| Lawrence Pezzullo describe paso
a paso el final de Somoza Adolfo Pastran Arancibia |
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Eran las 4:30 de la madrugada del l7 de julio de 1979. Las tenues luces de Managua aún permanecían encendidas y arrancaron lágrimas a Anastasio Somoza Debayle, cuando las vio por última vez, al levantar vuelo el helicóptero que lo llevó de la Loma de Tiscapa a la terminal aérea. Tres aviones levantaron vuelo del Aeropuerto Internacional: Un Convair 880, un Learjet que era el avión particular de Somoza y un Dehavilland 125-600. Cargaban en sus entrañas a la "flor y nata" del somocismo: El Estado Mayor de la G.N. los Comandantes Departamentales, el último gabinete de gobierno y el personal de seguridad de "alto vuelo" de Tacho. Somoza Portocarrero llegó con 35 minutos de retraso. Somoza Debayle se angustió por la demora creyendo que los sandinistas lo habían capturado o que había cumplido su promesa de quedarse combatiendo, "porque la guardia nunca ha sido derrotada". El rostro de Somoza estaba demacrado y pálido. No sólo por las horas de desvelo, sino por el pánico que tenía de ser asesinado por la Guardia por dejarlos en la encrucijada de la guerra. Antes de subir al avión uno de los guardias se le aproximó a pedirle dinero, armado con un fusil. Rápidamente metió su mano al bolsillo y sacó dos mil córdobas que andaba y se los dio "sin chistar". Pero según el testimonio del Embajador Lawrence Pezzullo, nadie supo jamás cuánta fortuna líquida y en bienes logró acumular Somoza fuera del país. "Pudieron ser 200 millones o mil millones, nadie sabe", dijo Pezzullo, en su obra "The fall of Somoza" -la caída de Somoza, un libro de 300 páginas, donde rompió el sigilo diplomático en respuesta a Somoza que desacreditó al gobierno de Carter nombrándolo traidor en su libro: "Nicaragua betrayed" (Nicaragua traicionada). Somoza hizo el libro en base a las grabaciones que hizo de las conversaciones secretas con Pezzullo en la Loma de Tiscapa y un material documental que guardaba Luis Pallais en Miami, del diario Novedades, el que le remitió al Paraguay con Kláus Sengelmann. Pezzullo hizo el libro en Baltimore, donde se retiró a vivir tras dejar su cargo diplomático, usando como base documental todos los memorandums secretos que recibía y enviaba de la Embajada Americana, en los días finales de la dictadura. Luis Pallais Debayle, primo de Somoza y el que recibió su renuncia escrita, brindó testimonio a 7 DIAS en Miami, recordando las últimas horas de Tacho y recordando que seis días antes de que lo ultimaran a bazucazos en Paraguay, le había confiado: "Realmente Luis, duré mucho en el poder...It was too much Somoza". Somoza recibió de Pezzullo dos recomendaciones antes de abordar el avión que lo llevó a Homestead, Miami: No hablar con Reagan y no inmiscuirse en política en los Estados Unidos. "Si se pone en contacto con Reagan, lo extraditamos a Nicaragua. Somoza se preguntó entonces: ¿Por qué Reagan? "si yo ni siquiera conocía a ese hombre. Más bien creía que me iban a prohibir usar mis influencias con John Conally, gobernador de Texas, George Bush o Gerald Ford, pero por alguna razón que desconozco especificó a Ronald Reagan". En aquel momento alejar a Somoza de Reagan era razonable. Si le confiaba los aspectos secretos de su renuncia y la presión que sufrió de Carter, pudo ser usado por éste en su campaña presidencial contra Carter. Otro detalle que nunca se explicó Somoza fue que Pezzullo, al abandonar el país "le garantizó que estarían fuera unos seis meses y que después podría retornar al país junto con los miembros de su gabinete". "También garantizó que la guardia no se desintegraría, que la protegerían y estarían juntos. En realidad esto lo cumplió al pie de la letra, porque efectivamente la guardia quedó junta, pero en las prisiones de los sandinistas", dijo Somoza en un amargo recuerdo de su final. Pezullo señala en el exordio de su libro, que llegó a Nicaragua en junio de 1979: "para negociar la renuncia de Somoza, el embajador Pezzullo tuvo que batallar con un déspota terco y con la agitación y nerviosismo de Washington". En su experiencia, recogida en la obra de más de 300 páginas, el diplomático norteamericano ya retirado, expone que su vida corrió peligro durante el efímero gobierno de Urcuyo, pues varios guardias apuntaron a su avión con armas pesadas cuando decidió abandonar Nicaragua al romperse los acuerdos de la transición. El mundo diplomático generalmente encierra en cuatro paredes herméticas todo el protagonismo de sus funcionarios. Los diplomáticos de tradición, son cautelosos y discretos. No hay dudas que en el caso de Pezzullo, esto se rompe cuando Somoza arremete contra él y otros funcionarios del gobierno de Carter en el libro del dictador, "Nicaragua traicionada". Pezzullo describe así el tramo final de la guerra: "El deterioro de Somoza en el terreno era creciente cada hora. Había más de cinco mil combatientes que sobrevivieron al repliegue de Managua. El FSLN había triunfado -ciudad por ciudad- en Masaya, Masatepe, San Marcos, Diriamba y Jinotepe. Los defensores de la Guardia Nacional se retiraron a Granada. Aunque la Guardia todavía conservaba ventaja porque tenían equipo muy superior y más pertrechos, la pérdida de mucho arsenal de guerra y el cese de las importaciones de armamentos le había cortado en gran medida el abastecimiento de equipo bélico. De los cuatro tanques originales marca Sherman, sólo uno estaba funcionando. Los rebeldes había destruido uno y capturado otro, y un cuarto lo habían desmantelado para utilizar sus partes. De los cuarenta vehículos blindados ingleses Staghound, sólo quince eran funcionales. De los 45 pequeños aviones de la Fuerza Aérea, no quedaban muchos, algunos estaban descartados por problemas mecánicas o porque se habían averiado en los combates, y en uno se habían escapado su piloto. Los comandantes de la Guardia se mantenían atontados y descuidados. Temprano en la mañana del 4 de julio, un bombardeo aéreo fue requerido por "Massachussets", que era el código del Comandante del cerro El Coyotepe, ubicado frente a la ciudad de Masaya, la que había sido tomada por fuerzas del FSLN. "Massachussets" llamaba a "Búfalo", - Anastacio Somoza- para decirle que "los chacales" estaban descargando armas de un avión bimotor que recién había aterrizado en la carretera a Masaya. Un ayudante le dijo que "Búfalo estaba dormido". Cuando "Massachussets" le solicitó hablar con "Alfa Sierra Delta", que era Somoza, se le dijo que "el Presidente está dormido y no se le puede despertar". De esta manera, "Massachusets" vio como fue descargado el avión sin poder tomar medidas". EN DESBANDADA "Cuando me reuní con Somoza el 4 de julio de 1979, él admitió que la situación militar se había deteriorado. "El Chigüín, reportaba que si bien la moral de los oficiales de la Guardia de grado medio era fuerte, a medida que pasaban las horas estaban más angustiados. Irónicamente las cosas cambiaron de rumbo, los Somoza nos estaban presionando para que ellos pudieran irse. Tacho dijo que "una solución política temprana es necesaria, si la Guardia no puede defenderse por ella misma. Yo me veré obligado a actuar por mi parte para salvar a las personas que están cerca de mí". Por su parte, Luis Pallais estaba teniendo problemas para mantener el quórum de los congresistas en Nicaragua. A su hijo le dieron la responsabilidad de transportar a los congresistas liberales de regreso a Miami. Al ver las condiciones difíciles en Managua, muchos de ellos rápidamente se fueron del país, mientras los diputados conservadores se mantenían en sus lugares; el proyecto de atender y participar en una sesión del Congreso para aceptar la renuncia de Somoza los ponía muy contentos. Pallais estaba frustrado, una vez me espetó: "Yo oí que el presidente Carter se reunió con Torrijos para trabajar una solución democrática y que el embajador Bowdler se estaba reuniendo con representantes de los países andinos y con la Junta, pero usted no nos da detalles y nos dice a nosotros que esperemos". Yo les aseguré que muy pronto haríamos algún movimiento. "Así lo espero", dijo Somoza ya cansado. Al regresar a la Embajada, envié un cable de manera veloz a Washington con mi análisis: Nuestro estimado de la lucha y de los problemas dentro de la Guardia Nacional se deriva, en gran medida, de la ansiedad creciente dentro del círculo de Somoza. Yo estoy más preocupado respecto de los temores de los oficiales medios y menores de la Guardia en este momento. Ellos tendrán que permanecer para prevenir una barrida del FSLN". WASHINGTON DUAL "Típicamente, Washington tenía sus propias preocupaciones, específicamente la crisis política de la administración y la imagen de ésta, ya fuera de ganancias o de pérdidas en este punto. En una conferencia de prensa en la ciudad de México, después de visitar a su amigo, el Sha de Irán, el ex presidente Richard Nixon dijo que el presidente Carter "no debería retorcer los rieles de nuestros amigos". Nixon dijo que la escogencia era "no entre Somoza y alguien mejor, sino entre Somoza y alguien mucho peor". Pastor, del Consejo Nacional de Seguridad, se quejó de que los Estados Unidos estaban involucrados ya tan profundamente, que tenían responsabilidad en que el proyecto avanzara. Bill Bowdler retornó a San José, Costa Rica, el 4 de julio, para darse cuenta de una reunión del FSLN, suspicaz de las intenciones de Estados Unidos. También ellos se sentían intimidados por la situación militar. Sergio Ramírez, miembro de la Junta, dijo: "Somoza ya perdió la guerra". A pesar de dicha conversación con la Junta, el general Torrijos entregó el plan que él había acordado en Washington. Los líderes sandinistas Tomás Borge y Daniel Ortega se fueron a Panamá. Ahí, él trató de convencerlos de ampliar la Junta. Después de escuchar al general, Ortega y Borge consultaron con Fidel Castro, quien les aconsejó aceptar la sugerencia de Torrijos". ARREGLOS "Mientras tanto, Vyron Vaky estaba en Caracas, donde el presidente Carlos Andrés Pérez sugirió a cinco nombres: el general Julio Gutiérrez, Mariano Fiallos, Emilio Alvarez Montalván, Ernesto Fernández Hollman, un líder economista conservador, y Jaime Chamorro Cardenal, hermano del asesinado editor de La Prensa. La Junta se sentía presionada. El día 5 de julio, Sergio Ramírez dijo: "Nosotros no estamos dispuestos a conversar en el sentido de ampliar la Junta. Eso debe ser hecho directamente entre los nicaragüenses". Para entonces, la Junta recibía muchas llamadas de Carlos Andrés Pérez, el general Omar Torrijos y miembros del grupo Pacto Andino. El presidente de Costa Rica, Rodrigo Carazo, llamó a la Junta y le urgió a aceptar a más miembros. Irónicamente fueron los moderados los que se resistieron a la ampliación de la misma. El líder del Frente Amplio Opositor y miembro de la Junta, Alfonso Robelo, dijo que él, "no veía razones para que los Estados Unidos tuvieran que imponer condiciones en como nosotros deberíamos gobernar Nicaragua. Yo no veo lógica en la cuestión de ampliar la Junta cuando ha sido respaldada por el COSEP y por la FAO". Violeta Chamorro hizo un llamado a no ampliar la Junta y que "resentía una intervención en los asuntos nicaragüenses", amenazando con renunciar. Cuando el presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez, trató de hacerle cambiar su modo de pensar, ella estalló en llanto y dijo que si ella era un obstáculo de algún tipo para un arreglo entre presidentes de Venezuela, Costa Rica, Panamá y los Estados Unidos, ella se haría a un lado, pero ella estaría de acuerdo con los cambios. MAS CABILDEOS Conversaciones en San José, Managua y Washington se enfocaban sobre la sobrevivencia de la Guardia Nacional, nadie estaba tomando iniciativas, el secretario Vaky empezaba a tener dudas, las cuales fueron expresadas por él, el diez de julio en el Consejo de Seguridad Nacional. La opinión de todos era que el asunto tenía que funcionar o "lo haremos funcionar", pero nadie decía como. Sus enfoques estaban encaminados hacia la búsqueda de un nuevo comandante de la Guardia Nacional, aceptable para todas las partes. En una reunión de coordinación del Consejo de Seguridad Nacional, el día 9 de julio, se propusieron nombres de adelante para atrás. El general Julio Gutiérrez fue finalmente descartado debido a su rechazo de regresar a la región. Varios nombres sugeridos por el FSLN, incluyendo al general Bernardino Larios, quien había salido de la Guardia para irse con los sandinistas, fueron descartados por el Departamento de Defensa. La preocupación era que ellos no podrían ganar apoyo de la Guardia. Increíblemente, el coronel Inocente Mojica, el attaché militar en Guatemala, quien había expresado no tener interés en el cargo cuando Bowdler y yo nos reunimos con él, emergió de pronto como el candidato líder. Brzeznisky quería ofrecer al nuevo comandante de la Guardia, las seguridades en la forma de asistencia militar. PREPARAN LAS MALETAS Mientras tanto, Somoza planeaba partir. Su amante Dinorah, ya lo esperaba en la Florida. Visas múltiples de turistas de cuatro años ya habían sido entregadas a miembros de su gabinete y de su entorno. Cuando yo me reuní con él en "La Curvita", la tarde del cinco, observé maletas cargadas esperando en los pasillos. Somoza preguntó si los que se marchaban con él podrían convertirse en residentes legales de los Estados Unidos. Yo le expliqué que él tenía prioridad como esposo de una ciudadana de los Estados Unidos: una vez más preguntó cuando podríamos establecer un día para su renuncia. El tenía temores de ser asesinado, yo le dije que estaba seguro de que él sabía defenderse solo. "Entonces déjeme preguntarle esto, señor embajador, ¿cómo un ex presidente bona fide podré yo tener inmunidad diplomática en los Estados Unidos o no?", preguntó. Yo le respondí: "Bien, no es asunto de inmunidad diplomática", refiriéndome a las guías entregadas por los asesores legales semanas antes. "Por ejemplo, un embajador tiene más derechos que un ciudadano, usted no tendría esa inmunidad, pero tendrá todas las protecciones que le confiere la Ley, de igual manera que cualquier ciudadano de Estados Unidos". SOMOZA ESCOGE A SU "RELEVO" El 14 de julio fue un día crucial en la historia de Nicaragua. Cuando yo me reuní con Somoza temprano anunció que se iría el martes 17 de julio en la mañana. El lunes no podría ser porque esperaba la visita de el Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, Zambrano. Se decía que Somoza estaba tomando en exceso, sin embargo se mantenía alerta. Le anunció a Tom O'Donnel y a mí que había seleccionado al liberal Francisco Urcuyo como presidente interino porque era un hombre firme, es de Rivas y su sobrina está casada con Pedro Joaquín Chamorro Barrios, hijo del asesinado editor del periódico La Prensa. Urcuyo era un médico especializado en México, estuvo por allá varias veces y supuestamente debió ser aceptado por toda la comunidad latinoamericana. Con esa decisión tomada, nos movimos hacia el nuevo Comandante de la Guardia. "El oficial que llene este cargo será el instrumento principal para asegurar que la guardia sobreviva". Yo dije, " su rol será reforzado si cuenta con la credibilidad de los otros oficiales de la Guardia, la Comunidad Internacional y la Junta". Le señalé que Washington opinaba que el coronel Inocente Mojica reunía esas cualidades. Somoza frunció el ceño y dijo: "El está retirado y no sé si es bien conocido por los oficiales activos para poder obtener apoyo y respeto". Por su parte, sugirió al general Heberto Sánchez, anterior jefe de la Fuerza Aérea. LA ELECCION DE URCUYO Era casi media noche, pero bajo las luces artificiales del Salón Rubén Darío del Hotel Intercontinental, podía ser cualquier hora. La gruesa alfombra de la entrada principal del hotel, era del color de la sangre y sobre ella, se encontraban aproximadamente 75 diputados de los partidos liberal y conservador, quienes había estado ahí por horas. Todos vestían guayaberas, algunos de ellos se había ido a sus habitaciones para tomarse unos tragos. Estaban ansiosos sobre sus actividades y de regresar donde sus familiares. Alrededor de la una de la madrugada del 17 de julio, cuando Chico estaba en el ascensor del Hotel, muchos de los congresistas estaban borrachos. El era el único que vestía saco y corbata. El secretario político, Alceo Tablada y Solís, leyó la renuncia de Somoza. "Habiendo consultado a los gobiernos que están interesados en la pacificación del país, he decidido aceptar la resolución de la OEA y de esta manera renuncio a la Presidencia a la cual fui electo popularmente. Mi renuncia es irrevocable, he combatido al comunismo y creo que cuando la verdad sea conocida, la historia se encargará de decir que era lo correcto". Se dio un breve aplauso, llantos de incredulidad, muchas lágrimas. Pablo Réner, nombró a Francisco Urcuyo como sucesor de Somoza. Una vez que Urcuyo fue electo por unanimidad, Luis Pallais Debayle le colocó la banda presidencial sobre el pecho. La sesión tardó aproximadamente media hora. La mayoría de los congresistas corrieron a sus habitaciones a retirar sus maletas y a volar buscando seguridad. Urcuyo posteriormente rompió todos los acuerdos. Lo llamé y me dijo que tenía que reunirse con sus comandantes a las diez de la noche. "Es que tiene que ver con lo que había ya acordado", le dije. Urcuyo respondió de manera tajante: "Yo no sé nada de eso, tengo una reunión con mis comandantes a las diez. No sé nada sobre esas cosas". Luego le dije: "No hay duda que usted las comprenden, usted se sentó con el presidente Somoza cuando revisamos los acuerdos y se los voy a repetir ahora". Y él dijo con mucho énfasis: "Yo no quiero escuchar esto". De la Casona de la Embajada llamé a Washington informando: "Urcuyo distorsionó todo el plan". |