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| MANIFIESTO
AL PUEBLO DE NICARAGUA SOBRE LAS ELECCIONES (6 de octubre de 1927) Obligado por el gran número de cartas que me dirigen mis correligionarios y compatriotas, preguntándome cuál es mi opinión en el asunto eleccionario relativo al próximo período presidencial bajo la ignominiosa administración del traidor Adolfo Díaz y fiscalizada con todo cinismo por el que se hace llamar representante de un Gobierno extraño, debería callar para no dar lugar a los políticos de oficio a que tergiversaran mis ideas en el sentido que más les acomode. Los nexos de amistad para con los amigos y mi fraternidad para los humildes obreros, cristalizada en el gran amor a mi patria, me obligan a dar mi opinión en el asunto mencionado. El Ejército Defensor de la Soberanía de Nicaragua no tiene compromisos con nadie. No apoya ni defiende caudillos. Su lema está ajustado al más sagrado principio de la lealtad y honor; y, en sentido político, sólo reconoce la legalidad de la elección recaída en el doctor Juan B. Sacasa, emanada de la soberana voluntad del pueblo. No claudica por convencionalismos, ni acepta imposición extraña, porque sus actos están definidos con sus hechos. Si el presidente constitucional de mi Patria fue arrojado de nuestro suelo por la fuerza imperialista de los yankees, y villanamente traicionado por su principal jefe militar a quien confió el mando de su ejército, el puñado de valientes que defiende a expensas de su sangre la legalidad de su elección aún conserva en una mano el símbolo de la patria y en la otra el rifle que defiende y defenderá los derechos de la Nación tantas veces escarnecidos y humillados. La gloria miserable que los invasores de mi Patria quieren añadir a su bandera por los asesinatos de mis compatriotas erizan las plumas de la gallina que ostenta su escudo como emblema. La orientación política de mi patria debe alejarse de todo caudillismo, pues la experiencia dolorosa nos obliga a buscar otro sendero. El pueblo que siempre ha sido la víctima de la desenfrenada ambición de los caudillos, debe meditar con reposo y sin ninguna imposición en todo lo que se refiere al candidato que sabrá mantener, antes que todo, el decoro de la República y que, a la vez, sepa interpretar las necesidades del pueblo, pues hay que reflexionar que en todo gobernante que surja impuesto por un poder extraño sólo representará y defenderá los intereses ajenos y nunca los colectivos de la Patria. El gobernante que sienta verdadero amor por su país debe despreciar con altivez toda propuesta humillante que afecte la soberanía de la nación. El progreso y la civilización no deben estar estancados: pero no los deseamos en la forma de conquista. Y es por eso que el pueblo debe meditar al elegir nuestro gobernante, pues si desgraciadamente elige un caudillo el mismo pueblo crea la dictadura, la cual para sostenerse tendrá que mantener al país en estado de esclavitud y miseria. El idealismo de los defensores de la integridad nacional de Nicaragua seguirá manteniendo el decoro de la nación; y, a la vez, el principio de constitucionalidad del doctor Juan B. Sacasa, a menos que éste decline, en forma legal ante el pueblo, su alta jerarquía de Presidente Constitucional; y, por lo mismo, sugiero al pueblo liberal la idea de que, antes de aceptar la candidatura del General José María Moncada, debe reflexionar con serenidad, que con este hecho quebrantaría el principio de constitucionalidad que defendió con su propia sangre. Ahora bien, a base de qué es esta elección? Por imposición o por voluntad popular? ¿O a condición de qué? ¿Por llevar a la Presidencia al caudillo que pactó secretamente con los invasores? Pues bien, hablo con el corazón: si la elección presidencial se efectúa por imposición de los asesinos invasores de mi patria, sin desocupar el territorio nacional, seguiré luchando hasta diezmarlos y arrojarlos por la fuerza. Dios coronará nuestro esfuerzo. Si es por voluntad popular, debe efectuarse en el sentido de que del seno de la legítima convención liberal se lance el candidato civil que regirá los destinos del país. En tal virtud, si en esta forma se constituye nuestro gobierno, le ayudaremos a consolidar nuestra independencia de gobierno y soberanía; y es por imposición debemos repudiarla con nuestra protesta armada hasta realizar nuestro ardiente deseo de independizarnos del imperialismo yankee. Si el General Moncada es verdadero patriota, debe declinar la aspiración que manifiesta por llegar a la Presidencia en la forma en que llegaron los que han mancillado el decoro nacional. La Patria, en estos momentos de angustia, no necesita caudillos. Yo lo exhorto como legítimo nicaragüense y como hombre digno, a que refrene tal ambición si es que realmente quiere restañar en algo las heridas de la Patria. El Ejército Defensor de la Soberanía de Nicaragua verá con agrado que del seno de la convención liberal surjan los nombres de los civiles Sofonías Salvatierra y Escolástico Lara, personas de elevado intelecto y capacidad para regir los destinos de la nación. Quienes no han manchado sus manos con sangre fraterna. El pueblo es soberano y debe respetársele su derecho de elegir sus gobernantes; y por esto luchará sin descanso hasta hacer efectivo ese derecho, hoy pisoteado por los conquistadores. No importa que Moncada dijera que la vida se acaba y la Patria queda. Yo opino lo contrario: la vida se ofrenda por la libertad de la Patria. Al mismo tiempo insinúo esta idea a los que se hacen llamar liberales y están derrochando el dinero a manos llenas en propaganda para infatuar a los que mañana harán más sensible el dolor de la Patria. Por vuestra misma exigencia para compensar los fuertes gastos que habéis hecho en banquetes y champaña, debéis tener presente que el inmenso número de vidas, huérfanos y mutilados por la guerra merece más atención y más filantropía de vuestros corazones. Los caudillos no necesitan champaña, es patriotismo el que debéis inyectarles. Para terminar debo manifestarle al pueblo: que si las circunstancias de la guerra nacional ocasionan la pérdida de vidas y por este hecho se adoptan disposiciones drásticas para hacer respetar el derecho legítimo de la revolución no es porque seamos partidarios de la pena de muerte, pues odiamos de corazón tal procedimiento, jurando combatir la pena capital una vez que sea constituido el gobierno que encarne nuestra idealidad. Pueblo hermano: habéis exigido que externe y os dé mi opinión. Esta es. Desgraciadamente Nicaragua ve ampliarse el número de los traidores. Hoy agrega un hombre y un número más. ¿Quién es el que vendió la justicia del pueblo y está ambicionando que los invasores y asesinos de nuestra patria lo coloquen en la presidencia? ¿Quién? José María Moncada. PATRIA Y LIBERTAD A. C. Sandino El Chipote, 6 de octubre de 1927. |