CARTA A FROYLAN TURCIOS
El Chipote, 20 de setiembre de 1927
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Estimado poeta.
Con anterioridad escribí a Ud. una misiva, en la cual le expliqué mis ideas, así como mis agradecimientos por los conceptos que de mi humilde personalidad ha hecho referente a mi actitud, la cual va encaminada a defender la soberanía de mi Patria, aunque para ello tengamos que ofrendar nuestras vidas en aras de la libertad, pues aunque los traidores y tartufos pesimistas me juzguen en su despecho y desenfrenada ambición candidato a un manicomio, quiero probar al mundo civilizado que en mi amada patria Nicaragua aún hay quien sepa morir defendiendo su decoro. Mi obsesión es rechazar con dignidad y altivez propia de nuestra raza, toda imposición que con cinismo de grandeza están desarrollando en nuestro país los asesinos de pueblos débiles, pero tenga Ud. la firme convicción que mientras yo tenga cartuchos les he de hacer comprender que ha de costarles cara su osadía. No dudo que somos muy pequeños para vencer a los piratas y felones yankees, pero tampoco podrán negar estos asesinos que nuestra decisión está basada en el sagrado principio de defender nuestra soberanía.
Para mi Ejército y para mí, sería indecoroso aceptar garantías de los traidores e invasores de mi patria, pues no son ellos los llamados a dárnoslas; somos los hijos legítimos del país los que debemos dárselas a ellos; dichas garantías no las quiero para mí, las quiero en general para la Nación y esas pueden ser efectivas desocupando los piratas invasores nuestro territorio. No hay nada que justifique su intromisión en nuestra política interna ni tampoco creo que la grandeza del "Coloso" sirva para emplearla en asesinar nicaragüenses, pues aun cuando esa fuera su intención, en nada les beneficiaría porque aunque llegaran a aniquilarnos, en nuestros sangrientos despojos sólo encontrarán el tesoro que encerró el corazón de los patriotas nicaragüenses, el cual sólo serviría para humillar la "Gallina" que en forma de águila ostenta el escudo de los yankees. Puede Ud. estar seguro y queda autorizado para hacerlo saber a Centro América, a la intelectualidad, a los obreros y artesanos y a la raza Indo-Hispana, que seré intransigente y no depondré mi actitud hasta no arrojar de mi Patria y del poder a los invasores y traidores que por tantos años han traficado con la honra de la nación.
Nicaragua no debe ser patrimonio de oligarcas y traidores, ni mucho menos debemos aceptar humillaciones de los expansionistas piratas de dólares, y es por eso que lucharé mientras mi corazón dé señales de vida y si por azar del destino perdiere todo mi Ejército, que no lo creo, quede Ud. entendido, mi estimado amigo, que en mi arsenal de guerra conservo cien quintales de dinamita los cuales al colocarme en su centro los encenderé con mi propia mano para que en el cataclismo que produzca dicha explosión, la repercusión de esa detonación se oiga a distancia de cuatrocientos kilómetros y quienes tengan la dicha de oiría, serán testigos de que Sandino ha muerto, pero que no admitió que manos profanas de traidores e invasores profanen sus despojos, pues, sólo Dios omnipotente y los patriotas de corazón sabrán juzgar mi obra.
Esté Ud. persuadido, señor Turcios, que vuestra pluma ha vibrado en el corazón de mi valiente Ejército, así como en el mío, pues claramente dejáis reflejado vuestro amor a la patria, supuesto que lo sabéis a conciencia y por lo mismo sírvase usted aceptar nuestro fraternal agradecimiento.
Al mismo tiempo, hacemos presente nuestra condolencia por la muerte de vuestra hermana y rogamos a Dios de todo corazón fortifique vuestro espíritu y os dé resignación en tan acerbo dolor.
Estoy en vísperas de un sangriento combate con los invasores y traidores de mi patria, del cual le daré extenso detalle oportunamente; mientras tanto acepte Ud. las consideraciones de mi mayor aprecio, así como el saludo fraternal de vuestro amigo y obsecuente afmo. y S. S.
Patria y Libertad.
A. C. Sandino.