaz y los marinos no pudieron contener al ejército liberal, antes del arreglo Stimson-Moncada. Sandino ha escogido la segunda ruta por conocerla mejor, como que es la tercera vez que se lanza por ella. Cerca de San Rafael se ven aun las zanjas cavadas por las fuerzas liberales en previos combates y cerca de Yucapuca hay trincheras de piedra a lo largo de toda la montaña. El mismo San Rafael está de parte de Sandino y le conoce desde hace mucho tiempo. Fue aquí en donde, hace un año, contrajo matrimonio con la telegrafista local Blanca Aráuz, en la pequeña iglesia blanca que se halla en la plaza. Como he dicho antes, llegué a presencia de Sandino a las cuatro de la mañana. Mientras hablábamos, su gesto más frecuente era el movimiento del dedo índice; invariablemente se inclinaba, hacia adelante mientras hablaba; una o dos veces se puso de pie dando más fuerzas a sus palabras con un movimiento entero de su cuerpo. Su expresión es fluida, precisa, modulada; su voz es clara. Durante las cuatro horas y media que estuvimos conversando no le vi una sola vez titubear en busca de una palabra. Sus ideas están epigramáticamente ordenadas. No había lado del problema nicaragüense que eludiera tratar. En cuestiones militares lo encontré seguro, aunque un poco fanfarrón y exagerado en cuanto a sus éxitos. Sin embargo, es excesivamente astuto, conoce bien el país y considero difícil sacarlo de allí. Con guardar a su espalda la parte montañosa del norte y del este, no puede ser cortado por dos mil quinientos marinos, ni por 5,000. En cambio, se halla capacitado para moverse libremente hacia adelante y hacia atrás a lo largo del área en que se unen estas montañas, desde Muy Muy hasta la frontera de Honduras; es decir, más de la mitad del camino a través de Nicaragua, con suficientes elementos de vida, por ser un lugar muy cultivado. Mientras, las tropas americanas, para cubrir la misma región y mantener intacta su línea de comunicación con Managua y León, necesitan moverse sobre un arco media vez más grande. Los soldados de Sandino, acostumbrados a toda clase de fatigas y a comer lo que encuentran, tendrán muchas ventajas durante la futura estación de las aguas. Las tropas americanas, teniendo que operar bajo un clima desfavorable a su temperamento, quedarán completamente aisladas de Managua, León y las ciudades de la costa, pues los caminos se cubren entonces con dos pies de lodo y se vuelven intransitables; no pueden pasar ni las carretas de bueyes. La ruta de movilización de los marinos, o sea el largo arco que parte de Matagalpa y rodea a Estelí y Ocotal, se volverá cada vez más difícil que ahora, en tanto que Sandino gozará de la estación seca de las montañas, conocidas por él y sus hombres pulgada a pulgada. Como él me dijo: "Esperé en Chipote. Los marinos se concentraron, pidieron elementos, formaron grandes planes para derrotarme y rodearon mi posición. Ahí están todavía. Ahora yo estoy cerca de Jinotega, a medio camino del centro del país. Iré más lejos. Cuando ellos se hayan movido para acá y traído más tropas, yo ya estaré en el norte, o quién sabe dónde". Indudablemente, los marinos se han puesto en ridículo con toda su maquinaria de guerra, su ciencia, sus aeroplanos, mientras Sandino marcha a las regiones populosas del centro, atraviesa dos departamentos, penetra a las fincas de café y se hace de nuevos elementos. El sistema de espionaje de Sandino es excelente. Cuando nos acercamos a Jinotega, el coronel Colindres ordenó a dos soldados que se quitaran sus divisas rojinegras y sus polainas, las envolvieran y se dirigieran a la ciudad de Jinotega para saber lo que estaban haciendo los marinos. No había nada que pudiera identificarlos como soldados de Sandino. En cambio, cualquier hombre extraño tiene que justificar su presencia en el campamento de Sandino. La táctica actual de los americanos para sofocar a Sandino será ineficaz. Las tropas conocen las costumbres de los aeroplanos. Viajan temprano en la mañana y muy tarde, o por la noche, o bien a través de la selva, en donde son invisibles desde arriba. Tanto el general Emiliano Chamorro como el Presidente Adolfo Díaz, a quienes entrevisté hoy, son pesimistas respecto a la captura de Sandino, y dicen que sólo puede ser vencido por tropas del país, que operan en las montañas sobre el mismo terreno que Sandino, sin las enormes impedimentas y equipos del ejército americano. Hasta hoy, los Estados Unidos han armado seiscientos hombres nativos. Ésta fuerza se emplea para guarniciones y está desparramada en pequeños destacamentos por toda la República. Pero los Estados Unidos, que aparentemente favorecen ahora al candidato liberal, Moncada, temen armar a la gente del país que quedará controlada por el partido conservador. La alternativa, según me dijo el Presidente Díaz, consiste en mandar tres o cuatro veces más marinos que los que hay actualmente. Así la manera apropiada de combatir a Sandino consistiría en organizar pequeñas columnas volantes capaces de exponerse a todo, pues Sandino es muy listo y sabe tenderles emboscadas. Esto quiere decir que Sandino se sostendrá hasta que venga la estación de las lluvias, haciendo imposibles las elecciones y echando a perder todo el programa americano en Nicaragua. Hemos aprendido muchas cosas del invasor -me decía Sandino-. Al principio acostumbrábamos acampar en los sitios abiertos; pero vimos que nuestro enemigo ocupaba las casas de los ciudadanos nicaragüenses, y arrojaban a sus dueños a la calle. Nosotros dispusimos hacer lo mismo, nada más que para ello teníamos el cuidado de seleccionar las casas de los enemigos de la causa. Sin embargo, no hay necesidad de eso porque el pueblo nos ofrece alojamiento, sabiendo que estamos luchando por la independencia de Nicaragua. Si, todo se lo debemos al enemigo. Si no nos hubiera atacado, nuestra condición sería miserable. Pero hemos tomado de ellos todo lo que tenemos. Si no hubiéramos sido atacados, no tendríamos ropa ni munición y habríamos perecido, pero no sabemos vivir como bandidos. No hemos quitado nada a los campesinos. En El Chipote, los campesinos nos llevaban hasta nuestras trincheras ganado y alimento para nuestros hombres. No nos ha faltado nada. ¿Cree usted que si fuéramos unos bandoleros podríamos haber resistido medio año en un puesto fortificado como ese en contra del poder inmenso de los Estados Unidos? En ese caso nadie nos protegería. El enemigo dice: "Debe acabar pronto, no tiene municiones, ni armas; ni alimentos". Pero el enemigo olvida que el pueblo de Nicaragua nos mantiene, olvida que las municiones y las armas nos las da él. Al decir eso, Sandino mandó que me trajeran diferentes clases de armas con la marca reglamentaria del ejército americano: rifles Browning, Lewis, Thompson, ametralladoras. ¿Cree usted que un bandido pueda viajar con treinta ametralladoras de equipaje, como no sea en Chicago?. En la batalla de Ocotal sostuvimos quince horas de combate. En la batalla de Las Cruces disparamos veinte mil cartuchos. No está del todo mal para un bandido. La primera orden de Sandino a su llegada a San Rafael, fue que cualquier soldado que tocase algo que no le perteneciera, sería pasado por las armas. En mis conversaciones con los tenderos de la ciudad, llegué a la convicción de que las tropas de Sandino están perfectamente bien disciplinadas y tienen todo lo que necesitan. Sandino mismo me dijo: "Un tal coronel Porfirio Sánchez llegó antes que yo a Yalí y levantó contribuciones entre los habitantes de la ciudad. Le di de baja en el Ejército de la Defensa de la Soberanía de Nicaragua, y si lo vuelvo a encontrar en mi camino lo fusilo. El dinero que quitó ya ha sido restituido. Vea usted este recibo por 2,000 pesos, firmado por Elvira Rodríguez y que yo pagué. Mi actitud es muy clara. Cualquiera puede seguirme los pasos, uno por uno. Nunca sabrán que Sandino ha tomado nunca lo que no le pertenece por derecho propio, que ha faltado a una promesa, que ha marchado de alguna parte debiendo algo. Mis padres eran dueños de tierras. Cuando aún era un niño, manejé de 15 a 20 mil dólares y nunca toqué un solo centavo que no fuera mío. He trabájenlo honestamente para vivir en muchos lugares, en Bluefields, en Honduras, en Guatemala, en México, en las minas de San Albino y en algunas ocasiones en puestos de responsabilidad. Me mostró el libro de los gastos del ejército. Todo lo que gastamos figura aquí. Hoy, por ejemplo, le di al coronel Colindres quince dólares todo lo que tenía por el momento, para que comprara ropa para cinco de sus soldados que le escoltaron a usted desde El Remango y que llegaron casi desnudos. Le he sugerido que diga al tendero que estamos muy pobres y que nos dé la mayor cantidad de artículos por ese dinero, pues de lo contrario tendré que mandar la cuenta al Presidente Coolidge, quien ha ordenado la invasión de nuestro territorio. |