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| I.
- DE LA MANIGUA NICARAGÜENSE ¿BANDIDO O PATRIOTA? Todo aquel que ingresa al ejército de la Defensa de la Soberanía de Nicaragua está obligado a firmar una especie de compromiso o pauta redactado por Sandino mismo en El Chipote en setiembre de 1927 y que contiene entre otras condiciones las siguientes: 1. -Defender la soberanía de Nicaragua y obedecer su código militar. 2. -Negarse a obedecer las órdenes de Adolfo Díaz y de los extranjeros, procurando siempre obrar con nobleza. 3.-Defender no sólo a los liberales, sino a todos los nicaragüenses traicionados por el actual Gobierno. 4 . -Obedecer sin discusión las órdenes del Supremo Jefe del Ejército. 5.-Respetar todos los derechos de los ciudadanos. 7.-No celebrar pactos secretos con el enemigo. 9.-Mantener la disciplina. 10.-No esperar sueldo, únicamente el equipo necesario, como ropa, municiones y alimento. 14.-En cambio de todo eso, el Jefe Supremo del Ejército jura no contraer compromisos políticos con nadie ni con ningún grupo político. Después de leerme esto Sandino dijo: -Como usted ve, estamos trabajando para todos los nicaragüenses, conservadores y liberales. El coronel X, por ejemplo, es conservador, pero está convencido de la razón de nuestra causa. Nosotros no queremos más que arrojar al invasor extranjero. Pero no siendo ustedes lo suficientemente fuertes, resulta peor, porque su oposición hace que aumente el número de marinos y que se intensifique la intervención -le dije. Nosotros -repuso- no protestamos contra la magnitud de la invasión, sino sencillamente contra la invasión. Los Estados Unidos se han metido en los asuntos de Nicaragua durante muchos años. No podemos atenernos a su promesa de que algún día saldrán de aquí. Cada día es más pronunciada la intervención. Los Estados Unidos prometieron a Filipinas darle su independencia, pero las tropas americanas siguen en Filipinas y éste sigue siendo un pueblo avasallado. Dice usted que los gobiernos de Honduras y de El Salvador me son hostiles. Peor para ellos. Mañana se arrepentirán de su actitud. Toda Centroamérica está obligada moralmente a ayudarnos en esta lucha. Mañana cada país de estos tendrá que sostener la misma lucha. Centroamérica debería unirse contra el invasor en lugar de aliarse con el extranjero de otros países de la América Central? -¿Es cierto -le pregunté- como se ha dicho, que la mayor parte de su ejército está formado por aventureros de México y de otros países de la América Central? -No. Tengo oficiales de Costa Rica, de Guatemala, de El Salvador, de Honduras, y aun dos o tres de México, que llegaron atraídos por la justicia de mi causa, pero están en minoría. La médula de mi ejército es nicaragüense y los oficiales que más tiempo han permanecido a mi lado son nicaragüenses. He recibido muchos oficiales de afuera, pero en la mayoría de los casos los he despedido. -Nuestro ejército -dijo Sandino- es fiel y experimentado. Se compone de trabajadores y campesinos que aman a su país. Los intelectuales nos han traicionado y a causa de ello hemos tenido que empuñar las armas. Todo lo que hemos hecho se debe a nuestro propio esfuerzo. -Y ¿qué hay sobre eso de que dos marinos capturados le enseñaron a usted a hacer bombas? -Mentira de los marinos para disimular su derrota. Es satisfactorio para el orgullo de los Estados Unidos pensar que lo que sabemos nos ha sido enseñado por los marinos... Mire, haga el favor de llamar a nuestro fabricante de bombas -le dice a un ayudante. Poco rato después apareció un hombre joven, quien me explicó que las bombas se hacían envolviendo fuertemente una cantidad de dinamita con cuero crudo y poniendo adentro piedras, clavos, pedazos de acero, vidrios, etc. Se me trajo, para que lo viera, una cosa pesada, envuelta en la piel de un animal. Estaba atada con correas de cuero, más que una bomba parecía un osito de esos con que juegan los niños (Teddy-bear). Pero se me dijo que sabiéndola arrojar podía destrozar a gran parte de una compañía. El fabricante de bombas me explicó también la técnica de los cohetes de dinamita usados para bajar aeroplanos. Sandino me proporcionó una lista de las batallas libradas en los alrededores de El Chipote durante los seis meses anteriores. Sus conclusiones eran exageradas, como lo son las de los marinos y posiblemente más: 1.-El Chipote: veinte norteamericanos muertos. 2.-El Ocotal: 80 norteamericanos muertos. 3.-San Fernando: Derrota de los Sandinistas. 4.-Santa Clara: Derrota de los Sandinistas. 5.-Murra: dieciocho norteamericanos muertos; un soldado se suicidó, dos heridos; se capturó una ametralladora Thompson y once rifles. 6.-Telpaneca: Se capturaron muchas armas y muchas municiones. 7.-Las Cruces: (cinco combates): De 250 a 300 americanos muertos; se capturó una bandera de Estados Unidos en uno de los encuentros. El abanderado rehusó entregarla y hubo que cortarle las manos con un machete. Era un valiente y merece elogio. 8.-San Pedro de Susucuyan: Quince americanos muertos; se capturaron cuatro rifles automáticos. 9.-Zapotillal: Fue bajado un aeroplano. 10.-La Conchita: De 60 a 80 marinos muertos. 11.-San Pedro de Hule: No hay datos. 12.-Plan Grande: No hay datos. 13.-Buenavista: Derrota de los Sandinistas. 14.-Las Delicias: Derrota de los Sandinistas. 15.-Amucayan: Sin datos. 16.-Barellal: Sin datos. 17.-Santa Rosa: 36 americanos muertos. 18.-El Mantiado: Sin datos. Pregunté a Sandino sus razones para dejar El Chipote. -Salimos de El Chipote sin disparar un tiro, sin perder un solo soldado, ni un rifle ni un cartucho. Los marinos bombardearon la plaza un día después de nuestra partida. Salimos porque los marinos estaban desvastando la región y destruyendo las casas de nuestros amigos. Nos estaban perjudicando no porque nos atacaran directamente, sino porque aterrorizaban a los campesinos que nos proveían de alimentos. Se necesitan muchas provisiones para mantener un ejército de hombres estacionado en un sitio durante un año. Determinamos llevar la guerra al territorio de nuestros enemigos. La batalla que los marinos ganaron en El Chipote fue falsa. Llamé a mis soldados y les dije que debíamos marchar al interior de Nicaragua para que el mundo civilizado viera cómo se procedía en contra de una nación libre e independiente. Les dije que debíamos arriesgarlo todo y que nuestro lema sería: "Victoria o muerte". Hasta ese momento el éxito había estado de nuestra parte. Después de pasar muchos meses tratando de tomar El Chipote, después de concentrar hombres, municiones y elementos de vida en Ocotal, Nueva Segovia, con objeto de lanzar un ataque general, los marinos reciben la noticia de que ahora me encuentro en Jinotega, en el centro de Nicaragua. Ahora ya pueden traer marinos y más marinos a Jinotega, provisiones y más provisiones. Cuando hayan establecido su base y estén listos para el ataque me dirigiré a Matagalpa o Trinidad, o regresaré a Nueva Segovia, o a Muy Muy o a León, o a cualquiera otra parte. -¿Qué motivo cree usted que tenga el Gobierno americano? -El gobierno americano -dijo con una sonrisa picaresca- desea proteger la vida de los americanos y sus propiedades. Pero le aseguro que jamás he tocado un alfiler perteneciente a un americano. He respetado las propiedades extranjeras y ningún yanqui que haya llegado a Nicaragua sin armas en las manos puede quejarse de nosotros. -¿Entonces usted cree que eso de la protección de los ciudadanos americanos y de propiedad no es más que un pretexto? -La verdad es que el Gobierno americano ha hecho una serie de arreglos muy ventajosos con el régimen que se halla en el poder actualmente y que teme otro Gobierno. Pero si yo formara parte del Gobierno americano y hubiera forzado al presente régimen a vender los derechos del pueblo nicaragüense, luego que hubiera visto de que lado estaba la justicia hubiera cedido. Hubiera vuelto sobre mis pasos antes que ensangrentar a un país. -¿A qué clase de arreglos se refiere usted? Entonces tomó la palabra uno de los oficiales de Sandino: -Hay una concesión a una cierta casa bancaria de Nueva York para construir un ferrocarril en la costa norte. La concesión tiene una cláusula que mataría el tráfico en el Río San Juan. Ahora Greytown es un lugar desierto de donde han huido los habitantes como ratas de un barco que se está hundiendo. Los que pudieron, quemaron sus casas para recoger el seguro. Esta concesión y el previo manejo del ferrocarril también arruinaron a muchos cosecheros del centro de Nicaragua, quienes durante todos estos años se han visto obligados a embarcar sus productos en el Pacífico y luego enviarles vía Panamá a fin de que esta casa aprovechare de los fletes sobre el ferrocarril construido. Los costos de transporte se volvieron prohibitivos, de modo que esta casa y sus socios quedaron en condición de comprar las propiedades de los cafeteros arruinados. Además, se daba preferencia en el ferrocarril al café proveniente de las fincas conectadas con dicha casa, haciendo que el otro se pudriera o hubiera necesidad de sobornar a los que controlan la línea para darle salida. Los cosecheros independientes tuvieron que entregar sus fincas por lo que les quisieron dar. El régimen de esta casa bancaria y de aquellos que estaban relacionados con ella arruinaron al país y colocaron las cadenas de una enorme deuda sobre su cuello, impidiendo que durante mucho tiempo progresase. Esta expoliación económica sucesiva de nuestro país no puede beneficiar de una manera igual los intereses comerciales de los Estados Unidos. La presencia de los marinos en Nicaragua para apoyar semejantes iniquidades es una traición al pueblo de los Estados Unidos. -Y ¿el Canal? Sandino dijo: -Se nos han robado nuestros derechos sobre el canal. Teóricamente se nos pagaron tres millones de dólares. Nicaragua, o más bien los bandidos que controlaban el Gobierno por esa época con ayuda de Washington, recibieron unos cuantos miles de pesos que repartidos entre todos los ciudadanos nicaragüenses, no hubieran bastado para comprar una galleta de soda y una sardina para cada uno. Por medio de ese contrato que firmaron cuatro traidores, perdimos nuestros derechos sobre el canal. Las discusiones acerca de esta venta se llevaron a cabo dentro de un Congreso espurio, a puerta cerrada, que guardaban soldados conservadores ayudados por las bayonetas yanquis. Mi propio padre fue encarcelado porque protestó contra el tratado Bryan-Chamorro y porque se concedieron a los Estados Unidos derechos navales y militares. Mejor hubiera sido que cada nicaragüense recibiera una galleta y una sardina. Personalmente, yo desearía que el canal fuese construido por una compañía privada, reteniendo el gobierno nicaragüense parte de las acciones en cambio de los derechos heridos, a fin de que tuviéramos una entrada en vez de los préstamos hechos por banqueros en condiciones ruinosas, con lo que se pudiera construir ferrocarriles, escuelas y mejorar de una manera general la condición económica del país. De otro modo los dieciocho años de intervención americana en Nicaragua no han hecho más que hundir al país más dentro de la miseria económica. Nosotros -dijo el general- no somos más bandidos de lo que fue Washington. Si el pueblo americano no se hubiera embotado para la justicia y para los elementales derechos de la humanidad, no olvidaría tan fácilmente su pasado cuando un puñado de soldados harapientos marchó a través de la nieve, dejando huellas sangrientas tras de si para ganar la libertad y la independencia. Si sus conciencias no se hubieran endurecido por el enriquecimiento material, los americanos no olvidarían tan fácilmente que una nación, tarde o temprano por débil que sea obtiene su libertad y que cada abuso del poder apresura la destrucción del mismo que lo dirige. Nosotros iremos hacia el sol de la libertad o hacia la muerte; y si morimos, nuestra causa seguirá viviendo. Otros nos seguirán. Carleton Beals Tr. de "THE NATION" |