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| CARTA
A FROYLAN TURCIOS El Chipote, setiembre 24 de 1927. Estimado amigo: El señor Juan J. Colindres, enviado especial que lleva correspondencia particular para Ud., tengo el honor de presentárselo, a fin de que sea identificado por Ud. y que cambie impresiones con él, según las instrucciones que dicho enviado lleva. No dudo que como conocedor que es Ud. de las personas humildes, sabrá apreciar la abnegación de dicho señor al desempeñar tan delicada misión. Puede permanecer dicho señor en ésa el tiempo que Ud. estime conveniente. Mi deseo, querido amigo, es justificar al mundo civilizado que mi actitud no afecta a ningún gobierno de nuestras hermanas repúblicas y por lo mismo no deben abrigar desconfianza. Al asumir la responsabilidad de mis actos ante mi patria, la historia imparcial la aquilatará y podrá definirlos en el sentido que estime conveniente. Nadie mejor que usted puede ser el fiel representante de nuestros sagrados derechos para defender la Soberanía Nacional, interpretados por su sano intelecto y por su grande amor a su tierra y a su raza, lo cual deja aquilatado al defendernos con todo el entusiasmo y la virilidad de su pluma. La gloria en que está Ud. colocado nadie podrá arrebatársela, porque sus enseñanzas de amor a la patria, expuestas en su verbo, fructifican en el corazón de la actual juventud, ávida de libertad e independencia. ¡Qué coincidencia! Antes de que Ud. me conociera por mi actitud e ideas, yo sentía predilección y afecto por Ud., pues me entusiasmaba todo lo que su pluma escribía. Me sentía todo un hombre. Cuando llegué a esta edad estaba fortalecido por sus enseñanzas, y quiero consolidarlas en la conciencia nacional con la sangre de los piratas invasores; sirviendo esta lección a la juventud centroamericana como el prólogo libertario del débil contra el fuerte, y probar al mundo civilizado que el derecho de los débiles es más sagrado que el del poderoso; y si éste, por su soberbia, lo desconoce, debe sellarse con la sangre tal violación, para castigar su osadía. Me comprometo con Ud. personalmente, por mi honor militar, en el sentido de que mi actitud no afectará en nada la estabilidad del gobierno de Honduras, ni los de las demás hermanas repúblicas, pues mis actos sólo se ajustan a defender, con el decoro propio de mi raza, la soberanía de mi patria. |