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| EL MUCHACHO
DE NIQUINOHOMO II Sergio Ramírez Mercado Las facciones en disputa en Nicaragua, firmaron un acuerdo de paz y se dieron una larga tregua después de concluida esta guerra, dejándose a las familias conservadoras de Granada gobernar el país por espacio de casi treinta años que coincidía también con una tregua que los imperios capitalistas se daban sobre el canal, obligados por la guerra de Secesión en los Estados Unidos y por las luchas coloniales de Inglaterra en el África. El proyecto del canal se deja dormir todos estos años en que si no hay guerras, tampoco hay mucho que cambie en Nicaragua; un gobierno patriarcal que cuida del país como si se tratara de una hacienda ganadera. Al ocurrir la derrota de la Comuna de París en 1870, el capitalismo mundial haría un nuevo empuje que envolvería más que nunca a países marginales como los centroamericanos, en la producción indefectible de materias primas para las industrias metropolitanas. En este nuevo panorama internacional, Centroamérica producirá y explotará primeramente café y más tarde bananos. En el primer caso, como la caficultura requiere de un nuevo orden agrario, ya que debe concentrarse la tierra y disponerse de abundante mano de obra campesina, es la oportunidad de que los grupos liberales puedan derrocar por medio de revoluciones acaudilladas por militares, a los gobiernos conservadores, y expropiar las tierras de la Iglesia Católica. Se forma así, primero en Guatemala en 1872, un gobierno de terratenientes cafícultores de credo liberal y aquella ola de cambios, aunque tardaría en llegar a Nicaragua, produciría en 1893 el derrocamiento de los conservadores granadinos y el establecimiento de una dictadura militar liberal, que preside el General José Santos Zelaya. En el segundo caso, la producción de banano se realiza por medio de la ocupación de enormes cantidades de tierra por parte de compañías norteamericanas como la United Fruit Company, que ya a comienzos del siglo XX cultivan, exportan y comercian el banano. Las plantaciones bananeras llegarían a ser verdaderos Estados, con sus leyes, ciudades, fuerzas de policía, tiendas, almacenes, moneda; y los países donde se establecieron no percibirían más que pálidos beneficios y estarían al margen de esos imperios. El General Zelaya gobierna a Nicaragua por 16 años, durante los cuales logra medidas de progreso y consolidación nacional, como la reincorporación del territorio inglés; y entre sus planes no deja nunca de estar la construcción del canal, pues Zelaya participaba ardorosamente de la ideología de que el progreso sólo podría lograrse por medio del capitalismo mundial en expansión. Sólo el canal llegaría a ser la fuente de riqueza y transformación del país. Es entonces cuando el presupuesto calculado de América for the americans sufre alteraciones impuestas por la nueva etapa en que entran los Estados Unidos en su expansión imperial, han librado su guerra contra España por el dominio de Cuba y Teodoro Roosevelt toma violentamente el territorio de Panamá, agregándolo de Colombia, para asegurarse la construcción, al fin, de un canal interoceánico. Y la doctrina Monroe es ahora la del big stick, bajo la cual se ocupa militarmente Haití, Santo Domingo, Cuba, Honduras, México, Nicaragua. Cuando Zelaya advierte que los Estados Unidos no estarán ya más interesados en un canal por Nicaragua al haberse decidido por Panamá, intenta negociar una concesión canalera con otras potencias extranjeras y busca contactos con Alemania y el Japón. Su caída del poder que se produce en el año 1909, y la subsiguiente ocupación de Nicaragua por la Marina de Guerra yanki, es provocada en parte por semejante intento; y porque su hostilidad contra Estados Unidos, toma a Zelaya bajo los fuegos de la también recién inaugurada doctrina de la Dollar diplomacy, que convierte al Departamento de Estado en agente de los banqueros y financieros, para operaciones de préstamos e hipotecas que requieren de gobiernos dóciles en el área del Caribe; y cuando no, los marines pasan a ser la policía de esos mismos banqueros, y a vigilar también que no se perturbe la paz de los enclaves bananeros. Para entonces ya los países centroamericanos pertenecen a la United Fruit Co. y a Boccaro Brothers & Co., que deponen presidentes, compran diputados y derogan y emiten leyes, encienden guerras. Son las banana republics. A finales de 1909, los conservadores, con la franca ayuda del Departamento de Estado, se levantan en armas contra Zelaya en la Costa Atlántica del país, una región selvática y aislada y de enorme extensión, propicia para revueltas, su ejército insurgente está financiado por The Rosario and Light Mines Co., empresa minera yanqui de la familia Buchanin establecida en el país y a la que Zelaya reclamaba impuestos no pagados; dos norteamericanos enrolados como mercenarios en las filas conservadoras son fusilados por el gobierno, lo cual sirve de pretexto y ocasión al Secretario de Estado, Mr. Philander C. Knox -abogado de The Rosario & Light Mines Co., y consejero legal de la familia Buchanan- para desconocer al régimen de Zelaya por medio de una nota diolomática que al llegar a manos de Zelaya el 9 de diciembre de 1909, provocó su renuncia a la Presidencia, veinticuatro horas después, ya que en el juego de relación de poder de Estados Unidos en el Caribe, una comunicación semejante equivalía a una destitución; pasando el cargo a manos del Dr. José Madriz, quien no puede sostenerse pues los barcos de guerra yanquis patrullan las costas nicaragüenses, llevan armas a los alzados y detienen el avance de las fuerzas gubernamentales, declarando "zonas neutrales" los territorios en poder de éstos, y protegiendo a los rebeldes para que colecten impuestos de aduana. Los generales conservadores entran a Managua y forman de acuerdo con Estados Unidos, un gobierno cuya cabeza sería poco tiempo después el contador jefe de la Rosario & Light Mines Co., Adolfo Díaz. Mr. Knox, envía pronto a uno de los abogados de su firma, Mr. Dawson, a imponer al gobierno conservador una serie de condiciones que se conocen como "Los Pactos Dawson", contratación de préstamos para "salvar las finanzas del país", exclusivamente con banqueros norteamericanos; ninguna clase de concesiones (lo cual incluye claro está los derechos canaleros) a otras potencias, y los dictados de cómo deberá organizarse el nuevo régimen. Nicaragua pasa a ser de inmediato, y como se le conocía en los círculos financieros internacionales, la Brown Brothers Republic, pues aquella compañía junto con J. & W. Sehgman, U. S. Morgage Trust Company y otras más, se dividieron como en el Evangelio, las vestiduras del país: tomaron en prenda sus ferrocarriles, las entradas de aduanas, se posesionaron de los bancos, de las minas, y en el año de 1912, como "el contador jefe" iba a ser derrocado por uno de sus antiguos aliados, presto a su solicitud desembarcó la Marina de Guerra y bombardeó la ciudad de Masaya; los marines entraron en combato y capturaron al jefe rebelde, a quien internaron en la Zona del Canal de Panamá como recluso; surgiría entonces como héroe nacional el General Benjamín Zeledón, "el indio Zeledón" que no se rindió a los ocupantes; sería perseguido y asesinado y su cadáver paseado a la vista pública sobre el lomo de un caballo. Desde esa fecha, las fuerzas de ocupación norteamericanas permanecerían en posesión del país, amparando con sus bayonetas a los gobiernos conservadores que se suceden hasta 1928 entre primos y parientes, y que documento continúan entregando a la nación a los intereses extranjeros, adquiriendo deudas usurarias y dando más bienes y recursos en prenda; el punto culminante fue alcanzado en 1914, cuando el General Emiliano Chamorro, embajador de Adolfo Díaz en Washington, firma con el Secretario de Estado, Mr. Jennis Bryan, un tratado que permito al gobierno de los Estados Unidos la construcción del canal interoceánico, con ejercicio de soberanía sobre las áreas necesarias de territorio y con facultad de construir bases navales en el Golfo de Fonseca y en las Islas de Maíz: "El Gobierno de los Estados Unidos tendrá la opción de renovar por otro lapso de noventa y nueve años, el arriendo y concesiones referidos, a la expiración de los respectivos plazos; siendo expresamente convenido que el territorio que por el presente se arrienda y la base naval que puede ser establecida en virtud de la concesión ya mencionada, estarán sujetos exclusivamente a las leyes y soberana autoridad de los Estados Unidos". Dice parte del texto de esto contrato de venta de la soberanía de una nación, por lo cual se pagaron a los gobernantes tres millones de dólares que de inmediato se entregaron a los mismos banqueros para consolidar a las viejas deudas, todo en una operación de tan vergonzosa tristeza que el mismo Senado norteamericano se negó durante varios años a ratificarla. Por este tratado Estados Unidos no obtenía tanto una concesión para construir un canal, sino al contrario, para que nadie más lo construyera, pues teniendo el de Panamá concluido ese mismo año no estaban interesados en una nueva empresa que demandaba muchos millones de dólares. Allí estaban Díaz y Chamorro para garantizar esa exclusividad y la Marina de Guerra, para garantizarlos a ellos.En 1923, uno de los presidentes de la familia muere repentinamente, y el cargo pasa a don Bartolomé Martínez, el primero de los presidentes conservadores que no pertenecía por parentesco a la oligarquía y por tanto, tenía cierta posibilidad de actuar independientemente, redimió muchas de las deudas con los banqueros yanquis, rescató las acciones del Banco Nacional que pasó a ser propiedad del Estado; y buscó una alianza con los liberales para oponerse a la oligarquía conservadora granadina en las siguientes elecciones que se celebrarían en 1925, después de las cuales los Estados Unidos habían anunciado que retirarían del país las fuerzas de ocupación, pues una vez garantizada la opción del canal a través del Tratado Chamorro-Bryan su permanencia no se hacía ya tan necesaria. La coalición dirigida por el Presidente Martínez, sale triunfante de las elecciones y gana la Presidencia Carlos Solórzano, conservador; y la Vice-Presidencia el Dr. Juan Bautista Sacasa, de la oligarquía liberal leonesa. Ha sido derrotado el General Emiliano Chamorro, a quien los norteamericanos ya habían dado un período presidencial como premio por la firma del tratado canalero; caudillo de muchas artimañas y de vivas ambiciones personales. Chamorro no queda conforme con esta derrota y sobre todo cuando cree disfrutar siempre del favor del Departamento de Estado. Los Estados Unidos, no obstante, habían aprobado la elección de Solórzano, un señor sin luces, cuyo terror de gobernar sin la presencia de los marinos lo llevó a suplicar que no se fueran del país. Pero éstos se van de todas maneras en agosto de 1925, sólo para regresar pocos meses después. Chamorro derrocó en octubre de 1925 a Solórzano y en enero de 1926 se hizo proclamar Presidente de la República por el Congreso Nacional. Sus cálculos con respecto a la bendición yanqui que debía de recibir de inmediato para sostenerse en el poder, quedan sin embargo entrampados a causa de un error técnico; años antes Estados Unidos había hecho firmar a los países centroamericanos un "Tratado de Paz y Amistad", que el gobierno yanqui suscribía en una de sus cláusulas más importantes: no podía reconocerse diplomáticamente entre las partes contratantes, a gobiernos surgidos de golpes de estado. Los liberales reclaman que de acuerdo con la Constitución, la Presidencia corresponde al Vice-Presidente Sacasa y para amparar esta demanda provocan en la Costa Atlántica un primer levantamiento, rápidamente copado por barcos de guerra norteamericanos en mayo de 1926. Como resultaba demasiado evidente para el Departamento de Estado reconocer de inmediato a su fiel y viejo servidor Chamorro, pasando por encima del "Tratado de Paz y Amistad", los Estados Unidos llevan hasta aguas del puerto de Corinto en el Pacífico un barco de guerra, The Denver, y hacen subir a representantes de los dos partidos para unas pláticas de paz celebradas en octubre de 1926, que fracasan. Los yanquis, para apaciguar los ánimos, obligan entonces a Chamorro a dejar la Presidencia y en su lugar imponen a otro viejo amigo, "el contador-jefe" Adolfo Díaz. Los liberales habían hecho un nuevo desembarco en el Atlántico en agosto del mismo año, con ayuda y armamentos proporcionados por el gobierno de México, en disputa entonces con los Estados Unidos; Sacasa instala un gobierno liberal en Puerto Cabezas en diciembre, y el Ministro de Guerra de su Gabinete, el General José María Moncada, inicia las operaciones de avance del ejército revolucionario hacia el Pacífico, comenzando así "la guerra constitucionalista". La ayuda mexicana a los insurgentes, sirve de pretexto al gobierno yanqui para justificar su apoyo a Adolfo Díaz, y para movilizar de inmediato numerosos barcos de guerra a Nicaragua y preparar nutridos desembarcos destinados a obstaculizar la marcha del "ejército constitucionalista" que comanda Moncada. Para entonces ha culminado ya el proceso de la revolución mexicana iniciado en 1911; como resultado, se había puesto en marcha una reforma agraria y los gobiernos posteriores a la revolución defendían una política nacionalista que incluía el clamor por la nacionalización de los recursos naturales; el petróleo mexicano de la Costa del Golfo, en Veracruz y Tamaulipas, estaba en poder de poderosos consorcios yanquis. (Años después, el General Lázaro Cárdenas recuperaría para México esos yacimientos). En Washington, el Secretario de Estado Frank B. Kellog, acusaría a "los bolcheviques mexicanos" de fomentar el desorden y la intranquilidad, en un país de "gobiernos ejemplares" como Nicaragua. La situación militar se deteriora rápidamente para el gobierno de Díaz, y la Marina de Guerra sabe que aquél no puede sostenerse sin su providencial ayuda, que no tardan en darle otra vez las "victoriosas" columnas de marines. Desembarcan primero en el Atlántico en diciembre de 1926, donde rodean y aislan, dentro de sus famosas operaciones de declaración de "zonas neutrales" a Sacasa y sus ministros, siendo gran parte del armamento y municiones lanzadas al agua; y en enero de 1927, ocupan la Costa del Pacífico, posesionándose de los puertos, la vía férrea y las principales ciudades; el 9 de enero, participan con sus aviones en la batalla de Chinandega, arrasando en llamas la dudad. Pero el "Ejército Constitucionalista" marcha ya por las selvas, desde Laguna de Perlas, por las montañas de Las Segovias y los llanos de Chontales y Boaco hada el Pacifico y pese a la presencia de los marines, sus avances lo llevan en el mes de abril de 1927, a estar en posición de atacar muy pronto la capital. El Presidente Coolidge, interesado personalmente en evitar la caída del Contador-Jefe Adolfo Díaz, pide a su amigo personal, el Sr. Henry Stimson, que viaje a Nicaragua para que allá, con plenos poderes arregle la situación a cualquier precio. Mr. Stimson llega a Nicaragua a fines de abril y el 4 de mayo se entrevista con el General Moncada en la Villa de Tipitapa, a pocos kilómetros de la capital; se ha impuesto una tregua y las fuerzas liberales ocupan Boaco, que cierra el dominio sobre más de la mitad del país. En aquella plática, Stimson sólo deja a Moncada dos alternativas: firmar un armisticio que permitiría a Díaz continuar en la Presidencia hasta las siguientes elecciones de 1928, elecciones que se celebrarían con garantía de la vigilancia de los marinos, quienes por supuesto seguirían en el país; o por el contrario, hacer frente a las fuerzas de ocupación que de inmediato entrarían en guerra con los rebeldes para desarmarlos. Moncada, eligió la primera alternativa. Mr. Stimson refiere en sus memorias sobre esta misión en Nicaragua, que aquel General insurrecto le pareció un hombre de gran atractivo y no común talento, lo cual no significaría otra cosa que Moncada era un hombre viable para ser Presidente. Esas señales no pasarían desapercibidas para Moncada, quien de regreso en Boaco reunió a su consejo de generales y les recomendó aceptar la rendición. Mientras tanto, se haría una alegre repartición de puestos públicos entre los jefes guerreros liberales, y a cada uno se dejaría en posesión de las mulas y caballos de su columna, remunerándoles también con diez dólares por cada día peleado. Excepto para Moncada, el precio de la rendición no era elevado, pero todos aceptaron, por medio de un telegrama que se transmitió al Comando Militar norteamericano el 8 de mayo. Todos, menos uno. Y aquí comienza la historia del General Augusto César Sandino. |