NICARAGUA TRAICIONADA
Los últimos momentos de Anastasio Somoza en Nicaragua
Lic. Adolfo Pastrana Arancibia

 

 

Tiempo de Lágrimas
Por Anastasio Somoza Debayle

 

Se celebró una reunión con el embajador Pezzullo el 16 para ultimar los planes de mi partida y discutir los arreglos de mi llegada a los Estados Unidos. Pezzullo me preguntó a que aeropuerto prefería llegar, y sin pensarlo dos veces, Ie dije: "La Base Homestead de la Fuerza Aerea." Esa decisión era producto de mi lealtad al ejército norteamericano. Se determinó que mi partida sería a las cuatro de la madrugada del día 17.

 

La única persona del gobierno que había tenido conocimiento anticipado de mi renuncia era el general Rafael "Adonis" Porras. El había sido siempre mi buena "mano derecha" y yo confiaba en él sin reservas. El conocía el hecho de que mi renuncia manuscrita había estado en mi bolsillo durante algún tiempo. EI 16 llamé a Porras a mi oficina y le dije que todos los actos y funciones del gobierno debían ser llevados a cabo con propiedad hasta el fin mismo. Le di la renuncia manuscrita y le pedí que utilizara sus mejores dotes mecanográficas para un docu- mento de tal importancia. El impacto emocional de esos sucesos que se iban amontonando había llegado hasta el general Porras. El debe haber empezado una docena de cartas hasta que pudo concluir completamente una, entonces me la trajo, la firmé y me la meti en el bolsillo interior de mi saco.

EI 16 le ordené al general Porras y a Luis Pallais que me prepararan una lista de todos aquellos que debían salir de Managua esa noche por avión. Esa era una difícil encomienda, porque el espacio en los aviones estaba limitado, tanto para las personas como para el equipaje, y yo tenía que establecer el limite de aquellos a ser incluidos. El grupo que se iba esa noche estaba compuesto por el Gabinete, el Estado Mayor, los comandantes de departamentos, y personal militar de cierta antiguedad y categoría. Pezzullo había dispuesto que no se Ie permitiría permanecer en Nicaragua a ningún oficial de rango superior al de teniente coronel de primera. Era la creencia que aquellos altos militares estaban muy estrechamente unidos a mí. Los miembros del Congreso no saldrían de Nicaragua hasta haber completado sus deberes constitucionales más tarde, el día 17.

 

Había tanta gente que yo quería llevarme conmigo que resultaba imposible hacerlo físicamente. Yo pensé en amigos de toda la vida y asociados que iban a tener problemas muy posiblemente y muy serios con el nuevo gobierno. Dejarlos atrás representó una decisión de vida o muerte. Pero ninguno de aquellos amigos leales protestó jamás. Ellos podían comprender.

 

Por la noche del día 16, aproximadamente a las ocho, tuve mi segunda reunión con los nuevos jefes militares. Ellos reconocieron la seriedad de su situación y la importancia que para ellos tenía la preservación del ejército. Junto con ellos revisé todos los puntos del acuerdo celebrado por mí con el embajador norteamericano Pezzullo y les reiteré la promesa de Pezzullo de que la Guardia Nacional iba a ser salvaguardada. Entonces dejé al general Mejía a cargo de la reunión, como nuevo jefe de la Guardia Nacional. El general Mejía y los nuevos comandantes entonces comenzaron a trabajar en sus planes de reorganización del ejército.

 

A las 10:00 p.m. Luis Pallais Debayle vino a mi oficina y le entregué mi carta oficial de renuncia. Como Vice- presidente del Congreso y Jefe del Partido Liberal era su función el presentar mi carta al Congreso por la mañana del día 17. En cuanto a mi renuncia y su salida del país, los miembros del Congreso habían tenido aproximadamente un aviso con doce horas de anticipación. No es suficiente tiempo para poner la casa en orden y preparar la salida para siempre del país.

 

Las cosas en el Hotel Intercontinental estaban ocurriendo precipitadamente. Los miembros del Gabinete, del Estado Mayor del Ejército, los jefes militares retirados de los departamentos, y miembros del Congreso estaban todos ellos residiendo en ese hotel esperando para irse. Un movimiento de esta clase necesita mucha coordinación, así que pasé al coronel Linarte a cargo de coordinarlo. A las 11:00 p.m. él tenía ya los autobuses y la escolta militar estacionados a varias cuadras del hotel preparados para marchar. A las 3:00 a.m. los autobuses llegaron hasta la entrada principal del hotel y todo aquel contingente, con excepción de los miembros del Congreso, subieron a los autobuses y salieron para el aeropuerto. Poco antes de las cuatro de la mañana del 17 de julio, llamé a mi propio personal para una última despedida. Este personal incluía al cocinero, los camareros, y los ordenanzas presidenciales. Fue un momento triste y conmovedor. Los abracé uno a uno y una vez más co- rrieron las lágrimas. Yo creo que la mayoría de ellos pensaba que no nos volveríamos a ver más nunca. En frente del "bunker" me esperaba un automóvil, y tomamos ese auto para dirigirnos al tope de la colina detrás del "bunker", donde nos esperaba un helicóptero. Al sentarme en el helicóptero esperando que se elevara, sentí que las emociones de todos los días pasados se acumulaban dentro de mí. Al contemplar por última vez las luces de Managua, me corrieron las lágrimas por las mejillas. No era que en aquel momento yo estuviera teniendo lástima de mi mismo, porque lo que yo sentía y todos mis pensamientos estaban concentrados en eso; era dolor por mi país.

Sentí profundamente todo el buen trabajo que habíamos realizado en Nicaragua, y que se había desvanecido como el humo simplemente, debido a la conspiración de fuerzas foráneas. En pocos minutos el helicóptero descendía en el aeropuerto de Las Mercedes. Mis últimas palabras a mi hijo Tacho, habían sido ás- peras, y mis críticas habían sido en presencia del Estado Mayor General y de los jefes de departamentos militares. Ese regaño semipúblico se produjo porqué mi hijo estaba insistiendo en quedarse en Nicaragua con sus hombres. Entre sus razones para hacerlo estaba el hecho de que ni él, ni sus hombres, y en ese mismo caso se encontraba todo el Ejército, habían sido jamás derrotados. Por tanto, concluía, él debía permanecer alIí y continuar la lucha. En aquella última conversación le dije que estuviera en el aeropuerto a las 4:00 a.m. en punto y que era una orden que estuviera alIí puntual. Entonces me dijo que el tenía 28 años de edad, que era un hombre adulto, consciente de sus deberes y de sus responsabilidades.

 

Cuando llegamos al aeropuerto, Tacho no estaba allí. Primeramente me puse disgustado, pero a medida que pasaba el tiempo, la preocupación reemplazó al disgusto. Yo sabía muy bien la lealtad que el sentía por sus hombres. ¿Habría él desobedecido mis órdenes y decidido quedarse? ¿Lo habrían capturado los sandinistas? ¿Tenían mucho interés en capturarlo, podría haber sufrido un accidente? Y yo estaba seguro de que teníamos que levan- tar el vuelo cuanto antes.

 

Habían muchos miembros del ejército en el aeropuerto, y todos ellos con rifles cargados. Su actitud aparentaba ser amistosa, pero en aquellos momentos nadie podría asegurar nada. Uno de aquellos hombres se acercó y me dijo: "Jefe, no tengo dinero. ¿Pudiera usted darme alguno?" Daba la casualidad que yo tenía dos mil córdobas en el bolsillo y se los dí. Para entonces, estaba yo disgustado con Tacho más y más. Pensé, si no llega pronto puede ocurrir cualquier cosa.

Entonces llega mi hijo con 35 minutos de retraso. Estuve brusco con él y 1o llevé para el avión en que debía irse. Todavía pensaba que a 1o mejor decidía quedarse en Nicaragua. Así que di las órdenes al piloto de que se fuera hasta el final de la pista y se elevara enseguida y que yo 1o seguiría en mi avión. En pocos momentos todos los aviones estaban en vuelo. Fuimos a la Base Aérea de Homestead en un Convair 880, un Learjet y un Dehavilland 125/600.
En aquel vuelo a Miami, pasaron corriendo por mi mente muchisímos pensamientos. Principalmente sobre 1o que el presidente Jimmy Carter y el Departamento de Estado norteamericano habían hecho en Nicaragua. En un corto período de tiempo habían destruido lo que había costado treinta años edificar. De un plumazo habían echado por el tragante a catorce mil hombres que habían pasado por las escuelas militares de los Estados Unidos y que constituían el baluarte principal contra el comunismo en la América Central. Yo agonizaba.

 

Cuando salí de Nicaragua todavía teníamos vigente un pacto de defensa recíproca con los Estados Unidos. La Casa Blanca y el Departamento de Estado sabían, sin lugar a dudas, que los sandinistas recibían armas, municiones y dirigentes de guerrillas entrenados desde Cuba. También sabían que los revolucionarios estaban recibendo municiones, aprovisionamientos y hombres de Panamá, Venezuela, el Ecuador, la República Dominicana, el Perú y Colombia. Sabían perfectamente de que todo este movimiento de hombres y equipo bélico era descaradamente llevado a través de Costa Rica hasta su destino. ¿Cuánto valen los pactos de defensa recíproca con los Estados Unidos? Bajo el régimen de Carter tales pactos no valen absolutamente nada.

 

Después de llegar a Miami, el Convair 880 fue enviado inmediatamente para Managua. Yo le había prometido a los miembros del Congreso que ellos tendrían transporte para salir del país, y yo no quería que hubiera la más mínima equivocación.

 

Otra vez en Nicaragua, por la mañana temprano del día 17 de julio, el Congreso fue convocado a sesión y Luis Pallais presentó mi carta renuncia. De acuerdo con las disposiciones constitucionales, mi renuncia fue aceptada y el Congreso seleccionó un nuevo presidente, el Dr. Francisco Urcuyo. Bien fuera en su discurso de aceptación de la presidencia, o en respuesta a preguntas de la prensa, el Dr. Urcuyo declaró, y así 1o citaron, que esperaba completar mi período presidencial. Ese comentario produjo furor y repercusiones que inmediatamente se presentaron.

(Tomado del libro "Nicaragua Traicionada")

 

 

LA VERSIÓN DE LAWRENCE PEZZULO

Arthur R. Day *
Georgetown University

En mayo de 1979, semanas antes de que se intensificara la guerra en Nicaragua, Lawrence Pezzullo fue llamado de urgencia por la administración Carter y consultado para ser nombrado Embajador en el convulso país centroamericano. Aceptó. Su nombramiento oficial se registró el 17 de ese mes.

En la sede norteamericana en Managua no había nadie. El antecesor, Mario Solaun, quien no era diplomático de carrera, había "abandonado" el cargo, el 26 de febrero de 1979. Dos años antes había sido nombrado, por razones políticas. Por tanto, Washington estaba sin brújula. En esas circunstancias, Pezzullo llegó a Managua, con la misión de sacar a Somoza del poder.

- ¿Todavía estaba en Uruguay?

Todavía en Uruguay. Lo que pasó fue que Nicaragua estaba empezando a ponerse fea y un día recibí una llamada y me dijeron: "Nos gustaría que fueras a Nicaragua". Harry Barnes me llamó una mañana y dijo, "¿Puedes darme tu respuesta? Yo, dije, "Déjame, al menos, consultarlo con mi esposa".

Fui a una reunión de tres días para ver Centroamérica, porque estaba claramente en crisis (en Costa Rica, mayo 1979). Y el informe sobre Nicaragua básicamente se enfocaba en cómo convenceríamos a Somoza de terminar con su gobierno y no propiciar una guerra civil. En realidad, los informes de todos los sectores indicaron algo de forzamiento, como también de fatiga. Y nadie hablaba de un inminente ataque.

Bueno, cuando llegué a Washington la primera semana de junio, había estallado la guerra civil. Quiero, decir, dos ciudades comenzaban a desplomarse. Y esa misma fatiga era evidente en Washington. No había dudas. Simplemente se sentía la sensación de que todo el mundo estaba agotado.

Ahora, la otra cosa que ocurrió, que fue incluso más desilusionante para nosotros, fue que nuestro embajador en Nicaragua, una persona de elección política, que creo, desafortunadamente, fue mal escogido para el cargo (se refiere a Mauricio Solaun), había llegado y salido de Nicaragua en la primavera. Por eso me llamaron, porque él simplemente llegó y salió, sin autorización. Fue una entrada y salida. Por eso no tenían embajador y ningún personal con experiencia. No hubo ningún informe o análisis que saliera de Managua. Estaban atados. Aquí, se estaba viviendo una guerra, no había embajador y una embajada que no estaba funcionando.

- ¿Cuáles eran las expectativas en Washington sobre Nicaragua?

Dentro de las siguientes tres semanas, nos encontrábamos casi todos los días, en la NSC (Consejo de Seguridad Nacional) o en una reunión u otra. Y lo que elaboramos fue básicamente una política que decía que lo único que Estados Unidos podía hacer en ese momento, dadas las circunstancias, era ir y acelerar la partida de Somoza: terminar la guerra.

No creo que alguien haya tenido grandes expectativas, en medio de una guerra que es difícil de adivinar qué va a pasar después. Y la mayoría de las discusiones sonaban más como que se estaban limpiando apartamentos, porque todo el mundo estaba hablando de limpieza. Nunca olvidaré ese período.

Y en realidad, esto se volvió una fascinación, aunque los eventos estaban cambiando rápidamente en el terreno. Y esto me llevó a Nicaragua. Quiero decir, estaba lidiando con la guerra y seguí manteniendo el comentario de Washington, sabes, por la gente que está sentada ahí soñando con nuevos esquemas.

Ellos pensaban, quizás, que si lograban que Somoza saliera del poder a tiempo, los sandinistas no hubieran ganado la guerra en realidad y que, por lo tanto, hubiera habido la posibilidad de un gobierno no sandinista.

Una de las ideas alocadas, viéndola de forma retrospectiva, era como si pudiéramos repentinamente construir un nuevo gobierno de transición de "hombres sabios". Eso salió de un concepto considerado ocho meses antes durante el esfuerzo de mediación.

Y uno de mis primeros trabajos era ir, en medio de una guerra civil y encontrar a stas personas, que estaban escondidas -algunas de las cuales habían abandonado el país- y proponerles que formaran este grupo de hombres sabios. Bueno, el
problema es que ellos ya no confiaban en el gobierno de Estados Unidos para nada.
Se habían expuesto ocho meses atrás, cuando, de pronto, al llegar el momento de la verdad, sacar a Somoza, no lo pudimos sacar del poder. Quiero decir que eso es fácil de decir. Y estos estaban a punto de exponerse de nuevo en medio de una guerra civil. Pero en la mentalidad de Washington, especialmente en el NSC (Consejo de Seguridad Nacional), esto era factible.

- ¿Fue el mismo Brzezinski?

Fue Brzezinski y algunas otras personas allegadas a él. Ellos esperaban que pudiera lograr una especie de milagro, en medio de una situación muy desagradable. Y lo que me preocupaba era que esto comenzaba a deteriorarse. Lo que estaba pasando era que la guerra se estaba acercando cada día más y más a Managua y que si fallábamos en sacar a Somoza, después de todo este desplome, no llegaríamos a nada.

Quiero decir, lo único que debíamos hacer era entregar a Somoza y me mantuve diciendo eso en varios foros. Y si fallábamos en sacarlo y detener el derramamiento de sangre, entonces, no teníamos nada.

La otra idea, que pensaba -al menos era posible- preservar algunos elementos de la Guardia Nacional, así se podía tener una transición con algunos miembros de una fuerza de seguridad que eran disciplinados y capaces de retener algún balance. Ahora, nuevamente, a simple vista, eso era ilusorio.

- Cuándo llegó a Nicaragua, ¿vio que eso era posible?

Pensé que era posible. Lo que lo hacía imposible era Somoza y eso era difícil de calcular. Una cosa que realmente no calculé bien fue cuán temeroso estaba. Pienso que lo que pasó al final prueba que él pensaba que la Guardia Nacional lo mataría. Desafortunadamente, no podía llegar hasta la Guardia Nacional, directamente, naturalmente; no había forma de que yo lograra eso y mi agregado militar no podía llegar a la Guardia tampoco, porque ellos estaban librando una guerra.

Discutí el futuro de la Guardia solamente con Somoza y su hijo. El plan se estaba elaborando poco a poco, al punto que los oficiales en la Guardia estaban involucrados. Trabajé un escenario con Somoza, en el cual él renunciaría bajo su propio proceso constitucional, para dar paso a un cese del fuego y un proceso de transición pacífico.

Mientras estábamos hablando de esto con Somoza, Bowdler, quien estaba en San José, estaba hablando ante la Junta.

El problema que veíamos, a simple vista, era que Somoza nunca confió en su propia Guardia, honestamente porque temía como lo hizo, que si alguna vez ellos pensaban que él iba a salir de Nicaragua y no lograr lo que a última hora les había prometido (que Estados Unidos iba a venir y una vez él se fuera, los apoyaría): ellos lo matarían. Y eso fue lo que frustró todo este juego. De pronto, ellos se vieron sin Somoza y sin la ayuda de Estados Unidos y se dispersaron.

- ¿Ellos colapsaron muy rápidamente?

Ellos colapsaron en las mismas 24 horas después de haberse ido. Todos se fueron para Honduras y otros lugares. Mi preocupación era el momento de su partida... esperando que Washington acordara que teníamos que iniciar el conteo regresivo. Estaba intentando empujar el conteo regresivo, sabes, el conteo regresivo de las 72 horas.

- ¿Por qué vio que las cosas se desmoronaban?

Tuvimos que cortar el abastecimiento a la Guardia. Habíamos detenido algún abastecimiento que venía de Israel; lo detuvimos en alta mar; desviamos los barcos. Le estábamos diciendo a sus antiguos proveedores en Centroamérica -Guatemala y otros-, 'córtales el abastecimiento'. Ellos lo hicieron. Por eso, su material estaba terminando. Lo sabíamos.

También sabíamos que se estaban organizando las fuerzas de la oposición. Por eso, sólo podíamos percibir un sentido de cierre. No había forma de saber cuándo iba a romper. Creo que hubo mucho de espejismo por parte de Washington, en cuanto a lo que se podía hacer dadas las circunstancias. Y quizás sea natural, que estando sentado en Washington, uno crea tener más opciones que las que realmente tiene.

Fue un período intenso, apasionante. Nunca he visto tantos cables altamente confidenciales que iban y venían. Yo estaba enviando de tres a cuatro cables por día y recibía entre seis y siete de regreso. Era sencillamente... increíble. Era una embajada en estado de sitio. No teníamos mujeres ni familias. Teníamos una Sección de Seguridad de Panamá, por emergencia, para una evacuación.

- ¿Estaba en contacto con otros, aparte de Somoza?, ¿O necesariamente tenía que tratar las cosas con él?

No. Yo conversaba con mucha gente. Me reuní con la mayoría de estos hombres sabios. Hablé con el Arzobispo lo más que pude. En realidad, a los dos nos agarraron en medio de un tiroteo. Estaba conversando con él y de pronto, comenzaron a disparar a nuestro alrededor y tuvimos que suspender nuestra conversación. Lo conocí antes y fue la primera persona que visité. Es un caballero muy amable. El se ha endurecido a medida que pasa el tiempo, porque su vida ha sido difícil. Pero él es un viejo profeta que observa y escucha y fue muy crítico de Somoza por un largo tiempo.

Por eso, dialogué con él solamente para ver lo que él creía que estaba pasando. Y le dije lo que estábamos haciendo, la ruta que seguíamos (sacar a Somoza). Quería que él lo supiera. Dijo. "Bien, esa es una buena ruta. Trata de que se termine esta guerra.
Este país está desangrándose a la muerte. Y si puedo ayudar en algo, con gusto lo haría".

- Pero, nosotros no teníamos en realidad un entendimiento global de lo que estaba pasando

No, porque no teníamos nuestras "orejas" en el terreno. Esa embajada, creo, era un fracaso..

- ¿Pero, y la gente de la CIA?

La estación no era muy activa en Nicaragua, además, teníamos un embajador de respaldo durante y desde la década de los 70 hasta el momento en que Nixon dejó el puesto, quien solía pasarle cosas a Somoza todo el tiempo. Por eso, la estación estaba muy preocupada por la gran cantidad de información que se filtraba.

Somoza, debes tener en mente, era un tipo inteligente, que estaba realmente atado a nuestro sistema en una forma que era difícil de entender. Bien, usted puede ver con el Congresista Murphy. Pero él tenía muy buena inteligencia de lo que estábamos haciendo a los más altos niveles.

Y, sabe, por esa razón mucha gente estaba muy intimidada por Somoza, porque él podía mover palancas. En realidad, un día, él -creo que era la tercera o cuarta conversación que sosteníamos- llamó a Washington e intentó sostener un diálogo ahí. Y le dijeron: "Ahí tienes a nuestro hombre, habla con Pezzullo".

Washington me llamó y me dijo: "Sólo queríamos [hacerte] saber eso". Y la próxima vez que nos reunimos, caminó hacia mí y me dijo: "Escucha, ¿tienes mucho poder, no?".

Y agregó: "Me dijeron en Washington que tengo que negociar contigo".

* Extractos de una entrevista celebrada en 1989, que forma parte de los archivos digitales de la NSA.

ACOMPAÑANTES RUMBO AL EXILIO

En tres Telegramas Secretos, enviados por Pezzullo al Departamento de Estado de los Estados Unidos, quedaron registrados los nombres de todos los integrantes de la comitiva que acompañaría al dictador Anastasio Somoza, en su partida, el 17 de julio de 1979.

Estos son los nombres.

1.- Anastasio Somoza Debayle
Pasaporte Ordinario 360872

2.- José Somoza
Pasaporte Ordinario 360866

3.- Samuel Genie
P. Ordinario 360881

4.- Ida de Genie
P. Ordinario 0360859

5.- Luis Pallais Debayle
P. Diplomático 4047

6.- Luis Valle
P. Diplomático 4025

7.- Julio Quintana
P. Diplomático 4389

8.- Orlando Montenegro
P. Diplomático 3752

9.- Petra de Montenegro
P. Diplomático 4091

10.- Manuel Centeno
P. Ordinario 203081

11.- Justo García
P. Diplomático 2798

12.- Armel González
P. Diplomático 3709

13.- Annelie E. de González
P. Diplomático 3710

14.- Guillermo Noguera
P. Diplomático 4259

15.- Dr. Edgard Solano
P. Ordinario 358421

16.- María Elena de Porras
P. Ordinario 360819

17.- Humberto Corrales
P. Ordinario 360869

18.- Francisco Argeñal
P. Diplomático 2773

19.- Enrique Sánchez
P. Diplomático 1123

20.- Danilo Munguía
P. Oficial 016820

21.- Lizandro Delgadillo
P. Oficial 019017

22.- Max Kelly
P. Ordinario 272863

23.- Orlando Flores
P. Ordinario 360851

24.- Armando Fernández
P. Ordinario 360867

25.- Noel Somarriba
P. Ordinario 360873

26.- César Napoleón Suazo
P. Ordinario 360817

27.- Alberto Luna
P. Ordinario 360808

28.- Gregorio Pichardo
P. Ordinario 360875

29.- Levy Sánchez
P. Ordinario 360871

30.- Gustavo Medina
P. Ordinario 360826

31.- Nicolás Valle Salinas
P. Ordinario 360868

32.- Aquiles Aranda
P. Ordinario 360876

33.- Armando Jirón
P. Ordinario 362937

34.- Jerónimo Linarte
P. Ordinario 360874

35.- Victorino Lara
P. Ordinario 360870

36.- Miguel Blessing
P. Ordinario 360820

37.- Rafael Cano
P. Diplomático 4481

38.- Adonis Porras
P. Ordinario 360877

39.- Anastasio Somoza Portocarrero
P. Diplomático 2519

Telegrama Secreto Managua 03228

1.- Dr. Edmundo Bernhein
(Ciudadano norteamericano). P. USA Z2155016

2.- César Grijalva
P. Diplomático 4197

3.- Remy Renner
P. Diplomático 3791

4.- Alceo Tablada
P. Diplomático 3543

5.- Pablo Renner
P. Diplomático 2313

6.- Amelia González de Gutiérrez
P. Oficial 15427

7.- Vilma de Moreira
P. Ordinario 333989

8.- Carlos Silva
P. Ordinario 313297

9.- María Guadalupe Lacayo
P. Ordinario 228907

10.- Abraham Gutiérrez
P. Ordinario 360834

11.- Raymundo Torres
P. Ordinario 360879

12.- Gonzalo Martínez
P. Oficial 14827

13.- Concepción Saballos
P. Ordinario 360829

14.- Orlando Zeledón
P. Ordinario 360890

15.- Bayardo Jirón
P. Ordinario 360895

16.- Alberto Montealegre
P. Ordinario 360891

17.- Raúl Lagos
P. Ordinario 360827

18.- Eduardo Sandino
P. Ordinario 360898

19.- Rafael Cano
P. Ordinario 360889

20.- Francisco Argeñal Papi
P. Diplomático 4516.

 

 

LA VERSIÓN DE DIONISION MARENCO
Dionisio Marenco*

La dictadura somocista fue derrocada el 19 de julio de 1979. Fue un triunfo aplastante en que el ganador se llevó todo, hecho importantísimo para comprender los eventos posteriores.

En la madrugada del día 17 de julio de 1979, el Gral. Anastasio Somoza Debayle huye de Nicaragua, derrotado por las fuerzas del FSLN, en su avión particular con destino a Miami. Con Somoza, hijo del fundador de la dinastía de su mismo nombre y hermano de Luis, también ex presidente de Nicaragua, finaliza un período de aproximadamente 40 años de gobierno dictatorial y corrupto.

En la mañana de ese día, 17 de julio, el Dr. Francisco Urcuyo Maliaño sería investido Presidente de Nicaragua por el Congreso de la República, y al mismo tiempo, en San José de Costa Rica, la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional se preparaba para volar a Managua y tomar el poder. El período del Dr. Urcuyo Maliaño era, por tanto, de carácter transitorio, de unas horas, mientras asumía el gobierno de reconstrucción nacional.

Urcuyo Maliaño es investido, pero ocurre lo inesperado. Él se proclama presidente para terminar el período de Somoza y desconoce todo lo acordado con los mediadores internacionales, tanto de EE.UU. como de la Organización de Estados Americanos (OEA).

En el puesto de mando general sandinista, llamado Palo Alto, se acelera la comunicación con cada frente de guerra. Los acuerdos se han roto y el FSLN analiza las consecuencias. ¿Será una maniobra norteamericana para invadir Nicaragua y evitar el triunfo militar del FSLN? ¿Será un libretazo de Urcuyo? ¿Se habrá recompuesto la Guardia Nacional?

La Guardia Nacional tiene nuevo comandante en jefe: el coronel Federico Mejía González, ascendido esa madrugada al grado de General. Previamente ha sido dado de baja todo el alto mando militar.

Militarmente, el cuadro es en extremo complicado para la Guardia Nacional. El FSLN controla las plazas principales y está combatiendo en toda Nicaragua. El gobierno provisional de Urcuyo prácticamente se encuentra reducido a las instalaciones de la Loma de Tiscapa. Managua es una isla. Se puede afirmar que Managua está aislada, pero no se ha rendido.

Si bien el terreno militar era de clara ventaja posicional, el terreno político era aún más ventajoso para el FSLN. La dictadura había perdido la batalla, a mi juicio, desde el día en que asesinaron, de rodillas y con los brazos en alto, al periodista Bill Stewart, corresponsal de la cadena norteamericana ABC, en las calles de Managua. El asesinato fue filmado.

La Junta de Gobierno, la dirección del Frente, negociaban con los delegados del gobierno de los EE.UU., encabezados por el embajador William Bowdler. La OEA tenía su misión, encabezada por el almirante Ramón Emilio Jiménez, canciller de República Dominicana, el canciller de Panamá, Carlos Ozores, y por el gobierno de Costa Rica, sede física del gobierno provisional, su presidente Rodrigo Carazo Odio y su ministro de Seguridad, Johnny Echeverría Brealy.

El corazón de la petición norteamericana era la ampliación de la junta de gobierno con ciudadanos provenientes de la empresa privada y partidos ligados al Frente Amplio Opositor (FAO). Incluso se barajaron algunos nombres de militares activos de la GN, como el coronel Otto Inocente Mojica y Gustavo Guillén. Para esa fecha, un grupo de militares de la Guardia Nacional ya estaban participando en las actividades revolucionarias. Entre otros, el coronel Bernardino Larios, después primer Ministro de Defensa del gobierno revolucionario, el coronel Guillermo Mendieta, el capitán Balladares, el coronel José Wenceslao Mayorga y el teniente Buitrago, capturado en el frente sur.

De manera especial debo señalar la participación decisiva de los pilotos y capitanes Manuel Porras y Agustín Román, muerto este último años después en un ataque aéreo contrarrevolucionario al Aeropuerto Sandino. También el ingeniero y capitán piloto Modesto Rojas.

Producto de las negociaciones, el recién nombrado Jefe de la Guardia, General Mejía González, se reuniría con nosotros en Puntarenas, Costa Rica, para negociar la rendición formal de la GN y la constitución de un estado mayor conjunto entre la Guardia depurada de oficiales corruptos y la jefatura militar sandinista. Mitad guardias, mitad guerrilleros. Difícil de imaginar ahora, pero así era. Llegamos a acordar, incluso, que la guardia estaría de la Aviación, hoy cuartel de policía "Ajax Delgado" hacia el oeste, y el Frente Sandinista de allí hacia el este. El objetivo era el control del aeropuerto.

Volamos a Puntarenas, a las 6:00 horas de ese 17 de julio, en compañía del coronel Larios y el grupo de guardias nacionales rebeldes, en un avión piloteado por Enrique Montealegre, viceministro de Seguridad Pública de Costa Rica. Viajaba también Johnny Chaverry, no Echeverría Brealy, entonces jefe de la seguridad de Costa Rica.

En Punta Arenas se nos juntó Edén Pastora, quien llegó por tierra, sumamente cansado, exhausto, llegó sólo a caer dormido.

Esperamos hasta las 10 horas y al ver que no llegaba Mejía González, me comuniqué con el puesto de mando, con Humberto Ortega, quien me dijo que presionara al viceministro tico para obtener respuesta por la ausencia de Mejía González. Este se comunicó con sus superiores y nos informaron la cancelación de la reunión. Casi al mismo tiempo, Urcuyo se proclamaba Presidente y rompía los acuerdos, abriendo el paso al triunfo total del FSLN.

Al llegar al aeropuerto de San José, cerca del mediodía, nos encontramos con los miembros de la junta que estaban listos para volar a Managua: Sergio Ramírez, Doña Violeta Barrios de Chamorro y Alfonso Robelo. Era una despedida oficial, con niños embanderados, alfombra roja y ceremonial diplomático. Era el nuevo gobierno que salía para Nicaragua. Daniel ya estaba en León, en el frente occidental y Moisés Hassan con los combatientes en Masaya. Estas cinco personas formaban el Gobierno de Reconstrucción Nacional.

En un pequeño salón de protocolo, aparte de los miembros de la junta, el almirante Jiménez, el canciller Ozores, un militar panameño cuyo nombre no recuerdo, Monseñor Obando y Bravo, el reverendo Bismarck Carballo, Ismael Reyes, jefe de la Cruz Roja Nicaragüense, Alfredo César, secretario de la Junta de Gobierno, y yo, nos aprestábamos a volar como avanzadilla para coordinar la transición de Urcuyo a Monseñor Obando y de éste a la Junta de Gobierno. Este proceso se daría al final del día 17 de julio de 1979 en el Hotel Camino Real de Managua.

En ese momento, cerca de las 13:00 horas, recibí una llamada de René Núñez Téllez, también miembro de la comisión que atendía el trabajo exterior del FSLN. Me dice que el aeropuerto está lleno de francotiradores y que garanticemos mecanismos de protección, para la misión de avanzada. En realidad lo que había era anarquía porque los guardias y somocistas querían huir del país al mismo tiempo.

Le transmito al almirante Jiménez la información que me acaba de dar René. El se sorprende y me dice: "Coño... ¿y entonces quién nos protege a nosotros?". Yo le respondo: Usted me protege a mí, lo que tenemos que averiguar es quién lo protege a usted. Se comunicó por teléfono con el embajador Bowdler, en ese momento en la oficina presidencial de Rodrigo Carazo y, por lo que pude entender, aquél no pudo darle garantías mínimas para su seguridad. El viaje se cancela, fueron sus palabras. Inmediatamente partió para Casa Presidencial en San José.

Al suspenderse el viaje de la junta, por la actuación de Urcuyo y el caos creado por los guardias en desbandada, el "gobierno" revolucionario decide otra forma de entrar al país. El gobierno tico presionaba para que la junta saliera de Costa Rica y se constituyera en gobierno dentro de Nicaragua.

Cerca de las 20:00 horas, en la casa de Sergio Ramírez, el vicepresidente tico, José Miguel Alfaro, y el viceministro de Seguridad, Montealegre, se instalan a presionar por la salida de la Junta.

Yo me oponía a salir en un vuelo clandestino, que dejaba al enemigo el pleno conocimiento de la ruta y la hora del vuelo. En otras palabras era un vuelo suicida. Pero prevaleció el criterio de partir.

Se organizaron dos aviones. Uno comandado por Modesto Rojas, uno de los mejores combatientes que yo conocí, y otro comandado por Román o Lara y un copiloto tico, cuyo nombre no recuerdo.

Faltando 10 minutos para las doce de la noche del 17 de julio de 1979, la junta alzó vuelo hacia León, la capital liberada de la Nicaragua revolucionaria.

En un avión venían doña Violeta, José Bárcenas Levy, Juan Ignacio Gutiérrez Sacasa y Alfredo César Aguirre; y en la otra el Padre Ernesto Cardenal, Alfonso Robelo Callejas, René Núñez Téllez y Sergio Ramírez Mercado.

En el hangar quedamos Tito Castillo y yo. Fuimos bajados en el último momento para ceder el cupo a René y otro de los compañeros.

La junta llega a un aeropuerto clandestino en la carretera a Poneloya, en la madrugada del 18 de julio y se constituyó un gobierno provisional en territorio leonés.

OFRECEN RENDIRSE

- Serían las 9 de la mañana del día 18 de julio y en el centro de radio iniciábamos la producción de la transmisión de Radio Sandino clandestina, que saldría al aire por la noche de ese día 18 de julio de 1979. De pronto una llamada telefónica, pide hablar con el responsable de la unidad. Al contestar, se me identifica alguien como el coronel Néstor Chacón, del servicio de comunicaciones de Nicaragua, o sea Telcor.

- Me dice que desean rendirse y piden instrucciones sobre qué hacer. Al comienzo lo único que atino a decirle es que saque una bandera blanca para que nuestras unidades conozcan su decisión. Me dice que no tiene. Bueno, pues, saque una sábana, le digo. Yo me comunicaré de inmediato con las unidades más cercanas para que entren en contacto con usted. Debemos recordar que las fuerzas combatientes sandinistas estaban fuera de Managua y era muy difícil para nosotros garantizar algo en la propia ciudad.

- Se me ocurre preguntarle si sabe algo de Somoza y me dice que el día anterior (17 de julio) había llamado por teléfono desde Miami. Me da el número telefónico donde está Somoza y me cuenta que se le escuchaba bastante tomado, que le había dicho a Urcuyo que resistiera, que pronto le llegarían refuerzos y el mismo mensaje le daba a los guardias.

- El coronel Chacón continúa comentándome que Somoza vuelve a llamar por teléfono el día 18 por la mañanita y ya ha cambiado de opinión. Le dice a Urcuyo y a la Guardia que los yanquis lo tienen prácticamente preso y que tienen que cumplir lo acordado.

Las últimas horas del poder
Semanario 7 días,Edición 303 del 12 al 19 de julio del 2001

* Bailaron embriagados sobre un piano de cola que Tacho Somoza García había regalado a su hija Lilliam en 1953.

* "A Carlos Fonseca mi tío le salvó la vida dos veces pero le dijo a su padre que a la tercera no había otra oportunidad".

* "Si mis tíos hubieran sido asesinos no existirían ninguno de los sandinistas que cayeron en sus manos".

Anastasio Somoza Debayle, Anastasio Somoza García y Luis Somoza Debayle, el trío de la dinastía que gobernó Nicaragua por más de 40 años.

Luis Ramón Sevilla Somoza, elegante joven que actualmente está dedicado, junto con su hermano Alejandro, a la recuperación de las propiedades de su familia, todavía se siente dolido con algunas experiencias que le ha tocó vivir en el 79, después del triunfo del 19 de julio. Para él y su familia, han sido días aciagos y amargos. Guillermo Sevilla Sacasa dejó de ser Embajador de Nicaragua en Washington, y toda su rutina diplomática se resquebrajó.
Su destitución no fue ejecutada de acuerdo a las tramitaciones diplomáticas en estos casos, sino que fue conminado por el Departamento de Estado a entregar la sede al relevo sandinista. Según comentó una vez el escritor Erick Blandón, uno de los que fue comisionado para asumir la embajada en Washington, doña Salvadora Debayle de Somoza, madre de Lilliam, al llegar a la sede los confundió con los conservadores: "Cachurecos, cachurecos", habría mencionada la anciana, en el momento crucial de dejar la sede diplomática.

Otro hecho desconocido hasta hoy, fue que la sede de la Embajada de Nicaragua en Washington colindaba con la Embajada de Alemania, durante la segunda guerra mundial y el FBI utilizó la sede nicaragüense para espiar a los diplomáticos germanos. Inclusive se llegó a instalar un aparato para controlar las comunicaciones.

En fin un mar de recuerdo, anécdotas y hechos históricos, imposibles de registrar en una entrevista de dos horas, guarda esta familia en esa maravillosa maquinaria que se llama "cerebro". Por supuesto muchas cosas quedan atrapadas en ese escondrijo de la memoria, que no se sueltan por aquello del "top secret".

Alejandro Sevilla Somoza, describe los momentos del derrumbe del poder que había ejercido su familia durante más de 40 años en esta entrevista con 7 DIAS:

¿Qué ocurrió con los bienes de la Embajada de Nicaragua en Washington?

Esos terrenos siguen perteneciendo a la Embajada de Nicaragua. A la residencia de donde tuvimos que salir, los sandinistas la aseguraron por dos millones de dólares y después fue vendida por ochocientos mil dólares. Hoy día en esta propiedad hay 16 casas que valen más de dos millones de dólares. No sabemos quién la compró pero dar ochocientos mil dólares por esa propiedad es un regalo.

¿Ustedes han presenciado el "desalojo" de la residencia donde su familia había vivido durante tantos años?

En julio del 79 yo estuve en Miami, ahí por el veinte mi papá me llamó a mí y me dijo: "Veníte a Washington porque van a desalojar la residencia". Fue bastante duro ver la transformación del ánimo de mi papá, porque el Departamento de Estado de un día para el otro cambió su trato para con nosotros. El Subsecretario de Estado Warren Christopher, lo llamó de sus oficinas en el Departamento de Estado y le dijo: "Don Guillermo Sevilla, se tiene que ir ya porque hay un nuevo Gobierno". Entonces, mi papá respondió: "Es imposible que yo me vaya porque oficialmente no me ha quitado el Gobierno de Nicaragua, sea quién sea, el Gobierno de la democracia de Somoza, o el nuevo Gobierno de los sandinistas".

Mi papá negoció con los muchachos que entraron a la embajada y quedaron que íbamos a convivir en el edificio durante siete días. Era una casa bien grande, ellos tomaron el primer piso, y nosotros tomamos el segundo y el tercero. Casualmente, hace poco me encontré con el muchacho que estuvo haciendo lobby por los sandinistas unos dos años antes de la caída y que era encargado de la toma de la residencia; entonces, estábamos recordando los diferentes aspectos de aquellos sucesos. Ellos se metieron mientras estábamos desalojando las pertenencias particulares, y vieron cada cosa, desde los calzoncillos, fotos, muebles... Cuando querían quedarse con algo, sólo decían: "Esto es del pueblo". Sacamos la mayor parte de la ropa, documentos, libros, pero el resto de cosas, los muebles, los bienes, todo se quedó ahí.

¿Recuerda especialmente algún objeto?

El piano de cola que era de mi padre. Ahora este piano está en la Cancillería de Nicaragua en Washington, hace poco Alejandro hizo gestiones tratando de recuperarlo. Ese piano fue un regalo de mi abuelo Anastasio Somoza García a mi mamá en el año de 1953. Cuando los sandinistas cuando llegaron al local, bailaron sobre el piano, tuvieron un gran fiestón y nosotros lo escuchábamos desde el segundo piso de la misma casa, sinceramente mortificados.

¿Doña Salvadora Debayle estuvo presente en aquellos momentos?

A ella logramos sacarla, era la madre de mis tíos y nos dábamos cuenta del odio visceral que había contra Somoza. Nos quedamos sólo tres hermanos empacando las pertenencias particulares.

Mi papá estaba muy triste, muy desilusionado, porque era un hombre de carrera diplomática, que ha estado en intervenciones internacionales, en cosas serias... Tal vez, su tristeza se debía a que el nuevo Gobierno, por lo menos aquellos muchachos que vinieron a tomar la embajada, eran unos chavalos loquitos. El se tuvo que tragar la pastilla, su orgullo y dejar a la historia pasar.

También nos sorprendió la actitud del Gobierno de los Estados Unidos, mi papá ya tenía 36 años de estar en los Estados Unidos, había pasado siete Presidentes americanos, él era una figura que todo el mundo conocía y lo trataron casi como de quinta clase.

Según su criterio, ¿a qué se debió tal proceder de los Estados Unidos?

Para mí, regresamos a la misma maldita palabra: la política del Presidente Carter. Ahora los historiadores están afirmando que ésa fue una de las políticas más negras para la historia de los Estados Unidos. No solamente Nicaragua, muchos otros países en el mundo, se vieron forzados a retroceder por la equivocada política de los Estados Unidos en ese momento.

En defensa del modelo

Luis Ramón y Alejandro Sevilla Somoza, se niegan a aceptar que la dinastía somocista causó los estragos que se le atribuyen en Nicaragua.

Al punto interviene Guillermo Sevilla Somoza: "Si los Estados Unidos hubieran implementado otra política, como se ha visto después del año 1979, o sea, entrar, negociar, ser más proactivos, todo hubiera sido distinto. Se han presentado situaciones mucho más difíciles, como en Haití, Angola, Panamá; hay muchos ejemplos donde los Estados Unidos ha hecho más cosas para llegar a una solución más positiva para sus intereses. Pero aquí sabemos la historia: se dieron vuelta y dejaron que una revolución internacional tomara pie en este país, con la intervención directa de Panamá, de Venezuela, de Cuba, inclusive de Costa Rica.

En los últimos seis meses a los Estados Unidos se les prendió la luz de que éstos eran realmente comunistas pero todavía no sabían cómo parar las cosas. La actuación del Presidente Carter y del Departamento de Estado en ese entonces no tiene excusas. Ellos estaban cubriendo los errores que cometieron y van a estar cubriendo todos esos errores y defendiéndose siempre.

Por ejemplo, mi tío ofreció el plebiscito, pero las condiciones que exigieron los del otro lado eran totalmente irracionales: que él tenía que salir del país, que el proceso debía ser manejado por extranjeros. Él estaba manos arriba, los americanos del Gobierno no le estaban dando ningún espacio, el ex embajador de los EE.UU. en Nicaragua Laurence Pezzullo dice el duro fue Somoza, y en realidad fue el otro lado.

Acto seguido, vuelve a la carga Luis Ramón Sevilla Somoza: "Respaldo lo que dice Alejandro. Mi tío Anastasio quería terminar su período, para no quebrar el sistema que tenía este país, porque había elecciones, él quería salvar el sistema democrático, don Francisco Urcuyo Maliaños iba a reponerlo a él. Es mentira que mi tío se iba a reelegir en el poder, en la familia sabíamos que mi tío ya estaba agotado y se daba cuenta de que los tiempos tenían que cambiar.

La crítica nuestra es por qué los sandinistas no se metieron en el sistema a través del Partido Comunista que existía legalmente en Nicaragua, en vez de volar "pija" con Galil y Fal. Eso es lo que nos molesta: que los sandinistas que no se metieron en el sistema y que los Estados Unidos no nos apoyaron.

De nuevo interviene Alejandro Sevilla: "Es como que si los FUAC, porque ellos quieren tierras u otras cosas que reclaman del Gobierno, vayan a seguir volando balas y asesinando a gente inocente diez años más, porque son criminales, son terroristas, etc. Tal vez, la gente no entiende que los Somozas no quebraron el sistema y los sandinistas sí, y eso es lo más grave que hicieron en este país".

"Ahora hablemos un poco de historia. En 1997 ó 1998 salió publicado un trabajo de la AID, donde se habló de cuáles eran los Gobiernos menos corruptos y salió que el menos corrupto era el Gobierno de Somoza, eso salió publicado."

"En el 74, Somoza Debayle fue electo, aquí estuvo la OEA supervisando las elecciones. ¿Por qué la supervisión de la OEA no legitima a él pero sí legitima a doña Violeta Barrios de Chamorro? Hay que ser parejos en como juzgar a los Gobiernos.

Dicen que Somoza era asesino. Pero todos los sandinistas que estaban en las cárceles están vivos, hay muchos mitos que han creado alrededor de los Somozas. Como estaba diciendo Luis Ramón, lo único que mi tío quería era terminar su período, pero un montón de equivocados en este país no tenían la paciencia de esperar un año y medio. Por esa falta de paciencia en este país se perdieron cuarenta años de desarrollo.

Otra vez Luis Ramón retoma el hilo de la conversación: "Carlos Fonseca es un buen ejemplo de que mi tío no era ningún asesino. La Guardia Nacional lo agarró dos veces y recuerdo que su padre Fausto Amador, que fue mi profesor cuando vine de los Estados Unidos, me dijo: "Ve, Luis Ramón, mi hijo se ha ido a la izquierda y él anda en lo que anda, lo han capturado dos veces y tu tío Tacho me ha dicho que la tercera vez cuidado que no queda vivo". Tal vez, ahora la gente ve a Carlos Fonseca como un mártir guerrillero estilo nica, está de moda, pero era un terrorista, mataba gente, era un asesino".

¿Ese término que usted usa es terrible y ofensivo para uno de los héroes sandinistas, puede demostrar a quién asesinó Carlos Fonseca?

No sé a quién mató, pero era el caso de los guerrilleros, él mataba. El mismo Fausto Amador, su padre nos dijo: "Este muchacho es loco y lo van a joder", pasaron los años y a él lo agarraron y lo mataron, pero ya eran tres veces.

Los pro y los contra
Guillermo: "No cabe duda de que hubo excesos, que el sistema somocista no era perfecto, pero era un sistema que estaba llevando al país hacia una democracia, habían elecciones. Aquí lo llaman dictadura porque el Presidente de la República, también era oficial de la Guardia Nacional, el vínculo estaba muy cercano, por eso dicen que era el control total. Sin embargo, eso no era tan así".

"Es otro mito que la población de Nicaragua odiaba al sistema somocista, pero sólo había cinco mil hombres armados para controlar a una población de tres millones de habitantes. Los sandinistas tuvieron que tener cien mil hombres armados para controlar más o menos la misma población."

"Puede ser cierto de que a ciertos oficiales de la Guardia Nacional se les pasó la mano, cometieron excesos, no cabe duda. Lo de Bill Steward, el periodista norteamericano, fue horrible, lo vimos en la televisión, eso fue lo que no toleraron los Estados Unidos. No obstante, no todos saben que aquel oficial de la GN ya había estado más de dos semanas en combate, perdió los estribos e hizo una barbaridad, eso no es correcto, pero hay que ver los dos lados del cuento."

"Si medimos el sistema que teníamos acá, como un vaso de agua, se puede decir que el vaso está medio lleno o medio vacío, los impacientes equivocados decían que estaba medio vacío y preferían botar toda el agua y empezar de nuevo con los sandinistas y sabemos esa historia negra. Si todo el mundo hubiera aguantado ese año y medio para tener las elecciones y el sistema hubiera continuado, hubiéramos tenido una democracia, un país pujante, Nicaragua hoy día sería otra cosa. Nicaragua está en crisis no por culpa de los Somozas, es la culpa de los equivocados que entregaron a Nicaragua a un montón de bandidos comunistas."

¿Pero usted habla de los Somoza, como unos "angelitos", no recuerda que su abuelo entra al poder producto de un golpe contra su propio tío?

"Mi abuelo entra en 1937 electo popularmente, antes Juan Bautista Sacasa sintió la presión y se fue del poder, pero mi abuelo no se hizo Presidente hasta en 1937. Además, no podemos juzgar a gente en el pasado con las reglas del juego de hoy, en los años treinta había depresión mundial, Nicaragua tenía medio millón de habitantes, era un pueblo atrasado, esto era como los días de los vaqueros en los Estados Unidos, donde las reglas eran otras pero estamos tratando de aplicar las de hoy."

¿Qué conocimiento tiene sobre el romance entre Dinorah Sampson y Anastasio Somoza Debayle?

No conozco la historia de esa relación. Para nosotros, fue un roce familiar, porque no sabíamos como tratar la situación. Obviamente, teníamos cariño para mi tío Tacho y también para mi tía Hope, y eso era una cosa que estaba en medio. Muchos en la familia no entramos en esa discusión, también mi mamá se quiso poner aparte, creo que vio a la Dinorah un par de veces, y eso es todo. Mi mamá se quedó apartada de la Dinorah y nunca tuvo una relación amigable con ella, porque no vio su relación con mi tío como una cosa correcta.

¿Y qué postura asumió su padre?

Bueno, mi papá siempre fue político, diplomático, y obviamente, tenía que respetar los deseos de su jefe, y respetar su vida personal.

Creo que vi a Dinorah una vez, estaba en una fiesta, pero fue una cosa pasajera, recuerdo que era simpática, atractiva, ella y mi tío llegaban juntos. Realmente desconozco los detalles, no como otros aspectos de la familia que he investigado, éste es uno que no me interesa, a mí no me atraen las telenovelas.

¿A qué se dedica Dinorah Sampson actualmente?

Según sé, ahora vive en Miami, está quebrada y punto, no la he visto desde los años setenta, no creo que tenga negocios, no tengo idea, yo sé que ella perdió una bodega por no pagarla y los bienes que estaban allí adentro fueron a subasta, allí es donde salieron un poco de cosas personales de la familia Somoza. La casa subastadora tuvo la gentileza de llamar a la familia Somoza Portocerrero y la familia sacó sus cosas, pero los Sevilla Somoza no teníamos nada que ver con eso. Me contaron que se rescataron unas fotos, unos documentos, cosas muy personales.

¿Cómo está José Somoza?

Papá Chepe vive en Miami, tuvo un derrame y está en silla de ruedas, paralítico pero puede hablar con muchas dificultades. Todavía es bien chispa, él se pone triste por lo que está pasando en Nicaragua y de no poder participar, él ve lo que estamos tratando de hacer acá y se emociona pensando que aquí estamos trabajando y luchando, y le gusta esta idea.