LUNES 4 DE OCTUBRE DEL 2004
/ La Prensa de Nicaragua
Especial
Deslumbrante entierro terminó en un basurero
Anastasio Somoza García ha sido el Presidente que tuvo mayor
poder político, militar y económico de nuestra historia.
Pretendía reeligirse cuando Rigoberto López Pérez
le disparó el 21 de septiembre de 1956, en León. Falleció
en Panamá el 29 de septiembre y fue sepultado en Managua el 2
de octubre. Sobre sus restos y los de su hijo Luis, se creyó
que habían sido sacados de Nicaragua
Somoza García, bailando con la novia de la Casa del Obrero de
León, un mambo de Pérez Prado, pocos minutos antes de
que le disparara Rigoberto López Pérez. Fue un gran conocedor
de la idiosincrasia de los norteamericanos. Estuvo viviendo en Filadelfia
donde aprendió inglés y a bailar charleston. En la foto
con Richard Nixon. Somoza García fue herido en la casa del obrero
de León, el 21 de septiembre de 1956, al disparar su revólver
el poeta Rigoberto López Pérez. Después de operado
quedó inconsciente. Somoza García falleció el 29
de septiembre en el Hospital Gorgas de Panamá y fue sepultado
en el Cementerio General de Managua el martes 2 de octubre de 1956.
Los restos de Somoza garcía a su llegada a Nicaragua, procedente
de Panamá, donde falleció el 29 de septiembre. Su hijo,
el coronel Anastasio Somoza Debayle, junto al féretro.
Roberto Sánchez Ramírez*/Especial
para LA PRENSA
Su poder político, militar y económico lo había
sintetizado en el trato de las tres “p”: plata para los
amigos, palo para los indiferentes y plomo para los enemigos.
Hizo de Nicaragua un gigantesco campo de concentración, administró
el país como si fuera una de sus numerosas haciendas. Ha sido
en nuestra historia la más larga y represiva dictadura, con el
agravante de haberla hecho dinástica a través de sus hijos
Luis y Anastasio Somoza Debayle, hasta el 19 de julio de 1979.
Convirtió a la Guardia Nacional en un ejército pretoriano
y personal. Fomentó la corrupción, el servilismo y la
adulación. Todo acto de oposición y rebelión tuvo
como respuesta: cárcel, tortura y muerte. Durante largos años
fue Presidente de la República o Jefe Director de la Guardia
Nacional; cuando se le antojaba asumía ambos cargos, igual que
Jefe de su Partido Liberal.
ANASTASIO SOMOZA
GARCÍA
Había nacido en San Marcos, Carazo, el 1 de febrero de 1896.
Se bachilleró en el Instituto Nacional de Oriente (Granada).
Viajó a los Estados Unidos, donde en Filadelfia estudió
para Perito Mercantil, aprendió inglés, a bailar charleston,
pero sobre todo a conocer la idiosincrasia de los norteamericanos, de
los cuales llegó a ser su hijo de p..., en el decir de uno de
sus presidentes.
Inició su escala social en León, cuando en 1919 contrajo
matrimonio con Salvadora Debayle Sacasa, con la que procreó a
Lilliam, Luis y Anastasio. Con una humilde trabajadora tuvo a José.
Se le señalan otros hijos e hijas, nunca identificados públicamente.
Tuvo el apoyo de su pariente el general José María Moncada
Tapia, logrando en 1932 ser nombrado Jefe Director de la Guardia Nacional
(G.N.). Asumiría plenamente en el Gobierno del doctor Juan Bautista
Sacasa.
Primero asesinó al general Augusto C. Sandino, después
dio golpe de estado en 1936 a su tío político Sacasa.
El 1 de enero de 1937 asumió la Presidencia, hasta el 1 de mayo
de 1947, para entregarla al presidente Leonardo Argüello Barreto,
al que derrocó 26 días después. Luego asumió
el 6 de mayo de 1950, al 1 de mayo de 1951, y de nuevo hasta el 21 de
septiembre de 1956. Los breves períodos que no estuvo en la Presidencia,
ejerció el poder al margen de quienes imponía.
En pocos años hizo un emporio económico, sin importar
los medios. Adquiría todo aquello que le gustaba. Se confundían
los intereses personales con los del Estado, la planilla del Ingenio
Montelimar se pagaba con los fondos del ferrocarril. Sus dominios eran
tan grandes que en una ocasión dos campesinos miraban pasar por
horas vacas y toros, hasta que uno exclamó: “¡Cuánto
ganado tiene el general Somoza!”, a lo que el otro le respondió:
“¿Ganado?, querrás decir robado”.
RIGOBERTO LÓPEZ
PÉREZ
Para septiembre de 1956, Somoza García había de nuevo
reformado la Constitución a fin de reelegirse para un nuevo período
presidencial. Una dócil convención del Partido Liberal
proclamó al dictador como su candidato, el viernes 21 de septiembre
en el teatro González, de León. En el acto estuvo presente
un joven poeta de nombre Rigoberto López Pérez. El resto
del día le son ofrecidos homenajes que debían finalizar
en la Casa del Obrero.
Rigoberto había nacido el 13 de mayo de 1929 en la ciudad de
León, su madre Soledad López, humilde trabajadora, su
padre Francisco Pérez, quien la abandonó antes del nacimiento.
Desde joven tuvo muchas inquietudes intelectuales, pero sus limitaciones
económicas apenas le permitieron ser tipógrafo en el Centroamericano
de la familia Abaunza.
Después se marchó a El Salvador, donde laboró en
el diario Latino. Allá tuvo contacto con los exiliados, en especial
Adolfo Alfaro. Comenzó a recibir entrenamiento. Regresó
a León donde contactó con Edwin Castro Rodríguez.
En la fiesta, Tacho se quiere lucir y saca a bailar a la Novia de la
Casa del Obrero, de inmediato serviles y aduladores rodean a la pareja
en medio de aplausos y vivas. Somoza se retira a su mesa, mientras siguen
los mambos de Pérez Prado. El joven de pantalón azul y
guayabera blanca se detiene frente a la mesa, saca rápidamente
el revólver y dispara. Es el principio del fin de la dictadura.
HERMANO, SE NOS
FUE EL VIEJO
Inmediatamente después de haber sido herido, Anastasio Somoza
García es conducido de la Casa del Obrero al Hospital San Vicente,
de León. Ingresó como a las once y media de la noche.
El primero en examinarlo fue el estudiante de medicina Ramiro Abaunza
Salinas, después llegaron los doctores Julio Castro y Gustavo
Sequeira.
De los cinco disparos hechos por Rigoberto López Pérez,
cuatro penetraron en el cuerpo de Somoza García. Según
el dictamen de los médicos, ninguno era necesariamente mortal.
La desconfianza fue la que más daño le hizo, pues desde
el inicio controlaron al máximo el acceso, en parte por un secreto
guardado celosamente, y es que al dictador le había sido practicada
una colestectomía y la bolsa que contenía su excremento
era disimulada en los anchos pantalones que usaba.
Años después se comentaba que de haber sido intervenido
en León se hubiera salvado, aunque inválido por las lesiones
causadas por las balas, sobre todo la que penetró en el raquis
por la quinta vértebra lumbar y lesionó la cola de caballo.
A las seis de la mañana del día 22 se le trasladó
en helicóptero a Managua, donde fue llevado al Hospital General.
Tampoco se permitió que médicos nicaragüenses lo
intervinieran.
Es el norteamericano Thomas Whelan, quien gestiona con el presidente
Eisenhower el traslado de Somoza García al Hospital Gorgas, de
Panamá. Decidida la operación, apenas iniciada tuvo un
paro cardíaco, y aunque se logró que el corazón
siguiera latiendo ya su cuerpo había sufrido daños irreversibles.
Somoza García no vuelve a recobrar el conocimiento y comienza
la gran mentira. Se dan serias contradicciones entre los médicos
enviados por el presidente Eisenhower y el manejo político que
pretende darle Guillermo Sevilla Sacasa, asesorado por Leandro Marín
Abaunza. Los comunicados oficiales publicados en el diario Novedades
refieren que el paciente se encuentra en proceso de “franca y
total recuperación”.
Tales comunicados crean una crisis en la sucesión presidencial.
pues si Somoza García “convalece”, su hijo Luis no
puede asumir en su calidad de Presidente del Congreso Nacional, entonces
se hace necesario que los médicos certifiquen que en caso de
vivir quedará incapacitado de ejercer la Presidencia de la República.
Finalmente uno de los médicos que participaron en la operación
extiende el certificado, se trata del panameño Antonio González
Revilla, al que nunca le pagaron sus honorarios.
El documento sale de inmediato hacia Managua, llevado por José
María Castillo Quant. El viernes 28 por la noche Somoza García
agoniza, mientras en Nicaragua se celebran centenares de misas de acción
de gracias ante las noticias de su recuperación y pronto regreso
al país. Un sacerdote de apellido Wyse es llamado para celebrar
una misa en la habitación. A las 4:05 de la madrugada del 29
de septiembre, muere Anastasio Somoza García.
En ese momento Luis y Anastasio Somoza Debayle se encuentran en la Casa
Presidencial, en compañía de Ramiro Sacasa Guerrero y
Alfonso Lovo Cordero. Cuando se recibió la llamada telefónica
desde el Hospital Gorgas, Luis tomó el teléfono, tuvo
un breve diálogo, colgó y dijo: “Hermano, se nos
fue el viejo”.
COMPETENCIA DE
SERVILISMO EN LOS FUNERALES
Era la una y cuarto de la tarde del martes 2 de octubre de 1956, cuando
en la cripta de oficiales de la Guardia Nacional, en el Cementerio General
de Managua, fue sellada la bóveda conteniendo los restos de Anastasio
Somoza García.
Mientras el cuerpo del viejo dictador era enterrado, se abría
el proceso más cruel que conoce nuestra historia. Cárcel,
tortura y muerte años después de Edwin Castro Rodríguez,
Ausberto Narváez Parajón y Cornelio Silva Argüello.
Miles de nicaragüenses cargaron para siempre el trauma desde aquel
septiembre de 1956.
Del aeropuerto, el féretro conteniendo el cuerpo de Somoza García
fue trasladado a la Catedral, donde ya la Jerarquía arzobispal
había dado a conocer los honores de Príncipe de la Iglesia
y que quienes asistieran a misas celebradas en memoria del difunto,
recibirían 200 días de indulgencia.
RECORRIDO POR
EL FEUDO
De Catedral el féretro fue llevado a la Academia Militar. Estuvo
también en el Palacio Nacional, nuevamente el lunes 1 de octubre
conducido a Catedral, donde se ofició una misa pontifical, en
la que un conocido sacerdote pronunció una oración fúnebre,
digna de una antología de la adulación y el servilismo.
Estuvo en el Palacio del Ayuntamiento, en el Club de Clases G.N., la
Casa Presidencial. En todos los sitios y durante el recorrido, hubo
toda una competencia de quedar bien, no tanto con el difunto, sino con
sus hijos Luis y Anastasio, los que a su vez como herederos se habían
investido uno con la Presidencia de la República y el otro como
Jefe Director de la G.N.
Todos los dictadores del mundo se rasgaron las vestiduras, dieron decretos
de duelo nacional y mandaron numerosas delegaciones, entre las que se
destacó la de Rafael Leónidas Trujillo, el tirano dominicano.
Otros fueron Carlos Castillo Armas, Fulgencio Batista, Gustavo Rojas
Pinillas, Marcos Pérez Jiménez, Carlos Ibáñez
del Campo, Alfredo Stroessner, Paul E. Magloire. Tampoco faltó
el mensaje solidario del presidente Dwight D. Eisenhower y de su secretario
de Estado, John Foster Dulles.
Cuando el ataúd fue introducido en la cripta, se iniciaron los
disparos hasta completar 21 cañonazos. Los albañiles que
sellaban la bóveda jamás se imaginaron que 23 años
después sería abierta en busca de algo valioso, quienes
lo hicieron sólo encontraron medallas de hojalata y oxidadas
insignias.
La osamenta quedó regada en el piso de la cripta, el cráneo
estuvo en medio de la basura, antes de ser de nuevo sepultado. ¡Quién
lo diría aquel martes 2 de octubre de 1956!
“Yo estoy sufriendo.
Yo tengo el dolor de toda mi patria
y en mis venas anda un héroe buscando la libertad.
Las flores de mis días siempre estarán marchitas
si la sangre del tirano está en sus venas.
Yo estoy buscando al pez de la libertad
en la muerte del tirano”.
Rigoberto López Pérez.
BIBLIOGRAFÍA
Corona fúnebre de Anastasio Somoza García (IHNCA-UCA).
Noches de tortura, Clemente Guido. Estirpe sangrienta, Pedro Joaquín
Chamorro Cardenal. La saga de los Somoza, Agustín Torres Lazo.
43 años de dictadura dinástica, Mario Alfaro Alvarado.
Gobernantes de Nicaragua, Aldo Díaz Lacayo. 50 años de
lucha sandinista, Humberto Ortega Saavedra. Memorias de un soldado,
Francisco Boza Gutiérrez. El régimen de Anastasio Somoza
1936-1956, Knut Walter, recién editado por el Instituto de Historia
de Nicaragua y Centro América, de la UCA.
*Academia de Geografia e Historia de Nicaragua
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