Una idea brillante: el FSLN y la construcción del estado nacional

PETER ROSS
University of New South Wales


Cuando Violeta Chamorro asumió la presidencia de Nicaragua en abril de 1990, las banderas azules y blancas de sus seguidores, miembros de la Unión Nacional Opositora (UNO), rivalizaron con un mar de estandartes rojinegros - los colores del derrotado Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).
Al viajero casual, de paso por Nicaragua en los diez años precedentes, podría muy bien perdonársele el creer que el rojo y el negro eran los colores nacionales de Nicaragua, tan prominentemente habían sido desplegados y tan ausentes habían estado el azul y el blanco de la tradicional bandera. Del mismo modo, el nombre de Sandino es ubicuo, no sólo en el nombre del partido que gobernó desde julio de 1979 hasta abril de 1990, sino también en todo el país. El aeropuerto internacional de Managua, por ejemplo, lleva su nombre, al igual que un barrio obrero de esa ciudad. La foto de Sandino, con su apariencia de pistolero del oeste llevando un sombrero descomunal, ha adornado tantas carteleras, páginas de periódicos, portadas de revistas y tantos carteles y textos escolares, que no hay nicaragüense - ni visitante - que pudiese ignorar su identidad.
El enorme énfasis puesto en esos símbolos de la revolución sandinista no representa simplemente los esfuerzos de un grupo político por obtener el reconocimiento universal. Más bien, los símbolos reflejan el deseo de los sandinistas de construir un nacionalismo pertinente a los nicaragüenses, de orientar las aspiraciones generales y particulares hacia el establecimiento de una sociedad nueva y soberana basada en valores anticapitalistas. El sandinismo busca trascender el símbolo para promover el desarrollo de un estado nacional1.
El surgimiento de las naciones-estado en América Latina derivó de una lucha por independizarse de España que fuera resultado de factores tantos externos como internos. Los nuevos estados de América Latina, a la vez que reflejaban las naciones de Europa y Norte América en sus constituciones, estructuras legales y procesos políticos, carecían de la dinámica económica y social que, a lo largo de los siglos, culminara en la formación de los estados nacionales modernos, que en la actualidad se conocen comúnmente como el mundo desarrollado. La historia de los países latinoamericanos después de la independencia es, a lo sumo, la historia de la búsqueda de un estado nacional que incluyese algún tipo de consenso entre la población acerca de qué y a quién representa la nación. Hasta en un país tan desarrollado como Argentina, el uso de una terminología tan divisoria como vendepatria, cipayos y cabecitas negras, refleja una incertidumbre fundamental en lo que concierne a la nación misma. El énfasis casi farsesco en las banderas nacionales, fiestas nacionales, héroes nacionales, himnos nacionales y equipos deportivos nacionales, revela una inseguridad profunda. Esto a menudo tiene la apariencia de ser un fuerte nacionalismo, pero no es nación2.
Nicaragua constituye un ejemplo fidedigno de este molde. Separada de España en 1821, el área geográfica que iba a ser Nicaragua formó parte del imperio mexicano de Agustín Iturbide. De 1824 a 1838 la región fue miembro de la Federación de América Central. Con la disolución de la Federación, Nicaragua se convirtió técnicamente en un estado soberano, aunque dividido por conflictos entre los liberales de León y los conservadores de Granada, y con la costa Atlántica bajo el control de un cacique misquito, apoyado a su vez por Gran Bretaña. El descubrimiento de oro en California en 1848 condujo a una creciente interferencia por parte de los Estados Unidos y de Gran Bretaña. Mientras tanto, los gobiernos y los empresarios particulares buscaban controlar las vías fluviales nicaragüenses, las que constituían el medio más barato y seguro de ir desde el Atlántico al Pacífico.. Los liberales nicaragüenses procuraron ganar de mano a sus enemigos, los conservadores, empleando mercenarios al mando de William Walker, un aventurero estadounidense estrechamente vinculado a Cornelius Vanderbilt. El plan resultó un chasco. En 1855 Walker se declaró presidente, reintrodujo la esclavitud y llegó incluso a hacer del inglés el idioma nacional. Aunque Walker fue depuesto enseguida, el episodio revela la debilidad del estado nicaragüense.
El gobierno central sólo pudo extender su control físico sobre el país entero en la última década del siglo XIX, cuando el presidente liberal, José Santos Zelaya, logró arrebatarles a los británicos el control de la -costa Atlántica. Esta victoria no se debió tanto a la fuerza de las armas nicaragüenses, apoyadas en una fuerte conciencia nacional, como a la decisión británica de desalojar el área. Los intentos de Zelaya para reivindicar la soberanía nicaragüense y establecer una base sólida para la economía mediante la construcción de un canal interoceánico quedaron en la nada debido a que los Estados Unidos estaban decididos a evitar toda competencia con su nuevo canal a través de Panamá. En 1909 los infantes de marina invadieron el país, depusieron a Zelaya y restablecieron el poder de los conservadores. En 1912 los marines desembarcaron una vez mas para ayudar a sofocar una rebelión liberal, y no se marcharon hasta 1925. Los administradores estadounidenses gobernaron el país eficazmente durante todo este período. Al año siguiente los marines regresaron para suprimir la agitación que rápi- damente se había apoderado del país.
A diferencia de previos períodos de ocupación, los EE.UU se enca- raron con una campaña de conjunto emprendida por Augusto César Sandino para librar al país de su presencia. Sandino logró crear un extenso movimiento nacionalista, que atrajo el apoyo de muchos, tanto en la clase obrera como en el campesinado. Aunque él evitó el marxismo y se ubicó firmemente en la tradición liberal de Zelaya, Sandino separó su movimiento de las élites políticas al rehusar admitir la presencia de las fuerzas de ocupación. Sandino carecía de una visión fundamentalmente radical de lo que Nicaragua podría llegar a ser como estado soberano, no obstante, postuló y estableció en las zonas rurales bajo su control cooperativas de campesinos que prometían una distribución más equitativa de los recursos del país. Desarrollando las técnicas de la guerra de guerrillas rurales, Sandino minó la fuerza de los marines, entre tanto, en los Estados Unidos mismos, el conflicto armado se hacia cada vez menos popular a medida que se producían bajas en el personal y aumentaban las protestas contra la actividad imperialista estadounidense en América Central. En 1932 los marines se retiraron, dejando que fuera la Guardia Nacional de Nicaragua quien lidiara con las insurgentes tropas sandinistas.
Los limites del proyecto de Sandino se notaron enseguida. Habiendo vencido a los invasores, Sandino procuró establecer un convenio de paz con las élites políticas nacionales en lugar de asegurarse una victoria militar completa, lo que podría haber resultado en el desenvolvimiento de un orden nuevo netamente revolucionario. En este sentido, el sandinismo de los años treinta representa un proyecto muy distinto del que perseguía el salvadoreño Agustín Farabundo Martí, antiguo ayudante de Sandino, quien en 1932 inició una revolución marxista en El Salvador, que terminó con su propia muerte y la de unos 30.000 más. A su vez, Sandino no tuvo mejor suerte buscando el cambio político por la vía pacífica. En 1934 fue asesinado por la Guardia Nacional al mando de Anastasio Somoza, y sus comunas rurales fueron destruidas.
La debilidad de Nicaragua como nación está manifiesta en el poder y la duración de la dictadura de los Somoza, quienes gobernaron el país de 1933 a 1979, primero bajo Anastasio Somoza y luego bajo sus hijos, Luis Somoza Debayle y Anastasio Somoza Debayle. La fuerza de los Somoza estaba firmemente asentada en el control que ejercían sobre la Guardia Nacional, que llegó a ser el aparato militar más poderoso de América Central. Políticamente, el régimen dependía de la asociación de las élites políticas y económicas y una indiscutible lealtad a los Estados Unidos. Mientras la riqueza del país aumentaba a medida que los Somoza fomentaban el cultivo de productos agrícolas de exportación, especialmente el algodón y el café, la evolución del estado se estancaba. Nicaragua se asemejaba más a un feudo personal de la familia gobernante que a una nación estado. Hasta la Guardia Nacional extraía pocos beneficios del tesoro público. Sus empobrecidas tropas tenían permiso para incrementar sus propios salarios mediante el empleo de tácticas militares contra la población civil, con la finalidad de robarle. Nicaragua era una sociedad basada en el gangsterismo.
La vulnerabilidad de la soberanía nacional se evidenciaba en la política exterior. En 1914, Estados Unidos obligó a Nicaragua a firmar el Tratado de Bryan-Chamorro, que cedía a los Estados Unidos los derechos exclusivos sobre la construcción de un canal interoceánico a través del territorio nicaragüense. Este tratado le impedía así a Nicaragua hacer negociaciones con otros poderes para construir dicho canal. En 1928, nuevamente presionada por los Estados Unidos, Nica- ragua firmó con Colombia el Tratado de Bárcenas Meneses Esguerra, otorgándole a Colombia varias islas del Caribe que hasta ese entonces habían estado bajo el control de Nicaragua. Los Estados Unidos instigaron esta medida corno parte de su táctica para satisfacer el orgullo de Colombia por haberla privado de su provincia de Panamá, tomada por los Estados Unidos para construir y controlar el canal panameño.
Bajo los Somoza, Nicaragua procuró siempre mantener buenas re- laciones con el Coloso del Norte. Los mismos Somoza, al igual que muchos otros de la élite nicaragüense, viajaron a los Estados Unidos para educarse y cimentar importantes vínculos políticos. Nicaragua permitió que bases militares estadounidenses fueran establecidas en el territorio nacional durante la Segunda Guerra Mundial, proveyó a la CIA con tierras donde, entrenar las fuerzas invasoras contra Guatemala en 1954 y Cuba en 1961, envió tropas para ayudar a las fuerzas estadounidenses en la invasión de la República Dominicana en 1965, y despachó a sus oficiales militares a las bases americanas en Panamá y los Estados Unidos mismos para ser entrenados. Nicaragua apoyó siempre a los Estados Unidos en foros internacionales, tales como las Naciones Unidas.
La debilidad del nacionalismo en Nicaragua durante el período de los Somoza estaba reflejada en la cultura nacional que tendía a emular las nuevas tendencias en otras sociedades hispánicas y aquéllas de los Estados Unidos. Los textos escolares, por ejemplo, eran apropiaciones procedentes de Venezuela, Costa Rica y España, en lugar de ser elaborados dentro del país para que reflejasen realidades y necesidades nicaragüenses3. Y mientras Nicaragua podía reclamar como suyo al gran poeta de fin de siglo, Rubén Darío, el propio Rubén Darío vivió la mayor parte de su vida en Europa y denigraba la cultura nicaragüense contemporánea, a la que veía como mediatizada e inauténtica4.
Sin embargo, fue entre los productores de cultura que el sueño de la soberanía nacional se mantuvo vivo, especialmente durante los años cincuenta y sesenta. Es un índice del escaso desarrollo de la conciencia nacional que el acto más grande de liberación en la década del cincuenta fuese el asesinato de Anastasio Somoza por un joven poeta nicaragüense, Roberto López Pérez, en 1956. Este acto individual sirvió al menos como declaración de fe, aunque no constituyó el reflejo de un movimiento político. Téngase presente la caracterización que de Nicaragua hiciera G. K Chesterton, escribiendo en 1904, pero proyectando hacia el futuro, en 1984, cuando él hacía decir al presidente depuesto de Nicaragua que "Nicaragua es una idea... Una idea brillante, un pensamiento ardiente"5. Los pensamientos, por brillantes que sean, no hacen una nación.
El ímpetu del cambio en Nicaragua también se originó fuera del país. La Revolución Cubana de 1959 inspiró a muchos izquierdistas latino- americanos a intentar cambiar la trayectoria de sus propios países empleando la guerra de guerrillas. En Nicaragua, el ejemplo de Cuba fue tomado por un grupo de jóvenes que, rompiendo con el gradualismo de la línea moscovita del Partido Comunista, el Partido Socialista Nicaragüense (PSN), estableció su propia organización guerrillera en 1959. Este movimiento inicial, "la Guerrilla de Chaparral", como buscaba establecer una base contra Nicaragua dentro de Honduras, fue rápidamente derrotado por los militares hondureños. Los movimientos guerrilleros siguientes incluyeron el Movimiento Nueva Nicaragua y, en 1961, el Movimiento Sandinista que, a su vez, se reconstituyó como el Frente de Liberación Nacional. En 1963 esta organización cambió su nombre por el de Frente Sandinista de Liberación Nacional. Sus fundadores principales, Carlos Fonseca, Tomás Borge y Silvio Mayorga, eran todos ex-estudiantes y antiguos miembros del PSN.
El nombre del nuevo movimiento dice mucho acerca de la naturaleza del nuevo proyecto. En primer lugar, "frente" sugiere que este grupo de vanguardia no tenía la intención de ser angosto de base, sino que buscaba unir a muchos nicaragüenses o, tal vez, a bastantes ideologías diversas en una lucha común. La palabra sandinista es una evocación de Augusto Sandino, el único nicaragüense que desafió al imperialismo satisfactoriamente. Liberación Nacional continúa el tema anti-imperialista y conlleva el mensaje de que el verdadero enemigo del pueblo no es la dinastía de los Somoza sino el poder detrás de los bastidores, a saber, los Estados Unidos. Dentro de liberación nacional se puede también detectar un proyecto económico alternativo, especí- ficamente - aunque no expreso - socialismo.
La novedad del FSLN puede apreciarse mejor cuando se le compara con la trayectoria histórica del PSN. Este partido, fundado en 1944, buscaba basarse en la clase obrera que constituía sólo una fracción de la población, dado que la economía nicaragüense descansaba en la agricultura, la mayor parte de ella de naturaleza subsistencial. El PSN, junto con otros partidos comunistas tradicionales en América Latina, sostenía que la revolución socialista era imposible hasta que las fuerzas dé producción se hubiesen transformado en un sistema ca- pitalista enteramente desarrollado. El PSN, pues, apoyaba el proyecto somocista de ahondar las relaciones de producción capitalista, incluyendo la alienación de los campesinos productores de sus propias tierras, ya que así podrían formarse grandes granjas capitalistas orien- tadas hacia la exportación. El PSN negoció con Anastasio Somoza para obtener beneficios sociales y salariales para la clase obrera urbana. El partido no buscaba derribar el sistema, por considerar prematura esta estrategia. Con respecto a Sandino, el PSN no veía en él a un combatiente por la liberación nacional sino a un pequeño burgués, oportunista y bandido.
La experiencia cubana proveyó a los socialistas con un modelo que sugería que el marxismo y el nacionalismo podrían engancharse tan bien como para pasar por alto la necesidad de desarrollar el capitalismo al máximo antes de embarcarse en la revolución socialista. Cuba aportó también la estrategia que prometía dirigir otras revoluciones latinoamericanas a la victoria: el foco rural. La teoría del foco postulaba que una fuerza guerrillera determinada podría establecer una base en el medio rural que atrayera el apoyo de las ciudades y de los campesinos, así como la lámpara atrae a las polillas a su luz y calor. La estrategia evitaba la necesidad de formar un partido político e incluso un programa. Estos saldrían de la lucha armada misma.
Cuba demostró ser un ejemplo que no podía ser seguido. A través de América Latina, los grupos guerrilleros que intentaron imitar el Movimiento 26 de Julio de Cuba, fracasaron. Hasta el Che Guevara, el máximo exponente de la guerra de guerrillas, encontró la muerte en Bolivia, en 1967, cuando intentaba construir un foco que iniciara una revolución continental - una revolución que podría no sólo salvar de un salto el fracaso de la burguesía en la creación de una revolución capitalista, sino una que podría evitar la necesidad de construir naciones-estado auténticas. En Nicaragua, el FSLN se encontró también con que la formación de focos rurales no era suficiente para levantar en revolución a las masas. En las primeras batallas con la Guardia Nacional en las selvas del Río Coco y Bocay, el FSLN se mostró militarmente inepto. Los campesinos en general eran despreciados por envolverse en la lucha armada, y los pocos estudiantes en las ciudades que se unieron a la guerrilla estaban mal equipados para pelear en la selva.
Estratégicamente, el FSLN regresó a las ciudades entre 1963 y 1967 a intentar establecer alianzas políticas con el PSN y otros partidos considerados progresistas, y a trabajar en las barriadas pobres para construir una base popular. Al mismo tiempo, los líderes del FSLN, particularmente Carlos Fonseca, se dedicaron a estudiar la historia de Nicaragua y su desarrollo económico a fin de elaborar una ideología que pudiese galvanizar al pueblo nicaragüense a la revolución. Fonseca reconoció que el marxismo-leninismo no era una doctrina adecuada para Nicaragua debido al bajo nivel educacional de la mayoría de la población, la falta de poder por parte de la clase obrera, la fuerza del catolicismo, y el predominio del pensamiento anticomunista proyectado no sólo por la dictadura sino por todas las instituciones influyentes, incluyendo la prensa.
En un proceso único en la historia del socialismo revolucionario, Fonseca se sumergió en las bibliotecas de Honduras y Nicaragua, y empujó a otros a hacer lo mismo en éstos y otros países de América Central, en busca de la escurridiza llave que abriría el potencial revo- lucionario del pueblo nicaragüense. La clave de su trabajo fue Sandino, pues si Sandino había derrotado al imperialismo estadounidense, entonces los sandinistas de hoy, de encontrar las razones del éxito de Sandino, podrían hacer lo mismo6.
Fonseca no quería seguir las tácticas de Sandino porque sí, aunque reconocía que Sandino proveía observaciones valiosas sobre los meca- nismos de la lucha armada. En efecto, en 1960 dió con la pista de un antiguo jefe militar de Sandino, el coronel Santos López, quien trabajaba como obrero en una fábrica hondureña, y lo convenció de regresar a Nicaragua para entrenar a la juventud sandinista en las tácticas de guerrillas. Pero por encima de esto, Fonseca deseaba descubrir los puntales del viejo sandinismo, así el nuevo sandinismo podría ganar el apoyo de las masas populares. Otro elemento impor- tante en el proyecto de Fonseca era despertar la fibra nacionalista en el pueblo nicaragüense. Con el redescubrimiento y la publicidad de la figura anti-imperialista más importante del pasado, Fonseca tenía la esperanza de levantar un movimiento nacionalista nuevo que podría servir de base para derrocar la dictadura somocista y establecer un nuevo orden económico y social.
Fonseca nunca logró darle a su estudio sobre Sandino una forma final y sus manuscritos no fueron publicados hasta después de la victoria sandinista en 19797. Su proyecto se vió limitado por las con- diciones de clandestinidad en las que él tuvo que trabajar y quedó interrumpido con su muerte, en combate, en noviembre de 1976. Sin embargo, sus investigaciones fueron ampliamente discutidas dentro del FSLN y constituyeron las bases sobre las cuales se habría de levantar un movimiento nacionalista. Fonseca extrajo de Sandino un plan original de la lucha, enfatizando la naturaleza anti-imperialista de la causa. de Sandino, su internacionalismo y su programa de desarrollo de un estado soberano basado en la igualdad y el fin de la explotación. Fonseca eludió el espinoso problema del rechazo del marxismo-leninismo por parte de Sandino, concentrándose en la base popular del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Sandino y su oposición a los convenios entre la burguesía del país y los Estados Unidos. Para Fonseca, Sandino era un patriota que iba mostrando todos los indicios de alcanzar una revolución de clase a medida que la lucha anti-imperialista se intensificaba.
"A lo largo de los años de su lucha se advierte en Sandino su ideario que propugna por la transformación social y que se refleja desde el principio hasta los finales de la resistencia. En 1933, el periodista español Ramón Belausteguigoitia informa en sus crónicas, que en el campamento de Sandino se entona el himno proletario `La Internacional'8".
Para Carlos Fonseca, la evolución de los acontecimientos en la historia mundial desde la muerte de Sandino, particularmente las recientes luchas de liberación, justificaba la orientación socialista de las luchas nacionalistas modernas.
"Con la victoria de la Revolución Cubana, recobró su fulgor el rebelde espíritu nicaragüense. El marxismo de Lenin, Fidel, el "Che", Ho Chi Minh, fue acogido por el Frente Sandinista de Liberación Nacional, que ha emprendido de nuevo la difícil senda guerrillera. Desde meses de 1958, años tras años,se ha repetido en más de un centenar de ocasiones, el combate guerrillero que conducirá a la liberación definitiva"9.
El maridaje entre el nacionalismo, personificado por Sandino, y el marxismo fue más postulado que establecido por Fonseca. El y otros miembros del FSLN reconocieron, sin embargo, que el marxismo del cual tomaron su punto de partida podría resultar una base ideológica inadecuada para Nicaragua y por consiguiente comenzaron a insistir en que su lucha representaba, no una desviación radical del proceso histórico nicaragüense, sino una continuación de la corriente más auténtica y nacionalista de ese proceso. Desde el comienzo de la década de los setenta, Sandino se vuelve cada vez más el lema de los sandinistas en lugar del llamado a la conciencia de clase.
El cambio de énfasis ideológico es aparente, por ejemplo, en la presentación del programa político del FSLN. Cuando vió la luz por primera vez en 1969, el programa trataba sobre la naturaleza clasista de la lucha contra Somoza y los Estados Unidos:
"El FSLN es una organización POLITICO - MILITAR cuyo objetivo estratégico es la toma del PODER POLITICO mediante la destrucción del aparato militar y burocrático de la dictadura y el establecimiento de un gobierno revolucionario basado en la alianza OBRERO-CAMPESINA y el concurso de todas las fuerzas patrióticas ANTIIMPERIALISTAS Y ANTI-OLIGÁRQUICAS DEL PAIS"10.
Ausente del documento está cualquier referencia directa a Sandino. El se encuentra presente sólo como adjetivo, como en Frente Sandinista y Revolución Popular Sandinista. El programa presenta a Nicaragua como un país neocolonial, pero hace sólo un intento superficial de describir su historia. El FSLN no está inmediatamente ligado a la guerra de Sandino contra el imperialismo estadounidense. Más bien, "El FSLN ha surgido de las necesidades del pueblo nicaragüense de tener una `Organización de Vanguardia'..."11. Tres años más tarde, el Frente Estudiantil Revolucionario (FER), controlado por el FSLN, publicó una versión corregida del programa. En su introducción, Sandino pasa al frente como progenitor del FSLN. El programa es descrito como la "herencia programática de Sandino"12 y aquéllos que se contaban entre las filas del FSLN están situados entre los patriotas con los cuales soñaba Sandino cuando escribía, "si en Nicaragua hubieran 100 hombres que la amaran como yo amo nuestra nación restauraría su soberanía absoluta, puesta en peligro por el mismo imperio yanqui"13. El FSLN, en realidad, "ha tomado en sus manos la responsabilidad de continuar la lucha sandinista para acompañar al pueblo a la victoria final"14.
El giro desde un marxismo-leninismo restringido hacia un "sandinis- mo" nacionalista único permitió al FSLN obtener el apoyo de sectores más amplios de la población. El lenguaje del nacionalismo atrajo a mucha gente que podría haber sido alienada por el lenguaje de Lenin, o incluso el de Fidel Castro. Probablemente, el grupo más importante que el FSLN era ahora capaz de alcanzar era la Iglesia Católica progresista, la cual había empezado a adoptar un lenguaje nuevo a partir del Concilio Vaticano Segundo y la Conferencia de Obispos Latinoamericanos que tuvo lugar en Medellín en 196815. El énfasis que el FSLN dió a la liberación nacional y a la justicia social impresionó bien al clero, el cual optó no sólo por trabajar entre los pobres sino también por resolver los problemas estructurales profundamente enraizados que mantenían a tantos latinoamericanos en la miseria y la impotencia. Otros que comenzaron a escuchar el lenguaje del FSLN eran estudiantes, profesionales, mujeres, campesinos, pobres de los centros urbanos y trabajadores.
La mutación ideológica de la vanguardia marxista original costó lo suyo. En 1974, los elementos marxistas más tradicionales del Frente se alejaron de la organización para establecerse ellos mismos como Tendencia Proletaria, dedicada a organizar a la clase obrera urbana. Los Proletarios rechazaron la lucha armada rural que, hasta ese entonces, había sido la estrategia principal del FSLN; restaron importancia a las actividades armadas y enfatizaron la necesidad de una revolución de los trabajadores dirigida por una vanguardia política. Los del FSLN que procuraban continuar la estrategia de foco sobre la base de que el sector rural dominaba en Nicaragua, se autodenominaron la Tendencia de la Guerra Popular Prolongada. Estos últimos reconocieron que la guerra contra la Guardia Nacional podría ser larga y ardua. Previeron una lenta, cuidadosa y masiva acumulación de fuerzas, comenzando por el campesinado y extendiéndose, luego, a la ciudad. Los líderes de una tercera tendencia, que se convirtió en la más poderosa, rechazaron lo que ellos percibían como el dogmatismo innecesario de los otros dos grupos. Conocidos simplemente como los Terceristas, éstos continuaron el empuje para desarrollar una amplia perspectiva nacional que podría permitir al FSLN movilizar a nicaragüenses procedentes de las más diversas clases sociales a levantarse contra Somoza. A través de intrépidas acciones militares tales como la toma del Palacio Nacional en 1978, los Terceristas extendieron la popularidad del FSLN. Central a esa popularidad era la figura de Sandino, cuyo nombre comienza a aparecer pintado en todas partes, junto con citas de sus escritos seleccionadas por el FSLN, para alentar al pueblo a resistir y también para ligar sus batallas históricas con las suyas propias.
Las divisiones dentro del FSLN tenían tanto que ver con las tácticas como con su ideología. Todas las tendencias coincidieron en la ne- cesidad urgente de sacar a Somoza, sólo así podría ser establecido un gobierno revolucionario. En 1977, los Terceristas provocaron una gran rebelión para demostrar al pueblo nicaragüense que el FSLN era militarmente apto para tomar la ofensiva. Muchos nicaragüenses, no conectados con el FSLN, se manifestaron deseosos de afiliarse a las guerrillas en los actos bélicos contra la Guardia Nacional. Desde ese momento, la dictadura de Somoza comenzó a tambalear. Todas las tendencias dentro del FSLN reconocieron que la toma del poder era posible. A comienzos de 1979 las tendencias se unificaron formalmente y en julio de ese año la dinastía cayó.
El éxito del FSLN puede ser comprendido sólo en términos de la hegemonía ideológica que alcanzó aún cuando Somoza controlaba la mayoría de los combatientes en el país, y un arsenal enorme lleno con las armas más sofisticadas. Cuando tomaron el poder, los sandinistas no sobrepasaban los 2.000 afiliados. No obstante, a lo largo y ancho de Nicaragua, hombres y mujeres vestían los colores rojo y negro del FSLN y luchaban contra la Guardia Nacional con la más primitiva de las armas. Los sandinistas habían cautivado la imaginación nacional. Se habían transformado de un pequeño movimiento guerrillero en la vanguardia de un movimiento social masivo, y lo habían hecho mayormente porque habían sido capaces de convencer al pueblo que ellos representaban la continuación de una sumergida, pero auténtica, tradición nacionalista16. Más aún, el FSLN mismo descubrió esa tra- dición y se la reenseñó al pueblo; muchos jamás habían oído de Sandino excepto en términos derogatorios. El FSLN había sido casi forzado a crear el nacionalismo nicaragüense en su formato sandinista para poder decir que ellos eran los herederos de esa misma tradición.
La adopción, si no la invención, del sandinismo por el FSLN cambió la organización misma, puesto que significó el abandono del dogmatismo de un marxismo-leninismo restringido. De Sandino, el FSLN aprendió a redactar su programa en términos populares, nacionalistas y anti- imperialistas; y a sus experiencias en levantar un movimiento popular en la Nicaragua contemporánea, el FSLN agregó el cristianismo, el pluralismo, la, liberación de la mujer y una economía mixta. Al final, el sandinismo resultó ser pragmático, flexible, adaptable y comprensivo. Proponía que un estado nicaragüense radicalmente nuevo podía ser construido; un estado que podría ser la antítesis del estado explotador, antidemocrático, neocolonial de los Somoza.
Para construir dicho estado, el FSLN dependía mucho de la uni- ficación de la masa del pueblo en torno a la figura revolucionaria de Sandino. Los sandinistas fundaron el Instituto de Estudio del Sandinismo, dedicado al estudio de Sandino y a la mantención de los lazos que ellos habían establecido entre ellos mismos y el héroe cultural del nacionalismo nicaragüense. El libro de texto que elaboraron para la campaña alfabetizadora de 1980 trataba de la importancia de Sandino y la lucha posterior del FSLN contra la familia que lo había asesinado, y lo mismo se puede decir de muchos otros textos escolares y universitarios. En la montaña que domina Nicaragua, grandes letras blancas descifraban el nombre del movimiento, FSLN. Edificios, acci- dentes geográficos, organizaciones - todo llevaba su nombre. Sandino, bajo los Somoza una figura execrable, casi olvidada, se convirtió bajo los sandinistas'en omnipresente y glorificado. Numerosos artículos y libros aparecieron, diseminando sus escritos y vinculándolo con el nuevo estado y su vanguardia gubernamental17. El tiempo mismo fue empleado para lanzar a Sandino hacia adelante. Así, el lema para 1984, el quincuagésimo aniversario de su muerte, se convirtió en "A Cincuenta Años Sandino Vive. Este lema aparece en todos los documentos oficiales de ese año y desde entonces forma para siempre parte de la herencia histórica de Nicaragua. Lo más significativo, quizás, es que las fuerzas armadas llevan su nombre: Ejército Popular Sandinista.
Detrás de la figura de Sandino estaba el FSLN, que guardaba celo- samente sus derechos sobre ese nombre. Cuando en 1979 un sector del Partido Conservador intentó usarlo para sus propios fines políticos haciéndose llamar el Partido Social Demócrata Sandinista, el FSLN intervino. Sólo el FSLN, razonaba el Directorio Nacional, podía asumir el nombre de Sandino porque sólo el FSLN había permanecido fiel al anti-imperialismo de Sandino. De manera similar, en marzo de 1980, el FSLN repelió la tentativa de Alfonso Robelo, jefe del grupo de la industria manufacturera privada, de representar a Sandino como aliado de la burguesía liberal. El FSLN declaró que no se podía separar a Sandino del anti-imperialismo y de los obreros y campesinos que constituirían la fuerza motriz del nuevo estado revolucionario18.
Al tiempo que asumía indiscutiblemente el poder después de julio de 1979, el FSLN procuró no sólo retener y extender su hegemonía ideológica, sino también mantenerse fiel a su principio de llevar a cabo la unidad nacional. Una cosa es, sin embargo, lograr el poder por la fuerza de las armas, y otra, retener ese poder al mismo tiempo que se reconoce la necesidad de un pluralismo político dentro de una economía mixta, especialmente al verse confrontando una guerra solapada y abierta por parte de una potencia tan fuerte como los Estados Unidos. Aunque resulta prematuro juzgar en toda su magnitud la labor de los sandinistas en el poder, es posible indicar algunos de sus fracasos en convertir en realidad sus aspiraciones nacionalistas revolucionarias.
El gran fracaso de los sandinistas ha sido su inhabilidad para trans- formar la economía nicaragüense. Su proyecto original concebía la reorientación de Nicaragua, sacándola del subdesarrollo, hacia el so- cialismo. Ellos creían que esto podría lograrse mediante el incremento de la actividad estatal, trabajando en forma conjunta con las empresas privadas en una economía mixta. Nacionalizaron rápidamente los latifundios de Somoza y la industria manufacturera, establecieron granjas estatales y cooperativas rurales, y también tomaron el control de la banca y el comercio extranjeros. Al obtener préstamos y ayuda extranjeros, pudieron dirigir las inversiones de capital, y se embarcaron en un número de proyectos grandes (el puerto de Bluefields, los molinos y refinerías azucareras, plantas geo-termales) que ellos creyeron que a largo plazo ayudarían a Nicaragua a mantenerse en constante desarrollo. También subsidiaron a los productores rurales para así fomentar la producción de productos alimenticios y de consumo para la exportación, y bajar los costos de los artículos de primera necesidad en las ciudades. El plan contó con cierto éxito hasta 1983, pero el déficit fiscal y la deuda externa empezaron a hincharse. Las exportaciones también comenzaron a caer. El gobierno optó por la imprenta y la inflación aumentó rápidamente. Muchos trabajadores dejaron el sector productivo porque el poder adquisitivo de los salarios decayó, aumentaron el desempleo y el subempleo, así como el número de pequeños comerciantes. No fue hasta comienzos de 1988 que el gobierno procuró rectificar el enredo económico. Su solución fue reducir el sector público, cuya burocracia se había expandido considerablemente, y confiar más en las fuerzas del mercado. Sin embargo, mientras las exportaciones aumentaban, la mayoría del pueblo se encontraba peor. Efectivamente, el FSLN aplicó las clásicas soluciones del FMI, y esto salido de un gobierno que sostenía que aún aspiraba a construir el socialismo. Económicamente, Nicaragua se encuentra ahora, tal vez, en una posición de dependencia más grande que nunca, con una deuda externa enorme, cifras bajas en la producción y la necesidad de depender casi exclusivamente de la exportación de artículos de consumo con la esperanza de evitar el desastre económico.
La importancia de la inhabilidad de los sandinistas para alterar fundamentalmente las bases económicas a fin de evitar la dependencia no puede ser subestimada. Al tomar el poder, el FSLN proyectó la reorientación de la economía de la agricultura a la industria como el sine qua non de la revolución nacional. Como Jaime Wheelock, comandante y Ministro de Agricultura, manifestaba en 1983:
"La revolución está comenzando a desarrollar un nuevo modelo económico. Este se basa en la búsqueda de un papel distinto en la división internacional del trabajo... Nosotros queremos ser un país industrial, que vende manufactura... Ese es el sentido nacional profundo de la revolución. Eso sólo se puede hacer si se es un país soberano a quien no se le impone desde fuera un modelo económico contrario a sus intereses nacionales"19.
El otro gran fracaso de los sandinistas en su intento por construir un estado genuinamente soberano fue movilizar al pueblo en forma adecuada en torno a un proyecto de desarrollo nacional. Durante sus primeros años en el poder el FSLN estableció muchas organizaciones de masas con este mismo propósito. Así, el pueblo en las barriadas era animado a unirse a los Comités de Defensa Sandinista vecinales, trabajadores a formar sindicatos - particularmente aquéllos agrupados en la Central Sandinista de Trabajadores -, las mujeres a afiliarse a la Asociación de Mujeres Nicaragüenses "Luisa Amanda Espinosa", jóvenes a la Juventud Sandinista 19 de Julio, niños a la Asociación de Niños Sandinistas, y muchos de éstos a ser entrenados en las Milicias Sandinistas Populares con el fin de proteger al nuevo estado en caso de necesidad.
El FSLN, no obstante, se mostró incapaz de trascender su propio vanguardismo. En los primeros años de la revolución, el entusiasmo del pueblo permitió el uso de las organizaciones populares en el proceso de reconstrucción, trabajos voluntarios, educación masiva y campañas de sanidad. El proceso se fue obstaculizando, no obstante, a medida que la directiva del FSLN usaba estas organizaciones simplemente como portavoces de las decisiones del gobierno más que como organismos que pudieran tomar decisiones propias y contribuir con su aporte a la toma de las decisiones políticas en la cumbre. Sólo en 1984, cuando los sandinistas llamaron a elecciones, por primera vez el FSLN se constituyó como partido y abrió sus puertas a las afiliaciones. Incluso los miembros encontraron difícil hacerse oír. Para 1988, la mayor parte de las organizaciones de masa estaban agonizantes y todo intento de resucitarlas tuvo poco éxito. El FSLN asumió por un tiempo demasiado largo que, porque había dirigido la lucha contra el somocismo, entonces podría decidir mejor que nadie acerca de los intereses del pueblo. Este fue un curioso error dado que los mismos comandantes del FSLN reconocían que en la lucha final contra Somoza era el pueblo, más que ellos mismos, quienes decidirían la marcha de la guerra.
Muchos de los problemas encarados por los sandinistas indudable- mente emanaron de la naturaleza del proceso que ellos mismos habían iniciado. La decisión de embarcarse en una larga fase de transición hacia el socialismo generó contradicciones que pueden verse clara- mente en un análisis de la declinación en la producción cultural desde los primeros años de la revolución hasta su caída final a comienzos de 1990. Un pueblo puede mantener el entusiasmo revolucionario solamente mientras crea que la revolución le va a proporcionar una vida mejor, lo que usualmente incluye un alto nivel de vida. La producción cultural, en su sentido más general, refleja el sentir del pueblo. Desde 1979 hasta 1984, la producción de artefactos culturales en Nicaragua fue intensa, difundida y entusiasta. Cerámicas, poesías, novelas, pinturas, murales, carteles, películas, música, teatro - todo revelaba una vitalidad extraordinaria. Gran parte de esta producción estaba directamente relacionada con los temas revolucionarios. Como la revolución perdió la dirección, sin embargo, la calidad y la cantidad del trabajo disminuyeron. Básicamente la revolución no logró desa- rrollar una cultura nacional amplia y en marcha porque el estado mismo no se había sacudido los grilletes de la dependencia. El sentir del nacionalismo quedó, pero la base económica para sostener ese nacionalismo, como para encontrar una fórmula fuera del ideal, está ausente20.
Donde los sandinistas han sido más efectivos en apoyar a la nación fue en la continuidad del programa esencial de Sandino relativo a la defensa de la soberanía nacional. El FSLN repelió exitosamente los ataques de los contras, respaldados por los Estados Unidos. El lema del partido, "Aquí no se rinde nadie", fue abrazado por la mayoría del pueblo nicaragüense. Aún así, el costo de la guerra llevó posteriormente a la pérdida del poder estatal en las elecciones de 1990.
La guerra también fue la causa de que el FSLN abandonara la creación de un estado central poderoso. En la costa Atlántica los indios misquitos aprovecharon la oportunidad para empujar sus propias demandas de una mayor autonomía regional. La lucha armada de los misquitos contra el FSLN amenazaba conducir al establecimiento de un estado separado. Para resolver este conflicto y prevenir la división de Nicaragua, el FSLN otorgó autonomía a dos de las regiones en la costa Atlántica, debilitando así la autoridad del gobierno en Nicaragua y reconociendo, a la vez, que los nicaragüenses no constituyen una entidad étnico-cultural. Los sandinistas, al menos, salvaron la unidad geográfica del país21.
El fracaso de los sandinistas en establecer una genuina soberanía económica y política para Nicaragua provoca muchas interrogantes sobre la viabilidad de tal aventura en los países capitalistas pequeños, dependientes. Mientras el régimen sandinista procuraba implantar una política extranjera independiente basada en la no alineación, el gobierno se encontró con que consistentemente tenía que hacer concesiones para sobrevivir. Ya en 1980, Nicaragua se retiró de una disputa con Colombia sobre los derechos territoriales de ciertas islas caribeñas porque el régimen necesitaba cimentar las relaciones con los países latinoamericanos. Para conseguir préstamos y ayuda, el gobierno sandinista tuvo que orientar su política doméstica hacia el pluralismo y mantener una economía mixta, aunque el sector capitalista consis- tentemente buscaba minar la economía mediante la descapitalización, la especulación y la exportación de capital. La prensa opositora, en particular el diario La Prensa, en forma activa, desestabilizó la economía a través de la difusión de reportajes engañosos e historias con frecuencia totalmente erróneas acerca de la economía, el personal de gobierno, y la política gubernamental. El FSLN, en busca de paz y la oportunidad de continuar su programa de desarrollo, llegó a ser el más asiduo de los gobiernos centroamericanos en acatar varios planes regionales de paz. Fue, en realidad, para cumplir con los Acuerdos de Esquipulas, que el FSLN adelantó en seis meses la fecha de las elecciones, acarreando así su propia derrota electoral. Los sandinistas habían caído en cuenta, hacía mucho tiempo, que Nicaragua no podía resolver los problemas inherentes a su tamaño y subdesarrollo. En su programa original, el FSLN clamaba por el establecimiento de un gobierno centroamericano22.
Tal y como los acontecimientos recientes en los países de la Europa Oriental y en la Unión Soviética han revelado, la construcción del socialismo, y menos aún, la conciencia socialista, no ha sido particu- larmente exitosa en el siglo XX. La tentativa sandinista de construir dicha conciencia a través del maridaje entre el nacionalismo y marxis- mo también ha fracasado, al menos por el momento. Lo que es único en el caso nicaragüense es el proyecto de crear un nacionalismo y una hegemonía ideológica socialista, permaneciendo al mismo tiempo fiel a los principios del pluralismo y la economía mixta. El FSLN se esforzó en identificar su movimiento con la nación misma. Su constitución, por ejemplo, comienza señalando que los nicaragüenses han formado un estado nuevo en el cual los principios de independencia, soberanía y autodeterminación son fundamentales23. Este estado nuevo, como lo hace patente la propaganda sandinista que lo rodea, debía su existencia al FSLN, que solo se mantuvo fiel a los principios de Sandino, quien encarnaba el concepto de soberanía nacional. De manera similar, en su discurso inaugural como presidente en 1984, Daniel Ortega declaraba que Joaquín Chamorro, el político de mayor oposición a Somoza y esposo de Violeta Chamorro, estaba por afiliarse a los sandinistas cuando fue asesinado en 197824. En efecto, monopolizando el terreno ideológico asociado con la independencia nacional, los sandinistas procuraban crear un estado unipartidista a la vez que permitían la existencia de partidos opositores.
A pesar de haber perdido en las urnas, sería prematuro descartar al FSLN o su proyecto revolucionario. Con el 41% de los votos, el FSLN constituye el partido mayoritario. Es mas, los sandinistas aún controlan el aparato militar. Su derrota electoral puede explicarse como una rección general por parte de la mayoría de los nicaragüenses a los largos años de guerra, de conscripción, y al aparentemente eterno empeoramiento de la situación económica, que dejó al pueblo peor que en los años anteriores a 1979. La base del proyecto sandinista, sin embargo, ha fracasado. La nación nicaragüense sigue siendo una idea, una idea más brillante que en 1979, pero una idea de todos modos.

NOTAS

1. Para una discusión sobre los conceptos de "nación" y "estado nacional", ver Ephraim Nimni, "Marx, Engels and the National Question", Science and Society, 53, 3, 1989: 297-326. Los términos son imprecisos, pero se puede definir "nación" como una comunidad étnico-cultural, que se autoconsidera única y con el derecho de y capacidad para ser independiente. Un "estado nacional" es una nación organizada de manera tal, que las estructuras gubernamentales garantizan la soberanía.

2. Para una elaboración de esta visión, ver René Zavaleta Mercado, "Notas sobre la cuestión nacional en América Latina", en Juan Enrique Vega (compilador), Teoría y política de América Latina, México, Centro de Investigación y Docencia Económica, 1983: 281-289.

3. Instituto Histórico Centroamericano, `The New Education in Nicaragua: An Open Debate", Envío, 22/4/1983: 20.

4. Harry E. Vanden, -rhe Ideology of the Nicaraguan Revolution", Monthly Review, 34,2, 1982: 26.

5. G.K. Chesterton, The Napoleon of Notting Hill, London, World, 1960/1904:26.

6. La figura de Sandino despertó gran interés durante su vida y aún por algunos años después de su muerte. Luego fue borrado de la historia nicaragüense. Fue un argentino, Gregorio Selser, quien reavivó ese interés a fines de 1950 con la publicación de su obra, Sandino, general de hombres libres, Tomos I y II, Buenos Aires, Editorial Triángulo, 1957. Para una discusión general de la historiografía sobre Sandino, ver Steven Palmer, "Carlos Fonseca y la construcción del Sandinismo en Nicaragua", Latín American Research Review, XXIII, 1, 1988:91-109.

7. En 1984 el Departamento de Propaganda y Educación Política del FSLN en Ma- nagua publicó tres libros de Carlos Fonseca sobre Sandino. Ellos son: Ideario político de Augusto César Sandino, Sandino Guerrillero Proletario y Viva Sandino.

8. C. Fonseca, Sandino Guerrillero Proletario, op. cit. p. 33.

9. Ibíd., p.48.

10. Programa Histórico del FSLN, Managua, Departamento de Propaganda y Edu- cación Política del FSLN, 1984: 13ss.

11. Ibíd.

12. Ibíd., p.9.

13. Ibíd., p.12.

14. Ibíd., p.11ss.

15. Para recuentos personales del contacto entre el FSLN y el clero, ver Teófilo Cabestrero, Ministros de Dios, Ministros del Pueblo, Managua, Ministerio de Cultura, 1983.

16. Para un análisis de este proceso, ver Peter Ross y Jim Levy, "Written in Blood: the Sandinismo Movement of Nicaragua", en Christine Jennett and Randal G. Stewart (eds.), Politics of the Future: The Role of Social Movements, Melbourne, Macmillan, 1989: 404-428.

17. Para citar sólo a algunos, Instituto de Estudio del Sandinismo, El sandinismo: documentos básicos, Managua, Editorial Nueva Nicaragua, 1983; José B. Escobar, Ideario Sandinista, Managua, Departamento de Propaganda y Educación Política del FSLN, 1984; Edelbert Torres Espinosa, Sandino y sus pares, Managua, Editorial Nueva Nicaragua, 1983; Eduardo Pérez Valle, El asesino de Sandino, Managua, Ministerio de Cultura, 1986; Jorge Eduardo Arellano, Lecciones de Sandino, Managua, Distribuidora Cultural, 1983. La colección de los escritos de Sandino por Sergio Ramírez, El pensamiento vivo de Sandino, San José, Costa Rica, Educa, 1974, fue también reeditado y ampliamente difundido.

18. Harry E. Vanden, "Ideology of the Revolution", en Thomas W. Walker (ed.), Nicaragua in Revolution, New York, Praeger, 1982: 57ss.

19. Jaime Wheelock Roman, El gran desafío, Managua, Editorial Nueva Nicaragua, 1983:110.

20. Para un análisis de la crisis de la política de formación y producción culturales durante los años del sandinismo, ver Peter Ross, "Cultural policy in a transitional society: Nicaragua 1979-89", Third World Quarterly, 12,2, 1990: 110-129.

21. El conflicto entre los sandinistas y los misquitos ha generado una enorme cantidad de literatura. De interés particular sobre la cuestión de la nación-estado es CIDCA, Ethnic Groups and the Nation State: The Case of the Atlantic Coast of Nicaragua, Stockholm, University of Stockholm, Department. of Social Anthropology, 1987.

22. Programa Histórico del FSLN, op. cit., p. 12ss.

23. Corte Suprema de Justicia, Texto de la Constitución, Managua, 1986: título I, artículos 1-5. 24. Daniel Ortega Saavedra, Sandino, Presidente eterno de Nicaragua, Managua, Dirección de Información y Prensa de la Presidencia de la República, 1985: 7ss.