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Reportaje especial
El misterio del cráneo de Pedrón Altamirano
Roberto SánchezRamírez*/Especial para LA PRENSA
Mayo 30-2005
El general Pedro Altamirano, más conocido como “Pedrón”,
fue muerto a machetazos por un entenado. El general Sandino le tenía
gran confianza y aprecio, cuando se fue a México lo dejó
como Jefe del Estado Mayor. Sus enemigos lo señalaban como un
hombre cruel, que inventó el “corte de chaleco”.
Su cráneo fue traído a Managua. Se ignora su paradero,
probablemente se lo llevaron los infantes de marina como trofeo de guerra
En la foto el teniente Alejandro Zamora, Adrián Suárez
y el oficial de Sanidad, Alejandro Aróstegui, con el cráneo
de “Pedrón”.
“‘Pedrón’, con los defectos que pueda tener,
le está prestando a la patria muchos servicios, mientras que
todos sus acusadores juntos lo único que hacen es mancillarla”,
dijo el general Augusto C. Sandino, cuando le informaron sobre las acusaciones
que se le hacían al general Pedro Altamirano.
Pasados más de tres cuartos de siglo, la figura de “Pedrón”
es todavía causa de polémica y contradicción, en
gran medida por la leyenda negra nacida en el libro que elaboraron varios
oficiales de la Guardia Nacional y que fue publicado con la autoría
de Anastasio Somoza García, el asesino del general Sandino. Los
archivos descubiertos en la casa de Bismark Alvarado, en Catarina, sirvieron
para editar El verdadero Sandino o el calvario de Las Segovias.
En la obra, el fundador de la dictadura dinástica menciona frecuentemente
a “Pedrón” con los peores calificativos. Se le acusa
de haber inventado el “corte de chaleco”, consistente en
cortar los brazos desde el tronco con machete, estando viva la víctima.
Según el libro en mención, bastaba con mencionar el nombre
de “Pedrón” para que cundiera el terror. A pesar
de las acusaciones, el general Sandino le tenía especial aprecio.
GENERAL ANALFABETA
El 6 de mayo de 1931, Pedro Altamirano recibió una especial distinción,
fue ascendido por el general Sandino, a General de División del
Ejército Libertador. Habían pasado unos tres años
desde que se apareció con su mujer María y varios hijos
que a medida que crecían se incorporaban a su tropa, en especial
Melecio, que lo acompañó hasta la muerte.
Pedro Altamirano, campesino, hombre de gesto rudo y pocas palabras,
nunca se quitaba su filoso machete que le colgaba en el costado izquierdo.
Un día se presentó con su familia en El Chipote, como
era conocedor de las montañas, pronto fue un elemento necesario
en las exploraciones y montó sus propias emboscadas. En las filas
enemigas se le acusaba de todo, desde asesino hasta ladrón y
contrabandista.
“Pedrón” nació en una familia campesina, en
Jinotega, en 1870. Cuando lo ascendieron a General de División
era analfabeta y el general Sandino le puso de secretario al general
Juan Santos Morales. Sandino le ordenó a “Pedrón”
que tenía que aprender a leer, al principio lo hacía cancaneado
pero después hasta aprendió a escribir a máquina,
pero con un solo dedo.
“Pedrón” era de absoluta lealtad y fidelidad al general
Sandino. Desconfiado y escurridizo, se atrevió a contradecirlo
cuando se iniciaron las platicas de paz y no estuvo de acuerdo con el
viaje a Managua en febrero de 1933.
Tenía un profundo odio contra las tropas de ocupación
norteamericanas, sobre todo después que los capitanes Puller
y Lee capturaron a dos de sus hijos y a un yerno. Cuando los infantes
de marina supieron que eran de apellido Altamirano, Lee les preguntó:
“¿De la familia de Pedrón?”, a lo que contestó
uno de ellos: “¡No hijo de puta. Del general Altamirano”.
De inmediato fueron ametrallados.
El general Altamirano mereció tanto la confianza del general
Sandino, que cuando éste se marchó a México, quedó
como Jefe del Estado Mayor. Participó en conocidos combates de
la lucha sandinista, entre ellos La Chuscada, el Garrobo, Bocaycito,
el Remanzo, y el más famoso, el del Embocadero, en el cerro Cimarrón.
Con su tropa llegó a controlar parte de los departamentos de
Chontales, Matagalpa y la región de Bluefields, habiendo atacado
y tomado El Rama.
María de Altamirano fue también una activa combatiente
del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua.
Ella junto a su hijo Melecio acompañaban a “Pedron”,
el general Sandino la distinguía y hasta le enviaba correspondencia.
En febrero de 1934, se cuenta que “Pedrón” le rogó
con los ojos llenos de lágrimas al general Sandino que no fuera
a Managua. Cuando se escucharon los rumores del asesinato y la Guardia
Nacional reprimió con saña los campamentos sandinistas,
“Pedrón” escapó a las montañas con
algunos de sus hijos. Se ignora el destino de María.
LA MUERTE DE
“PEDRÓN”
Durante años poco se conoció sobre las circunstancias
en que había muerto “Pedrón”. Se decía
que lo mató la Guardia Nacional. En marzo de 1972 realicé
un viaje por Chontales, comenzando en Santo Domingo. Tuve el apoyo de
Pablito Sobalvarro, ya fallecido, luego estuve en La Libertad y San
Pedro Lóvago. En el primer poblado me encontré con don
Pompilio Bonilla López, quien para entonces trabajaba en el Juzgado
Local. Me contó que había sido Guardia Nacional, con el
número 6834 y que perteneció a la patrulla que fue a traer
la cabeza de “Pedrón”.
Estaba acostumbrado en mis giras periodísticas a escuchar muchos
“cuentos de camino”. Mi mochila cargaba cantidad de apuntes
de relatos que frecuentemente no eran más que frutos de la imaginación
o el deseo de notoriedad, así que al comienzo le presté
poca atención, ante mi actitud me dijo que aguardara, que me
iba a mostrar una foto.
Un poco amarillenta y algo deteriorada, en la foto aparecían
tres hombres, uno de ellos sosteniendo un cráneo. Me dijo que
en la foto estaban el teniente Alejandro Zamora, Adán Suárez
y Alejandro Arosteguí, con el cráneo de “Pedrón”
entre sus manos.
Según don Pompilio, cuando “Pedrón” supo del
asesinato del general Sandino, se internó en las montañas
de Chontales, con unos pocos hombres, incluyendo a su hijo Melecio que
había alcanzado el grado de coronel. Agregó que él
estaba acantonado en La Libertad y les ordenaron salir a patrullar para
ver si terminaban con “Pedrón”. Iban en la patrulla
Gilberto Quintanilla, un oficial de apellido Báez que después
murió en un accidente conduciendo una motocicleta, el raso Pablo
Valle, en total era una patrulla de 25 hombres.
Llegaron hasta Tipilma y supieron que hacía poco había
estado “Pedrón”. Los persiguieron hasta las montañas
de Matagalpa. Pasaron en balsas el río Grande, cuando tenía
fuerte caudal y no estaba contaminado. No pudieron alcanzar a “Pedrón”
y se regresaron. Más tarde lo acantonaron en la mina El Jabalí,
en Santo Domingo, como ordenanza del teniente Alejandro Zamora.
Un día se presentaron dos campesinos y dijeron que habían
matado a “Pedrón”. Relataron que andaban con él
porque la mamá de ellos se convirtió en mujer del guerrillero.
Estaban en un pequeño campamento en el lugar conocido como la
bocana de La Cusuca. La mamá les contó que “Pedrón”
la quería matar y que ellos debían hacer algo, así
que planearon su muerte y la de sus hijos.
Pasada la una de la madrugada, los dos hermanos se levantaron machete
en mano y se acercaron a donde dormían “Pedrón”
y sus hijos. A la orilla estaba el fiel perro de piel tan negra que
era conocido como Azabache. El perro los conocía bien, movió
amistosamente la cola y ni siquiera ladró cuando los cuerpos
quedaron destrozados a machetazos.
La noticia fue transmitida al general J. Rigoberto Reyes y se organizó
una patrulla bajo el mando del teniente Zamora. Iban Alejandro Arosteguí,
oficial de Sanidad y Adán Sáenz, empleado de la mina de
San Gregorio. Salieron de Santo Domingo y la primera noche la pasaron
en la hacienda Palmira, después en la comarca El Carrizal, buscando
la bocana de La Cusuca.
A PURO ÁCIDO
Cuando llegaron a La Cusuca habían pasado ya seis días
de la muerte de “Pedrón” y sus hijos. Los cuerpos
estaban descompuestos. Reconocieron a “Pedrón” porque
era chintano y tenía un diente de oro. Arosteguí le comenzó
a echar un ácido que llevaba. La cabeza fue quedando solo en
el hueso. Se desprendió y la pusieron en una canasta, lavándola
en un río. Los cuerpos fueron sepultados, el de “Pedrón”
sin cabeza.
La patrulla se llevó el cráneo y al perro Azabache. Cuando
llegaron a Santo Domingo se armó un gran alboroto y comenzaron
a tomar fotos. En el trayecto encontraron a unas mujeres que habían
estado en el campamento de “Pedrón” y también
se las trajeron y luego las enviaron a Managua, junto con los campesinos
autores de las muertes y el perro Azabache.
Todavía para 1972, uno de los campesinos que dieron muerte a
“Pedrón” vivía como a seis leguas de Santo
Domingo, no me fue posible entrevistarlo, me contaron que ya era un
anciano. La mayoría han muerto. Alejandro Arosteguí se
convirtió en un respetable y apreciado profesor del Instituto
Pedagógico de Managua; cuando comencé a conocer esta historia,
ya había fallecido, pero tuve oportunidad de conversar con su
esposa, doña Isabel Hernández de Arosteguí, quien
me confirmó la información pues don Alejandro se la había
relatado.
Parte de esta historia se fue confirmando tiempo después. Octavio
Moncada Estrada me contó que para esa época, su hermano
Salvador, era corresponsal del diario Novedades, en Juigalpa y que al
conocerse la noticia viajaron juntos a Santo Domingo, donde pudieron
ver el cráneo de “Pedrón” que todavía
conservaba pequeños trozos de carne descompuesta.
Logré reunir fotos del cráneo, de los dos campesinos que
le dieron muerte, a las personas que vivieron en el campamento, lo que
hasta ahora nunca he podido establecer bien fue la fecha en que perecieron
y la más importante pregunta: ¿Qué se hizo el cráneo
de “Pedrón”?
Todo hace suponer que Somoza García, en un gesto servil, le entregó
el cráneo a los jefes militares norteamericanos para que se lo
llevaran como trofeo. Igual hicieron en México con la cabeza
de Pancho Villa.
EN LOS CAMPAMENTOS
DE SANDINO
Desde la plaza de Quilalí se mira imponente el cerro El Chipote,
donde tuvo su principal campamento el general Augusto C. Sandino. La
primera vez que miré el histórico sitio fue a inicio de
1970, acompañado de un niño, desde entonces preguntón,
curioso y medio gruñón, pantalón corto y calzado
con botitas llamadas burritos, Fabián Medina Sánchez.
Fue en El Chipote que el 2 de septiembre de 1927 se firmó el
documento de constitución del Ejército Defensor de la
Soberanía Nacional de Nicaragua. Ya para 1970 el despale iba
terminando con la montaña. Había variado el clima y no
se sentía el frío que “taladraba los huesos”,
como relata en su obra Salomón de la Selva, frío que aumentaba
cuando llovía. Allí se conoció Pedro Altamirano
con el general Sandino.
Según la crónica de Salomón, el encuentro fue así:
“Cuando llegó Sandino a El Chipote, ya estaba ‘Pedrón’
Altamirano allí con su gente. Sandino recibió el elemento
de guerra capturado. Después hizo pasar a ‘Pedrón’
a su despacho. Los dos hombres quedaron solos, frente a frente. El uno
cargaba su machete. Era un hombrazo. El otro llevaba revólver
al cinto. Era de complexión endeble. Se miraron largo rato, sin
decirse palabra, sosteniéndose fieramente la mirada.
- ¿Con qué ánimo ha venido aquí, señor
Altamirano?
- Puej a quedarme, bajo una condición.
- Yo lo acepto, pero también bajo una condición.
- Juguemos los gallos tapados, a ver si quiere.
- Me cuadra.
- Mi condición es que yo seya general también.
Sandino sonrió.
- Aceptado general Altamirano, pero sepa y entienda que aquí
mando yo. Mi condición es que usted deje de ser conservador y
sea sólo nicaragüense.
- Queda hecho el trato.
Sandino arrugó el entreceño.
- ¡General Altamirano! —dijo con voz altiva.
- ¿Qué manda, mi General? —replicó el otro.
- ¡Entrégueme ese machete!
- Altamirano hizo un gesto de sorpresa, pero se desenfajó el
arma lentamente y la entregó.
- Puede retirarse, General.
- ¡Qué le hubo? —le preguntaban los suyos a Altamirano
al verlo salir solo y desarmado.
- Que nos quedamos a las órdenes del general Sandino y ya no
somos conservadores sino sólo nicas. ¡Tetelque el hombrecito!
- Lo que soy yo, me devuelvo —expuso uno de los de aspecto más
fiero—, que conservador nací y conservador he de morir.
- ¡Bruto! —le replicó Altamirano. ¿Qué
no naciste nica, so bestia? De aquí no se va nadie, que mando
yo y por sobre yo mi general Sandino.
- Sí así es la cosa —dijo el soldado—, me
quedo puej. Si sólo quería que me explicara cómo
era la cuestión. ¡Tan caliente se me puso, mi General!
Estaban en un extremo del corredor. Sandino apareció en el otro
extremo.
- ¡A formar, jodidos! —ordenó Altamirano.
Los treinta y tantos hombres de su séquito se formaron. Altamirano,
al frente de ellos, saludó a Sandino .
- ¡General Altamirano! —le dijo Sandino—. Quiero que
usted porte mi revólver. Es un recuerdo de amistad que le doy.
Hágame una lista escrita de sus soldados para incorporarlos al
Ejército, y vea que busquen acomodo.
- Gracias, mi General”.
POBRES PERO FRATERNOS
Los campamentos del Ejército Defensor de la Soberanía
Nacional de Nicaragua, tenían grandes limitaciones, a veces no
había ni sal. La tropa andaba casi en harapos, calzada con caites,
la mayoría con sombreros de palma. El trato era fraterno y no
existían diferencias aunque tuvieran distintos grados militares.
Había soldados, artilleros y oficiales, también estaban
los palmazones y el Coro de Ángeles. La palabra palmazón
provenía de los hermanos llamados “Palmazón”,
de nombres Chico, Macario y Calixto, muchachos campesinos que murieron
en combate. Cada artillero tenía de ayudantes a un grupo de palmazones.
Los del Coro de Ángeles eran menores de doce años que
en los combates metían ruido y servían de espías,
el coronel Santos López formó parte de esa tropa especial.
El ambiente era alegre. Cuenta José Román que en todos
los campamentos había músicos, cantores que fácilmente
componían coplas relacionadas con la lucha sandinista. En el
campamento del general Sandino había casi una orquesta.
Estaba un acordeonista de apellido Montiel; otro de nombre Miguel era
guitarrista, igual que Máximo, hijo del general Altamirano; Tranquilino
Jarquín, guitarrista y cantor; Pedro Cabrera, guitarrista, cantor
y poeta que también tocaba el clarín de la guardia personal
de Sandino, conocido más como “Cabrerita”. Se tomaba
chicha pero no muy fermentada.
LA CAMCIÓN
MÁS POPULAR
"Aquí están los defensores,
que con plomo y no con flores,
luchamos por libertar
a nuestra patria adorada
que traidores sin conciencia
la vendieron por un real.
Nuestra patria es la sultana
linda, centroamericana,
de los lagos y el pinar,
donde los nicaragüenses
que entendemos el honor,
por nuestra patria querida
estamos dando la vida
contra el yanqui y el traidor.
Aquí están los guerrilleros,
terror de filibusteros
que nos quieren humillar.
Aquí están los indios fieros,
Nicaragua, Nicaragua,
que te van a libertar,
porque ha sido tu destino
que Augusto César Sandino
nos lleve por el camino
donde vamos a triunfar".
FUENTE BIBLIOGRÁFICA
Con Sandino en Nicaragua, Ramón de Belausteguigoitia. Junto a
Sandino, Gregorio U. Gilbert. Maldito país, José Román.
El pensamiento vivo de Sandino, Sergio Ramírez Mercado. Banana
gold, Carleton Beals. La guerra de Sandino o el pueblo desnudo, Salomón
de la Selva. Sandino y los US Marines, compiladores R.R. Isaguirre y
A. Martínez R. El verdadero Sandino o el calvario de Las Segovias,
Anastasio Somoza García. Ahora sé que Sandino manda, publicación
del Instituto de Estudios del Sandinismo. Sandino o la tragedia de un
pueblo, Sofonías Salvatierra. Sandino, General de hombres libres,
Gregorio Selser. Augusto C. Sandino, escritos literarios y documentos
desconocidos, Jorge Eduardo Arellano. Sandino, Neill Macauley. Hombre
del Caribe, Abelardo Cuadra.
* Academia de geografía e historia de nicaragua |