Un documento tenebroso
Asesinato y el reloj de Sandino ¡Escriturados!
* En un acto demencial, Juan Emilio Canales y Carlos Eddy Monterrey,
buscaron notario para describir el reloj y su posesión * Antes
pasaron por dejar el marco de su apoderamiento, que fue el crimen del
21 de febrero de 1934 * ¿Orgullosos de su infamia? ¿Un
fondo de Dostoievski o de Kafka? Lo que fuera, es una horrenda forma
de pasar a la historia
Por Jesús Miguel “Chuno” Blandón
END - - 17/05/2009
Los asesinos del general Augusto C. Sandino, mayor Juan Emilio Canales
y el coronel Carlos Eddy Monterrey, no sólo no se arrepentían
del crimen cometido, sino que querían dejar constancia de su
participación en el mismo, mediante una Declaración Jurada
en el protocolo del doctor Ignacio Miranda Chamorro. En la escritura,
confiesan haberle robado un reloj de oro, las botas y su pistola.Una
tenebrosa noche
La noche del terremoto del 23 de diciembre de 1972, el reconocido torturador
Carlos Silva Reyes, y el asesino de Sandino, Juan Emilio Canales, llegaron
a refugiarse a una gran casa de campaña que instalaron en Altamira,
de donde es hoy el restaurante La Cocina de Doña Haydée,
media cuadra al lago.
Alejandro Miranda Samayoa, hermano del doctor Ignacio Miranda, y dos
amigos --Canales y Silva Reyes-- se refugiaron con sus familias en la
casa grande, y el doctor Miranda Chamorro, en una más pequeña.
Allí permanecieron por algún tiempo, solamente tenían
para comer los restos de las cenas navideñas que se fueron descomponiendo
y les provocaban malestares estomacales. Tuvieron que improvisar letrinas
con unas llantas de camiones. Lo que sí abundaba, era el licor
que tomaban copiosamente.
Como Juan Emilio Canales era jefe de los barrenderos del Distrito Nacional,
cuando estaba borracho, llamaba a sus empleados para que lo pasearan
en procesión por los alrededores.
Una noche de esas fue que Canales llamó al doctor Ignacio Miranda
Chamorro y le pidió que le hiciera una escritura, la que fue
firmada finalmente el día 9 de octubre de 1976, por el mayor
Juan Emilio Canales y el coronel Carlos Eddy Monterrey.
Ambos personajes dejaron constancia de que el 21 de febrero de 1934,
a las ocho y media de la noche, junto con su compañero Policarpo
Gutiérrez, tomaron prisionero al general Augusto C. Sandino.
Que antes de morir el héroe, Canales adquirió de dicho
General el reloj de oro, que en el acto presenta al suscrito notario,
y en el cual tiene una leyenda que dice: “Luz y Sombra”,
en la tapa derecha.
Describen el reloj
El reloj tiene veintiún (21) rubíes, enchapado en oro,
Marca Hamilton Wash 10K Gold Filled serie K -148200, No. del reloj 992,
diez quilates.
Se agrega en el documento que, antes de morir, Sandino le había
dicho que el reloj se lo había regalado Máximo H. Zepeda.
Canales y Monterrey le contaron al notario que a otro personaje, Camilo
González, le habían quedado las botas y la pistola del
General.
“Tanto Canales como Monterrey se sentían orgullosos de
haber asesinado al general Sandino”, confirma el doctor Ignacio
Miranda Chamorro.
Cargó con el cadáver
Juan Emilio Canales fue el encargado de detener el carro que venía
de Casa Presidencial, luego condujo a Sandino y a sus compañeros
a un lugar despoblado y los asesinaron. Canales cargó con el
cadáver ensangrentado del héroe desde Los Guanacastes
hasta los predios del viejo Hospicio “Zacarías Guerra”,
más tarde la célebre cárcel de “La Aviación”.
En 1956, 22 años después, Canales se encargó también
de trasladar el cadáver de Rigoberto López Pérez,
a quien enterraron en la Hacienda El Mango, donde después fue
la Colonia Zogaib, según relato de Agustín Tórrez
Lazo en La Saga de los Somoza.
¿Qué pretendieron estos sicarios al dejar constancia de
su crimen en escritura pública? Quizá lo mismo que el
tristemente célebre personaje que, deseando pasar a la historia,
incendió el Templo de Diana, en Efeso.
Examinando retrospectivamente estos hechos, uno no puede menos que estremecerse
al pensar con qué clase de psicópatas pasó nuestro
pobre General sus últimos momentos.
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