PARTE DE GUERRA
(Revista Ariel)
(2 de noviembre de 1927)


En doce días de ligeros tiroteos en un sector de 32 kilómetros, los invasores y traidores han quedado destrozados por el estrago de la dinamita; lo cual les ha hecho comprender que quien traicionó a su patria o quien trata de humillar al débil con invasiones punibles son señalados por el Destino como terribles delincuentes, castigándolos con lenta agonía para hacer más sensible la expiación de su negra culpa.
El 20 de octubre se recibió en este Cuartel General informes de que en Jinotega se organizaban fuerzas enemigas para atacarnos en nuestras propias posiciones; y que por el lado de Estelí venía una fuerte columna compuesta de moncadistas y cachurecos al mando de los invasores. De Ciudad Sandino (antes El Jícaro) destacaron otra gruesa columna los yankees, la cual debería reunirse con las que venían del interior. El momento era oportuno para castigar una vez más a los que se atrevían a invadir nuestra zona guerrillera.
El 21 del mismo mes hice salir de este Campamento General 4 columnas de 150 dragones cada una, con dos baterías de ametralladoras Lewis, con objeto de descubrir el efectivo del enemigo y batirlo; pero como los traidores y mercenarios se multiplican, no faltó quien le informara el derrotero de nuestras tropas. El delator de nuestra fuerza fue el traidor y mercenario Pompilio Reyes, a quien varias veces se le ha perdonado la vida, como autor de otras ruines hazañas. La delación de Reyes salvó a los traidores e invasores de un completo aislamiento.
El 22 del referido octubre teníamos elegido el terreno en que debíamos combatirlos; pero ellos evadieron el encuentro con nuestras columnas. Al cambiar la ruta el enemigo tuve que hacer una concentración general de todas las guerrillas que operaban por diferentes puntos de nuestra zona para el mejor éxito de nuestra defensiva u ofensiva. El 25, el enemigo tuvo un corto tiroteo con una de las guerrillas que se dirigían al Cuartel General, en los puntos o encuentros de los caminos de Las Cruces y San Juan de Segovia, habiéndole causado al enemigo 19 bajas, avanzándole 17 bestias mulares, nueve bandas con parque de rifle Springfield, 28 sacos vacíos y una árgana con mortadelas y chorizos. El enemigo permaneció acampado en la serranía los días 26, 27, 28, 29 y 30 de octubre, lo cual lo perjudicó grandemente, pues me dio lugar para la mejor preparación de nuestros ataques y, en caso de que los evadiera, aniquilarlo por completo.
Las guerrillas de la Integridad Nacional día a día van adquiriendo experiencia o conocimientos admirables y por esta razón le será muy difícil al enemigo sorprenderlas, pues éste sufre siempre las primeras descargas, lo cual comienza a desmo-realizarlo desde que se inicia todo encuentro. Se puede decir que el pueblo de Quilalí es la capital donde están constituidos los Poderes Defensores de la Integridad Nacional, y por tal motivo aparece desmantelada superficialmente, pero subterráneamente sus poderosas minas están colocadas de tal manera que un solo hombre es suficiente para hacerlas explotar en un segundo. Así es que si el enemigo llegara a ocuparlo, tratando de permanecer en él, su destrucción sería absoluta.
El día 30 de octubre los yanquis y traidores creyeron que ignorábamos sus movimientos por el silencio que guardaban al desfilar; pero nuestras guerrillas, que no los perdían de vista, los seguían a corta distancia esperando encontrar terreno y oportunidad propicios para batirlos. La topografía por donde desfilaban los traidores e invasores no prestaba para nosotros la seguridad de un perfecto triunfo. Por eso fue que no se pensó en atacarlos, y, por la misma razón, el enemigo sólo se concentraba a peregrinar sin rumbo fijo, pues varió de plan de ataque al persuadirse de que el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional está suficientemente organizado y mejor preparado para el combate. Los invasores tuvieron informe de que sufrirían el mayor desastre si ocupaban Quilalí y por esto contramarcharon con rumbo a Ciudad Sandino, caminando día y noche para alejarse de la zona que consideraban peligrosa.
Como hemos dicho, el área que ocupaban era de 32 kilómetros; y difícilmente el enemigo hubiera salido de allí sin dejar algunos centenares de muertos. Así fue que cuando se dirigían a Ciudad Sandino, los coroneles Juan Gregorio Colindres y Simón González, y el mayor Marcial Salas hicieron una marcha forzada para salirle al encuentro, a fin de obligarlo a pelear, eligiéndose el punto denominado La Conchita para castigarlo sangrientamente. El efectivo de traidores e invasores se componía de 450 hombres.
El 1° de noviembre los primeros rayos del sol iluminaron La Conchita. Los pinares se movían sin cesar con los primeros vientos del verano. A las 11 horas de ese día la Historia consignará en sus páginas uno de los más grandes triunfos del Ejército Defensor de la Soberanía de Nicaragua. Iba a empeñarse uno de los combates más sangrientos, donde los autonomistas nicaragüenses tendrían que ofrendar sus vidas en alto sacrificio por la Patria. A la hora dicha, los Defensores de la Integridad Nacional estaban en línea de fuego, esperando a pie firme al enemigo, quien en ese momento, hacía desfilar la avanzadilla, compuesta de 50 hombres. Seguía la vanguardia de 150. El centro constaba de 150 y en él venía el tren de guerra y el Estado Mayor yankee, con los campeones de tiro. Cerraban la retaguardia 100 hombres, en su mayor parte piratas - conquistadores.
Atacamos con descarga cerrada de fusilería "concón" y con una lluvia de bombas que causaron en el enemigo terrible estrago, llenándolo de pavor, que aprovechamos para cargar contra él con el mayor arrojo y bravura. La muerte que sufrían los traidores e invasores era horrorosa. Sus cuerpos quedaban horriblemente destrozados por el estrago de la dinamita. No les quedaba más recurso que huir vergonzosamente, pues fue tal su confusión y desmoralización que el que no perecía por disparo o bombas moría descabezado a machetazos.
Las bajas del enemigo ascendieron a 94 hombres. Su Estado Mayor fue totalmente aniquilado. Le avanzamos gran cantidad de parque de varios sistemas, 90 rifles, 70 muías, cajas de medicina y ropa que habían robado en casa de don Antonio López, a su paso por la hacienda El Jicarito.
Patria y Libertad
A. C. Sandino.
El Chipote, 2 de noviembre de 1927.